sábado, 22 de mayo de 2021

Comentario a las lecturas del Domingo de Pentecostés (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia

 Comentario a las lecturas del Domingo de Pentecostés (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

Domingo, 23 de mayo de 2021
PENTECOSTÉS (Ciclo B)
La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. (Evangelii Gaudium – Papa Francisco)
La alegría es buena y necesaria, pero no deja de ser un sentimiento de placer producido por sucesos favorables que se manifiestan a través de un buen estado de ánimo, la satisfacción y la tendencia a la risa o la sonrisa.
En el evangelio de este domingo: Juan 20,19-23 “… los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. …”
Pero Jesús no se conforma con ser motivo de una alegría que se produce por el hecho de que le vean, de que todo va bien, y que tienda a desvanecerse cuando dejen de verle y las cosas no sean tan favorables. Él quiere ser la alegría de los suyos “SIEMPRE”, en los buenos y en los malos momentos. Y para que siempre puedan hacer renacer esa alegría que nace por el encuentro con Él: “sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.”
El Señor es consciente de la humanidad de sus discípulos, de que la gran tarea que ahora les encomienda no puede depender solo de ellos, de sus altibajos emocionales ni de sus fuerzas. Necesitan el Espíritu y la fuerza que a Él mismo le ha conducido a poder realizarla: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Jesús (Emanuel), Dios con nosotros, por el Espíritu Santo ahora es Dios en nosotros. El Espíritu de Dios daba testimonio a sus espíritus de que eran sus hijos. Dios producía en ellos el querer y el hacer, por su buena voluntad. Lo hacían todo sin murmuraciones ni discusiones, sin rivalidades ministeriales o ideológicas. Basados en el amor de Jesús por ellos y permaneciendo en ese amor, el Espíritu los llevaba a la comunión y la verdadera adoración en Espíritu y Verdad, y su fe era confirmada con la demostración del poder de Dios.
De ser solo llenos de alegría por ver a Jesús, el día de Pentecostés fueron llenos de Él. El Espíritu del Padre y del Hijo, el viento de Dios siempre presente y activo cuando Dios crea o actúa, llenó la casa, posándose y llenando a cada uno de ellos. Así, llenos de Dios, quién todo lo llena, ya no quedaba espacio para los miedos, las inseguridades o los intereses, ni para grandes ideas o decisiones éticas. Sólo Dios les bastaba, era el todo en todos. El gozo del Señor era su fortaleza, y con esta fuerza y alegría renovadas, salieron de su individualismo y fueron al encuentro de los demás, sabiendo afrontar las múltiples realidades existenciales de la humanidad que les rodeaba.
Y es que: “2. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.
(Por eso) 3. Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. *No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el
Señor» ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!”* (EG)
Preguntándome ¿de qué o quién estoy lleno? Os deseo una ¡Feliz semana!
Joan Palero
Puede ser una imagen de bebida, masa de agua y texto

6

No hay comentarios:

Publicar un comentario