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viernes, 2 de abril de 2021

La Cruz se Mueve

 Puede ser un dibujo animado de texto que dice "odo"

LA CRUZ SE MUEVE

¿Os habéis fijado que en Cuaresma y Semana Santa la Cruz se mueve?
Durante casi todo el año parece muy quieta, o más bien la tenemos algo atada.
No solo está clavado Jesús sino que clavamos, anclamos, la cruz para que no se mueva.
Y es que la Cruz puede resultar incómoda, molesta, y por eso la hemos convertido en un adorno, en un mueble.
Hace años se oía decir a alguna persona aquello de “que guapo que está Jesús en la Cruz”.
Pese a ser hijo de andaluz, nunca me ha cuadrado esa frase... pero la verdad es que a día de hoy ya se oye poco.
Pero sí que se mantiene esa dinámica mega estética: “vamos a organizar una adoración... ¿cómo la iluminamos? ¿cuántos focos tenemos? Jueguemos con las sombras...
Pero, eso sí, Jesús estate quieto, no te muevas que no saldras favorecido...
Y si no, la reducimos a un símbolo: ¡qué bien se está!, “hagamos tres tiendas...”.
Sobre todo, Jesús, recuerda, estate quieto y no nos compliques la vida.
Hemos convertido la Cruz en un sustantivo de esos que a priori señalan “lo que es” pero que acaba quedándose en conformarse con “lo que está”.
Pero Jesús es verbo, no sustantivo. Y desea hacer de la Cruz también verbo.
Por eso, la Cruz se mueve. Lleva casi 2000 años moviéndose por la historia, entre los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares.
La Cruz se mueve y sorprende, es locura y necedad, es paradoja.
Sorprende porque habla: Padre perdónales porque... es amor y perdón
Nos pregunta cuánto tiempo más seguiremos crucificando a otros Cristos: Hambre, guerras, racismo, soledad, persecución, abortos, eutanasia…
Sorprende porque llega como ariete que se clava en nuestro gran globo. Para deshincharnos y que encontremos lo que tenemos en el interior: un alma de Dios y para Dios.
¿Podemos percibir ese movimiento como un estorbo?
Imaginemos que estando en el agua ahogándome… desde el barco me tiran un flotador para salvarme ¿Me quejaré?
La Cruz se mueve, se me acerca, para salvarme.
Me he de agarrar a ella, me he de subir a ella.
Como Dimas, que se subió a última hora. Como María, que se subió desde la primera hora. Como Pedro, que se subió en la “recuperación de septiembre”.
En cambio, la Cruz para Judas fue mercancía en venta...
La Cruz te quiere transformar, se mueve porque quiere entrar en ti.
No podemos quedarnos con qué bonita fue la Misa, la homilía... se agradece pero... es mucho mejor “la Misa, incluso la homilía, me ha tocado, me ha incomodado, ¡me transforma!
Jesús hoy se mueve, pasa por tu lado y te dice súbete.
Pero este año no la podemos tocar y besar... no te equivoques, es la Cruz la que te toca a ti. Deja, pues, que ella te toque a ti, que te acaricie y te aguijonee.
Si quieres, cuando llegues a casa, coge tu cruz y abrázate a ella.
Pero no solo me refiero a la imagen de la Cruz. Súbete a tu Cruz: acepta tu Cruz, déjate transformar por ella: ese problema, esa enfermedad, tanto esfuerzo y cansancio...
Quizá no oigas aplausos: los crucificados tienen las manos clavadas.
En cambio, con sus brazos extendidos te ofrecen su corazón. Jesús desde la Cruz te ofrece su corazón.
Y al ejemplo de Jesús, aceptemos que para mañana ser resucitados, hoy debemos aceptar ser crucificados.
Las creencias son sustantivo, la experiencia de la fe, creer es verbo.
La Cruz se mueve... para mover nuestros corazones de la indiferencia.
La Cruz se mueve, súbete a ella.
Quique Fernández, diácono
Homilía del Viernes Santo de 2021

jueves, 18 de febrero de 2021

Desde Roma (Pau Manent Bistué)

DESDE ROMA
 
Pau Manent Bistué es un seminarista de la Archidiócesis de Barcelona que se encuentra en Roma, ampliando estudios en Teología Fundamental en la Pontificia Universidad Gregoriana.
 
Desde EAB lo conocemos bien ya que hemos compartido muchas ilusiones y esfuerzos: formó parte unos años, antes de su ingreso en el Seminario de Barcelona, del grupo "Cinco panes y dos peces", unos de los grupos fundadores de EAB. Y en los años de seminarista ha colaborado en el grupo "5+2 junior", especialmente los veranos, en la actividad "Estiu junior".
Pau acaba de abrir una web (http://paumanent.es) con reflexiones y meditaciones cristianas. Desde EAB compartiremos algunas de estas magníficas aportaciones en nuestra web y nuestro facebook.
Estamos seguros que ésta de hoy, en el inicio de la Cuaresma, con el sentido del rito de la ceniza, y con la triple propuesta de la Iglesia para este tiempo (oración, ayuno y limosna), os va a resultar interesante y muy clarificadora.
Muchas gracias Pau por permitirnos sumar tu aportación "desde Roma" a nuestro servicio "con Roma".
MIRAD, ESTAMOS SUBIENDO A JERUSALÉN (Mt 20, 18)
Este miércoles 17 de febrero vamos a empezar un tiempo especial en la Iglesia, el tiempo de la Cuaresma. En este tiempo todos los hombres y mujeres son llamados a la conversión de sus vidas a fin de acercarse con espíritu renovado a Dios, nuestro amor primero, y a nuestros hermanos en la fe, que son el cuerpo de Cristo. Por eso expresa la liturgia de hoy con un gesto muy bíblico el inicio de este tiempo: la imposición de la ceniza.
Este rito de imposición de la ceniza hoy en día nos puede parecer un rito lejano, vacío de contenido. No obstante, es un símbolo muy fuerte que tiene sus raíces en el pueblo de Israel. Vemos, por ejemplo, que cuando el profeta Jonás llegó a Nínive para anunciar la destrucción de la ciudad si sus ciudadanos no se convertían, el rey decretó un ayuno de toda la población, y los ciudadanos se vistieron de saco y echaron cenizas sobre sus cabezas en símbolo de penitencia.
También, en tiempos del rey Asuero el pueblo de Israel sufría persecución a causa de su fe. La reina Ester tuvo que pedir el indulto del pueblo de Israel, y para que su súplica fuese escuchada se preparó durante tres días con ayunos y oraciones, se quitó sus vestidos reales para vestirse de saco, y dejó de
peinarse para echar ceniza sobre su cabeza.
Existen muchos otros casos en la Biblia dónde se nos recuerda este gesto penitente, pero me gustaría destacar por último el caso del justo Job. Job era declarado un hombre justo, es decir, sin pecado, un recto observante de la ley. Pero tras las desgracias que le acontecieron como prueba (la muerte de sus hijos, la pérdida de todas sus haciendas y la pérdida de la salud corporal, dando lugar a llagas por toda la superficie de su piel), el justo Job, afligido, se sentó en la puerta de su casa con la cabeza rapada, ceniza sobre su testa, y vestido de saco. Él, que según las escrituras no necesitaba convertirse, también realizó un recorrido penitencial para inquirir en su interior todos aquéllos apegos de los que debía liberarse y así amar más plenamente al Señor de la Vida. Y Dios se lo recompensó con una vida feliz.
Hoy, cuándo se nos imponga la ceniza sobre nuestra cabeza (sí, sobre nuestra cabeza y no en la frente como hemos venido haciendo en estos últimos años; la última instrucción de la Congregación del Culto Divino pide que se imponga la ceniza sin tocar a los fieles –por el Covid19-, y en la cabeza), debemos tener en cuenta que estaremos entrando en el orden penitencial, en un momento de preparación intensa dónde deberemos reconducir nuestras vidas hacia Dios, reconducir nuestro comportamiento de muertos hacia un comportamiento de vivos.
Para ello la Iglesia nos propone tres prácticas: el ayuno, la oración y la limosna. La oración, como decía santa Teresa de Ávila, es el diálogo amical con aquél que más nos ama. No debemos tenerle miedo a la oración pensando que es una pérdida de tiempo, un espacio vacío y aburrido donde no pasa nada… al contrario, la oración es el lugar privilegiado donde nosotros podemos tener una cita con el Señor, con aquél que primero nos ha amado. Si de verdad queremos convertir nuestras vidas hacia Dios, debemos mirar a Dios de frente, pedir la gracia de la conversión, restablecer los vínculos de amistad con Él. Del mismo modo que una pareja de enamorados no puede pasar ni 24 horas sin llamarse; ¿cómo podremos nosotros dejar pasar días y días sin dirigirle ni siquiera una mirada al Señor? ¿Sin escuchar su palabra? ¿Sin saludarlo en ningún momento del día? El Señor te ama y te llama, ¿vas de descolgar el teléfono y a hablar con Él?
Por otro lado, nuestra conversión debe pasar a través de la reconciliación con la Iglesia, el pueblo de Dios. Por eso se proponen las otras dos prácticas, el ayuno y la limosna. El ayuno es la práctica que nos acerca al sufrimiento de los que no tienen nada, de los echados y despreciados de esta sociedad. Debemos quitar de nuestro corazón todo aquello que lo llena de cosas banales y que lo adormecen: comilonas desmedidas, sexualidad descontrolada, ociosidad, amor al dinero… y muchos otros apegos; cada cuál piense cuáles son los suyos. No podemos reducir el ayuno a dos días al año en el que reducimos de forma más o menos fraudulenta la comida; el ayuno que quiere Dios es el ayuno del corazón, y éste de debe de practicar cada día, y más especialmente durante esta cuarentena. Además, un ayuno bien hecho nos ayudará a conocer mejor nuestros apegos, nos podrá en tensión y nos ayudará a limpiarlos, de manera que al final de este periodo tendremos una versión más sana de nosotros mismos.
Finalmente, la limosna, con la cuál hacemos partícipes al pueblo de Dios de nuestras riquezas. No se trata de dar mucho dinero, ni de dar aquello que nos sobra, sino de darnos a nosotros mismo como oblación para satisfacer el daño de nuestros pecados, hacernos copartícipes de la pasión de Cristo. Da tu tiempo en un voluntariado, ayuda a los vecinos de la escalera que necesitan salir a la calle a dar un paseo, llama a tus personas queridas que se encuentran lejos… haz tuyos el dolor de los otros a fin que Cristo haga suyos tus dolores: así Cristo será todo en todos mientras construimos el reino de Dios.
Al final de esta cuaresma la sociedad debe recibir una versión mejorada de nosotros mismos, una versión mejorada que ha sido posible por la gracia de Dios que actúa en nosotros. El Reino de Dios ya ha plantado su semilla en nuestros corazones, ¿la vas a regar?
 

Pau Manent

jueves, 11 de febrero de 2021

Reflexión. Nuevos Tiempos nuevas soluciones

NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS SOLUCIONES
Uno de los grandes errores que los seres humanos, entre los que los cristianos no son este caso una excepción, es intentar "plantar tres tiendas" en la zona de confort donde se disfruta, al menos aparentemente, de seguridad y comodidad.
El principio básico y repetido mil veces es "si algo funciona, no lo toques". Pero aunque la letra parece resultona, en realidad a menudo la melodía desafina.
Pongamos como ejemplo un equipo de futbol. Si nos regodeamos en el éxito y nos convencemos que siempre será así, pero no acometemos las reformas necesarias... la edad de la plantilla irá subiendo cada año e, inexorablemente, aquellos buenísimos jugadores, que ganaron tantos títulos y eran los mejores, llegarán a los cuarenta y... el tortazo está asegurado.
El fenómeno "hagamos tres tiendas" en materia pastoral se plasma en derivadas como "siempre lo hemos hecho así" o "yo soy así, no puedo cambiar". Y, a la vez, en olvidar que debemos ser vidas en continua conversión e Iglesia en permanente reforma.
Si la Iglesia es el Pueblo de Dios que camina por la historia, un Pueblo en marcha hacia la Tierra prometida, y por ello vamos a recorrer en nuestro camino diferentes paisajes, concretados en diferentes épocas, lugares, culturas y, además, en convivencia con diferentes cosmovisiones, religiones, ideologías... si eso es así, ¿es sensato pretender cruzar el desierto en barco o el mar en moto?
Espero estar explicándome bien. Lo que desearía explicar es que, tal como dice el Mensaje final del Concilio Vaticano II a los jóvenes, "Cristo es eternamente joven" y, por extensión, la Iglesia debe mantener una respiración renovada. No podemos ser, en ningún modo, los anclados que no permiten que el soplo del Espíritu les mueva.
Aclaro: la renovación de la que hablo no pretende mercadear con la verdad. Desde Escuela de Animación Bíblica nos sentimos estrechamente unidos en comunión a Jesucristo por medio de su Iglesia y sus pastores. Siempre, insisto siempre, se nos va a encontrar dispuestos a colaborar con nuestros obispos y con tantas buenas iniciativas de Iglesia con las que convergemos en temática, en diócesis, en fraternidad.
A día de hoy participamos o colaboramos de la Associació Bíblica de Catalunya, Secretariado de Catequesis del Arzobispado de Barcelona, Catalunya Cristiana, Radio Estel, Ayuda a la Iglesia Necesitada, Familia Paulina, Misioneros Combonianos, Miracle Sound Radio... la lista es aun más larga y se merece que le dediquemos algún artículo a estas colaboraciones.
Así pues, nuestras diócesis, la Iglesia perseguida o la defensa de toda vida humana, siempre contarán con nosotros. Aunque también deseamos señalar que con la misma intensidad que defendemos la verdad lo pensamos hacer desde el diálogo y la misericordia.
De lo que sí desearíamos alejarnos es del inmovilismo que pretende atar las manos del Papa para que él pueda cumplir el encargo de Jesús de pastorear a la Iglesia "atando y desatando".
Estamos en una época de encrucijada, de cambios necesarios de sistemas, pero que corre el riesgo de cambiar los principios o de no cambiar los corazones.
En este escenario, o más bien en este cambio de escenario, aparece la oportunidad de responder con nuevas soluciones, que nos despiertan dudas e inseguridades. Me refiero, por ejemplo, a cómo acometer la reforma que nos ha suscitado la situación pandémica con sus consecuentes restricciones de presencialidad.
Éramos una comunidad casi completamente presencial. Y eso era bueno. Nuestra presencialidad "casa" con la voluntad de presencialidad de Dios que se ha quedado entre nosotros en Jesús Eucaristía. Pero las restricciones en movilidad y la necesidad de distancia social nos ha llevado a explorar unos nuevos medios. Y aunque no deben sustituir al encuentro presencial sí que podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que han llegado para quedarse.
Para quedarse... de cómo se queden entre nosotros, del uso que hagamos de ellos, dependerá que sean problema o solución. Un cuchillo puede servir para cortar el pan que se comparte o para acuchillar a alguien, por tanto su bondad depende no del cuchillo sino de la persona que lo usa y del uso que le dé.
Todo esto viene a cuento de que inevitablemente debemos preguntarnos todos, también Escuela de Animación Bíblica, si el modelo casi presencial que teníamos hasta hace casi un año, se puede mantener y si da respuesta, si es solución, en el escenario que hoy vivimos, en el paisaje que ahora recorremos.
En un próximo artículo concretaremos qué hemos mantenido, aun con dificultados, qué hemos dejado de hacer (algo de ello por qué se nos ha escapado y lo hemos perdido) y qué posibilidades se nos presentan en un futuro bien próximo.
No deseaba reflexionar en esas nuevas propuestas sin antes hacerlo sobre en qué paso del camino nos encontramos. Jesús y María nos llevan de su mano, esa es nuestra esperanza.
 

 
Quique Fernández
Coordinador de Escuela de Animación Bíblica