Mostrando entradas con la etiqueta Javier Velasco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Velasco. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de octubre de 2023

Javier Velasco V aniversario




 Apasionado de la Palabra

Apasionado de la Palabra


​El 15 de octubre de 2018 falleció Javier Velasco-Arias, a la edad de 62

años. Esposo, padre y abuelo de siete nietos, estos eran, y así lo

expresaba siempre, sus títulos más preciados. Era un hombre muy

familiar. Si a la familia le hablaba a menudo de la Biblia y de sus

actividades bíblicas, también en estas actividades hablaba muy a

menudo de su familia. Familia y Biblia eran sus dos pasiones.

Javier era licenciado en Teología Bíblica, profesor del ISCREB,

miembro de la Asociación Bíblica Española, coordinador del Seminario

Biblia y Pastoral, miembro de la Junta Directiva de la Asociación

Bíblica de Cataluña, coordinador del Secretariado de Animación

Bíblica de la Pastoral de la diócesis de Sant Feliu, cofundador y co-

coordinador de la Escuela de Animación Bíblica, miembro del Club

Fordis de Cornellà, autor de varias publicaciones y blogs digitales.

Natural de Medina del Campo (Valladolid), amaba enormemente

Cataluña, en la que residía desde 1967. Y a la vez vivía mirando hacia

todo el orbe, de manera especial a aquellos lugares del paisaje biblico: Había guiado varias peregrinaciones a Tierra Santa, a la Roma de los primeros cristianos   


Era un hombre culto, gran conocedor de la Palabra de Dios y, a la vez,


sencillo, lo que propició poner todo su vasto conocimiento bíblico al

servicio del pueblo. No se trataba solo de saber, sino de compartir.

Realmente no eran los conocimientos lo más importante, sino que

esos conocimientos reafirmaron su fe, el seguimiento de Jesús de

Nazaret y su generosa participación en la Iglesia desde la animación

bíblica de la pastoral.

Era un hombre fraterno, amable, acogedor, bien dispuesto a la larga

sobremesa, a la risa y las bromas, a cantar… Especialmente de risa

generosa, la compartía junto a la Palabra en todas sus conferencias,

charlas, cursos o clases.

Siendo como era muy consciente de su enfermedad crónica, era un

vitalista incansable de su labor de animación bíblica. Dos días antes

había presentado y moderado un fórum sobre la película Pablo, el

apóstol de Cristo, en Librería Paulinas de Barcelona, donde tantas

veces había participado de actos bíblicos y presentaciones de libros.

En la misa exequial presidida por Mons. Agustí Cortés se proclamó el

evangelio de Lucas: el pasaje de los discípulos de Emaús. Javier hizo

camino con Jesús, de Él escucho su Palabra y compartió su Eucaristía,

y después salió raudo y bien dispuesto a compartir con la comunidad de creyentes.

(Quique Fernández: Rosarium, Meditaciones Bíblicas)


Apasionado de la Palabra


​El 15 de octubre de 2018 falleció Javier Velasco-Arias, a la edad de 62

años. Esposo, padre y abuelo de siete nietos, estos eran, y así lo

expresaba siempre, sus títulos más preciados. Era un hombre muy

familiar. Si a la familia le hablaba a menudo de la Biblia y de sus

actividades bíblicas, también en estas actividades hablaba muy a

menudo de su familia. Familia y Biblia eran sus dos pasiones.

Javier era licenciado en Teología Bíblica, profesor del ISCREB,

miembro de la Asociación Bíblica Española, coordinador del Seminario

Biblia y Pastoral, miembro de la Junta Directiva de la Asociación

Bíblica de Cataluña, coordinador del Secretariado de Animación

Bíblica de la Pastoral de la diócesis de Sant Feliu, cofundador y co-

coordinador de la Escuela de Animación Bíblica, miembro del Club

Fordis de Cornellà, autor de varias publicaciones y blogs digitales.

Natural de Medina del Campo (Valladolid), amaba enormemente

Cataluña, en la que residía desde 1967. Y a la vez vivía mirando hacia

todo el orbe, de manera especial a aquellos lugares del paisaje biblico: Había guiado varias peregrinaciones a Tierra Santa, a la Roma de los primeros cristianos   


Era un hombre culto, gran conocedor de la Palabra de Dios y, a la vez,


sencillo, lo que propició poner todo su vasto conocimiento bíblico al

servicio del pueblo. No se trataba solo de saber, sino de compartir.

Realmente no eran los conocimientos lo más importante, sino que

esos conocimientos reafirmaron su fe, el seguimiento de Jesús de

Nazaret y su generosa participación en la Iglesia desde la animación

bíblica de la pastoral.

Era un hombre fraterno, amable, acogedor, bien dispuesto a la larga

sobremesa, a la risa y las bromas, a cantar… Especialmente de risa

generosa, la compartía junto a la Palabra en todas sus conferencias,

charlas, cursos o clases.

Siendo como era muy consciente de su enfermedad crónica, era un

vitalista incansable de su labor de animación bíblica. Dos días antes

había presentado y moderado un fórum sobre la película Pablo, el

apóstol de Cristo, en Librería Paulinas de Barcelona, donde tantas

veces había participado de actos bíblicos y presentaciones de libros.

En la misa exequial presidida por Mons. Agustí Cortés se proclamó el

evangelio de Lucas: el pasaje de los discípulos de Emaús. Javier hizo

camino con Jesús, de Él escucho su Palabra y compartió su Eucaristía,

y después salió raudo y bien dispuesto a compartir con la comunidad de creyentes.

(Quique Fernández: Rosarium, Meditaciones Bíblicas)


​El 15 de octubre de 2018 falleció Javier Velasco-Arias, a la edad de 62

años. Esposo, padre y abuelo de siete nietos, estos eran, y así lo

expresaba siempre, sus títulos más preciados. Era un hombre muy

familiar. Si a la familia le hablaba a menudo de la Biblia y de sus

actividades bíblicas, también en estas actividades hablaba muy a

menudo de su familia. Familia y Biblia eran sus dos pasiones.

Javier era licenciado en Teología Bíblica, profesor del ISCREB,

miembro de la Asociación Bíblica Española, coordinador del Seminario

Biblia y Pastoral, miembro de la Junta Directiva de la Asociación

Bíblica de Cataluña, coordinador del Secretariado de Animación

Bíblica de la Pastoral de la diócesis de Sant Feliu, cofundador y co-

coordinador de la Escuela de Animación Bíblica, miembro del Club

Fordis de Cornellà, autor de varias publicaciones y blogs digitales.

Natural de Medina del Campo (Valladolid), amaba enormemente

Cataluña, en la que residía desde 1967. Y a la vez vivía mirando hacia

todo el orbe, de manera especial a aquellos lugares del paisaje biblico: Había guiado varias peregrinaciones a Tierra Santa, a la Roma de los primeros cristianos   


Era un hombre culto, gran conocedor de la Palabra de Dios y, a la vez,


sencillo, lo que propició poner todo su vasto conocimiento bíblico al

servicio del pueblo. No se trataba solo de saber, sino de compartir.

Realmente no eran los conocimientos lo más importante, sino que

esos conocimientos reafirmaron su fe, el seguimiento de Jesús de

Nazaret y su generosa participación en la Iglesia desde la animación

bíblica de la pastoral.

Era un hombre fraterno, amable, acogedor, bien dispuesto a la larga

sobremesa, a la risa y las bromas, a cantar… Especialmente de risa

generosa, la compartía junto a la Palabra en todas sus conferencias,

charlas, cursos o clases.

Siendo como era muy consciente de su enfermedad crónica, era un

vitalista incansable de su labor de animación bíblica. Dos días antes

había presentado y moderado un fórum sobre la película Pablo, el

apóstol de Cristo, en Librería Paulinas de Barcelona, donde tantas

veces había participado de actos bíblicos y presentaciones de libros.

En la misa exequial presidida por Mons. Agustí Cortés se proclamó el

evangelio de Lucas: el pasaje de los discípulos de Emaús. Javier hizo

camino con Jesús, de Él escucho su Palabra y compartió su Eucaristía,

y después salió raudo y bien dispuesto a compartir con la comunidad de creyentes.

(Quique Fernández: Rosarium, Meditaciones Bíblicas)


sábado, 25 de septiembre de 2021

CONCEPTO BÍBLICO DE LO SAGRADO (II) LUGARES SAGRADOS ANTERIORES AL TEMPLO DE JERUSALÉN: SANTUARIOS Y TABERNÁCULO

 CONCEPTO BÍBLICO DE LO SAGRADO (II)

LUGARES SAGRADOS ANTERIORES AL TEMPLO DE JERUSALÉN: SANTUARIOS Y TABERNÁCULO
Javier Velasco-Arias
Los montes, especialmente, se convertirán en espacios sagrados por excelencia. La montaña es signo de la presencia de Dios: Horeb, Sinaí, Nebo, Carmelo, etc. son lugares desde donde Dios se manifiesta.
Nos puede servir de ejemplo, la montaña del Sinaí, donde Moisés recibe las Tablas de la Alianza y encontramos una de las teofanías más importantes del Antiguo Testamento:
El monte Sinaí, donde Yahvé se hace presente ante su pueblo Israel: «al tercer día el Señor descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí» (Ex 19,11); donde manifiesta a Moisés cual es su voluntad para su pueblo: «Y cuando terminó de hablar con Moisés sobre el monte Sinaí, le dio las dos tablas del testimonio, tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios» (Ex 31,18). Una voluntad que busca el bien, la prosperidad, la felicidad de su pueblo. Dios hace una Alianza con Israel, un pacto de fidelidad. La montaña del Sinaí será siempre signo de la presencia de Dios, de su santidad, de su trascendencia, de la Alianza siempre fiel con su pueblo.
(Javier Velasco-Arias, «La montaña, signo de la presencia de Dios». Catalunya Cristiana 1194 [2002] 3).
Aunque la presencia de Dios se hace presente, en un primer momento, en cualquier lugar, ya que Dios no está condicionado por ningún espacio sagrado en la Tierra Lugares que después se convertirán en santuarios.
Así dice el Señor: El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme o qué lugar para mi descanso? (Is 66,1).
Aunque la persona religiosa necesita un espacio físico, donde entrar en contacto con la divinidad:
10 Jacob salió de Berseba y se dirigió a Jarán.
11 Acertó a llegar a un lugar; y como se había puesto el sol, se quedó allí a pasar la noche. Tomó una piedra del lugar, se la puso como almohada y se acostó en aquel lugar.
12 Tuvo un sueño: una rampa, plantada en tierra, tocaba con el extremo el cielo. Mensajeros de Dios subían y bajaban por ella.
13 El Señor estaba en pie sobre ella y dijo: Yo soy el Señor, Dios de Abrahán tu padre y Dios de Isaac. La tierra en que yaces te la daré a ti y a tu descendencia.
14 Tu descendencia será como el polvo de la tierra; te extenderás a occidente y oriente, al norte y al sur. Por ti y por tu descendencia todos los pueblos del mundo serán benditos.
15 Yo estoy contigo, te acompañaré adonde vayas, te haré volver a este país y no te abandonaré hasta cumplirte cuanto te he prometido.
16 Despertó Jacob del sueño y dijo: Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía.
17 Y añadió aterrorizado: ¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que Casa de Dios y Puerta del Cielo.
18 Jacob se levantó de mañana, tomó la piedra que le había servido de almohada, la colocó a modo de estela y derramó aceite en la punta.
19 Y llamó al lugar Casa de Dios la ciudad se llamaba antes Luz
(Gn 28,10-19).
Este lugar dará posteriormente lugar a uno de los santuarios más importantes del Reino del Norte: Bet-El o Casa de Dios.
Será la época del desierto, después de la experiencia del Éxodo cuando el espacio sagrado de la manifestación de Dios lo encontraremos en la Tienda del Encuentro o Tabernáculo: una especie de Jaima transportable, donde se guardaba el Arca de la Alianza con las Tablas del Decálogo y desde donde el Señor hablaba con el pueblo, a través de Moisés, primeramente, y después de sus sucesores.
El Tabernáculo del desierto era un santuario portátil y desarmable, adaptado a los desplazamientos del período nómada de Israel. (Adolfo D. Roitman, Del Tabernáculo al Templo. Sobre el espacio sagrado en el judaísmo antiguo, Estella: Verbo Divino 2016, p. 42).
En él se manifestaba la gloria (כָּבוֹד) de Dios: su presencia gloriosa se hacia presente en medio de su pueblo.
Entonces la nube cubrió la tienda del encuentro, y la Gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no pudo entrar en la tienda del encuentro, porque la nube se había apostado sobre ella y la Gloria del Señor llenaba el santuario. (Ex 40,34-35).
Javier Velasco-Arias
(publicado en el blog "Biblia y Pastoral el 24 de febrero de 2017)
No hay ninguna descripción de la foto disponible.

lunes, 30 de agosto de 2021

CONCEPTO BÍBLICO DE LO SAGRADO (I)

 CONCEPTO BÍBLICO DE LO SAGRADO (I)

LO SAGRADO EN LA BIBLIA
Javier Velasco-Arias
La fenomenología religiosa busca definir lo «sagrado» en su relación con el hecho religioso, ya que este elemento es el común en toda la historia de las religiones.
Lo sagrado designa, para nosotros, el ámbito en el que se inscriben todos los elementos que componen el hecho religioso, el campo significativo al que pertenecen todos ellos; lo sagrado significa el orden peculiar de realidad en el que se inscriben aquellos elementos: Dios, hombre, actos, objetos, que constituyen las múltiples manifestaciones del hecho religioso (J. Martín Velasco, Introducción a la fenomenología de la religión, Madrid: Cristiandad 1982, pp. 86-87).
Las expresiones santo o sagrado traducen normalmente el término hebreoקָדֹֽשׁ (qadosh) y el griego ἅγιος
Colgarás la cortina de cuatro columnas de madera de acacia revestidas de oro y provistas de escarpias y de cuatro basas de plata. La colgarás debajo de los corchetes, y detrás de ella colocarás el arca de la alianza. La cortina separará el Santo del Santísimo. (Ex 26,32).
La raíz de esta palabra hebrea indica «separar», «poner aparte». Aunque no es tan sencillo el saber exactamente a qué se refiere cada vez que encontramos esta expresión en la Biblia. El contexto en el que aparece nos dará pistas de cómo hemos de traducirlo y entenderlo.
Lo que sí está claro es que el «Santo» por antonomasia es Dios. Lo sagrado siempre está relacionado con él.
Yo soy el Señor, vuestro Dios, santificaos y sed santos, porque yo soy santo. (Lv 11,44).
Y clamaban alternándose: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, la tierra está llena de su gloria! (Is 6,3).
Lo impuro es lo contrario a lo santo o lo sagrado. Son dos realidades incompatibles. Todo aquel que ha incurrido en impureza debe ser purificado para participar en el culto, para entrar en contacto con lo sagrado, para relacionarse con Dios.
3 Y clamaban alternándose: ¡Santo, santo, santo, el Señor Todopoderoso, la tierra está llena de su gloria!
4 Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
5 Yo dije: ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor Todopoderoso.
6 Y voló hacia mí uno de los serafines con un ascua en la mano, que había retirado del altar con unas tenazas;
7 la aplicó a mi boca y me dijo: Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.
8 Entonces escuché la voz del Señor, que decía: ¿A quién mandaré?, ¿quién irá de nuestra parte? Contesté: Aquí estoy, mándame.
9 Él replicó: Anda y di a ese pueblo: Oíd con vuestros oídos, pero sin entender; mirad con vuestros ojos, pero sin comprender.
10 Embota el corazón de ese pueblo, endurece su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se convierta y sane.
(Is 6,3-10).
Las cosas, los textos, los tiempos, los espacios, el culto o ritos son sagrados por su relación con la divinidad. Indica que Dios es siempre más, que entrar en su realidad es participar de una realidad diferente.
a) Lo santo o numinoso es majestad, del latín maius, algo que es siempre más grande. En ese sentido, lo santo es lo supremo, aquello que aparece como exceso de ser, como superabundancia o plenitud que desborda todas las posibles concreciones históricas y objetivas. En ese sentido, lo santo es siempre «más», de manera que ante el despliegue de la Majestad surge el pavor, la sensación de pequeñez suprema: el hombre no puede esconderse o resguardarse, nada puede hacer, sino sólo descubrirse criatura, nada, quitarse las sandalias, taparse el rostro, pues no se puede ver a Dios (cf. Ex 3,5; 33,20-23).
b) Lo Santo es energía, es decir, poder originario, que se expresa en forma de fuego o de viento, de inmenso terremoto. Dios viene, todo tiembla, como en el Sinaí (cf. Ex 19,16-22).
(Xabier Pikaza – Abdelmumin Aya, «Santidad», en Diccionario de las tres religiones: Judaísmo, Cristianismo, Islam, Estella: Verbo Divino 2009, p. 1035).
Javier Velasco-Arias
(publicado en el blog "Biblia y Pastoral" el 24 de febrero de 2017)

lunes, 26 de julio de 2021

LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO Javier Velasco-Arias

 LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO

Javier Velasco-Arias
Será en el Nuevo Testamento donde hallaremos los fundamentos para una posterior teología sobre la Trinidad.
La mención del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo no es extraña a los textos neotestamentarios. El final del evangelio de Mateo es uno de los casos más claros, en una formula bautismal: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28,19). Un texto similar, encontramos en el tercer evangelio, en la escena de la Anunciación, con referencias al Espíritu Santo, al Altísimo y al Hijo de Dios: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te envolverá en su sombra; por eso, el que nacerá será santo, será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1,35).
Será en el epistolario paulino donde descubriremos habituales menciones trinitarias: «Existen carismas diversos, pero un mismo Espíritu; existen ministerios diversos, pero un mismo Señor; existen actividades diversas, pero un mismo Dios que ejecuta todo en todos» (1Corintios 12,4-6). Pablo, como buen judío fariseo, no renunciará nunca a su fe en un solo Dios, pero será capaz de utilizar el lenguaje presente en las Escrituras para hablar de la realidad comunitaria que existe en el Dios Uno. Las expresiones Dios (o Padre); Señor (o Hijo); y Espíritu formarán parte de su lenguaje epistolar para hablar de la realidad de Dios y pondrán los cimientos para un desarrollo posterior de la teología de la «Santísima Trinidad». Incluso en el texto más antiguo del Nuevo Testamento, la primera carta a los Tesalonicenses, escrita alredor del año 50 de nuestra era, ya utilizará esta forma de expresarse, donde aparecen Dios Padre, el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo:
Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de Dios Padre y del Señor Jesucristo en Tesalónica: Gracia y paz a vosotros. Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, mencionándoos en nuestras súplicas, recordando vuestra fe activa, vuestro amor solícito y vuestra esperanza perseverante en nuestro Señor Jesucristo ante Dios nuestro Padre.
Nos consta, hermanos queridos de Dios, que habéis sido escogidos; porque, cuando os anunciamos la Buena Noticia, no fue sólo con palabras, sino con la eficacia del Espíritu Santo y con fruto abundante (1Tesalonicenses 1,1-5).
En el evangelio joánico también encontraremos menciones «trinitarias», donde el Padre, el Espíritu Santo o Paráclito y el Hijo son tres realidades diferentes:
El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo, y os recordará cuanto os he dicho yo" (Juan 14,26).
Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí (Juan 15,26).
Y es en este evangelio, junto con el resto de escritos joánicos, donde encontramos la más alta cristología, donde Jesucristo es presentado como el Logos (la Palabra de Dios, con unas características que nos recuerdan la Sabiduría del Antiguo Testamento, pero más): «Al principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios» (Juan 1,1); el Hijo único de Dios: «nosotros contemplamos su gloria, gloria como de Hijo único del Padre» (1,14); «nosotros, en efecto, tenemos comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1Juan 1,3). En donde es reconocido por sus discípulos como Dios: «Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!» (20,28). Todo ello, sin menoscabo de su humanidad.
Los textos se podrían multiplicar, pero con los presentados, pienso que son suficientes para constatar cómo, a pesar de las dificultades teológicas y de lenguaje, los escritores del Nuevo Testamento pusieron los cimientos para una teología posterior sobre la Trinidad divina.
Javier Velasco-Arias
(publicado en el blog "Biblia y Pastoral" el 23 de marzo de 2015)
Enlace a "La Trinidad en el Antiguo Testamento"



No hay ninguna descripción de la foto disponible.

lunes, 28 de junio de 2021

LA TRINIDAD EN LA BIBLIA (Javier Velasco)

 LA TRINIDAD EN LA BIBLIA



Javier Velasco-Arias

LA TRINIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

El credo israelita, la oración del Shema, proclama la unicidad de Dios: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es solo uno» (Deuteronomio 6,4). Es inimaginable para un creyente judío el pensar en Dios de forma plural.

Aunque, posteriormente, el Nuevo Testamento no partirá de cero para poder llegar a hablar del Espíritu Santo o de Jesucristo el Señor.

Con frecuencia nos encontramos con textos que hablan de la Ruaj Elohim (el «Espíritu de Dios»: Génesis 41,38: Éxodo 31,3; Números 24,2; etc.); o Ruaj Yhwh («Espíritu del Señor»: Jueces 3,10; 1Samuel 10,6; Isaías 11,2; etc.). Aunque en la mayoría de ocasiones este Espíritu tiene forma personal, nunca se puede entender, en la Biblia Hebrea, como una realidad distinta del Dios indivisible. Pero el lenguaje, la expresión, el concepto, cuando lo encontremos en el Nuevo Testamento, no es nuevo. Sólo hará falta desarrollarlo.

Desde otra perspectiva, habitualmente, sobre todo a partir del período post-exílico, el nombre de Dios, Yhwh, es sustituido por la expresión Adonay («Señor»), en la lectura pública de las Escrituras y, también posteriormente, en las traducciones, comenzando por la LXX (primera traducción del texto hebreo al griego, s. III-I a.C.) es cambiado por Kyrios («Señor»). Esta denominación de Dios como el Señor daré mucho juego, posteriormente, en los diferentes autores del Nuevo Testamento.

Mención aparte es la Sabiduría, como atributo de Dios y de la que todo ser humano está llamado a participar. En diversas ocasiones la Sabiduría es vista de una forma personalizada, de una manera especial en los textos sapienciales más tardíos. Algunas de las afirmaciones que posteriormente encontraremos aplicados a Jesucristo, antes se utilizaron, en el Antiguo Testamento, para describir a la Sabiduría: «Antes que todas las cosas fue creada la Sabiduría, y la inteligencia prudente existe desde la eternidad» (Sirácida 1,4); «la Sabiduría abrió la boca de los mudos, e hizo elocuentes las lenguas de los niños de pecho» (Sabiduría 10,21); etc.

LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO

Javier Velasco-Arias

(publicado en el blog "Biblia y Pastoral" el 23 de marzo de 2015)

martes, 1 de junio de 2021

EL ESPÍRITU SANTO NO ES UNA PALOMA

 EL ESPÍRITU SANTO NO ES UNA PALOMA



Javier Velasco-Arias

Muchos pensarán que el título del artículo es una obviedad. Pero no es difícil comprobar que la mayoría de las representaciones artísticas de la tercera persona de la Trinidad en el Cristianismo son de la imagen de una paloma. Y probad a consultar «Espíritu Santo» en «Google imágenes» y constataréis una realidad similar.
No podemos confundir la imagen con la realidad, de aquí el título del artículo. Y máxime cuando todas las imágenes son imperfectas, aproximaciones, analogías…, que distan mucho de lo que realmente representan.
Las imágenes, los nombres, las comparaciones con las que encontramos las diversas aproximaciones a la figura del Espíritu Santo tanto en la Biblia Hebrea como en el Nuevo Testamento son varias.
- La ruaj
El término hebreo ruaj seguramente es uno de los más antiguos para referirse al Espíritu de Dios. Es una expresión cuyo significado es aliento, respiración, viento, brisa, espíritu…
No siempre es fácil determinar a qué acepción se refieren los textos. El contexto ayuda, pero en alguna ocasión presentan cierta dificultad, sobre todo cuando no van acompañados de un complemento o un calificativo: «Espíritu del Señor»; «Espíritu de Dios»; «Espíritu santo», etc. no presentan dudas sobre su sentido. Tampoco cuando hablan de la «brisa del día» (Gn 3,8), o «todo ser que respira» (Gn 6,17). Un caso en el que no se ponen de acuerdo los traductores, por ejemplo, es en el inicio de la narración de la Creación: «un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas» (Gn 1,2: BJ); «el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas» (Gn 1,2: PER); mientras que la mayoría optan por traducir: «el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas» (Gn 1,2: CEE); «l'Esperit de Déu planava sobre les aigües» (Gn 1,2: BCI). Aunque es muy frecuente, en los textos veterotestamentarios, la referencia explícita y clara al Espíritu del Señor o de Dios.
La imagen de aliento, respiración, aire… nos sugiere vida, la vida que nos proporciona la respiración: sin aire no hay existencia. La brisa, el viento, por otro lado, es una realidad sutil, invisible, aunque experimentable y en algunas ocasiones de una forma intensa (ej.: viento huracanado). Todo ello se convertirá en imagen del Espíritu santo. El Espíritu de Dios, el Espíritu santo es vida, es una presencia inmaterial, actúa sin que muchas veces percibamos su manifestación, actúa con la fuerza de Dios… El Espíritu Santo es ruaj, pero sobrepasa ese contexto, es mucho más, pertenece a la realidad insondable, transcendente de Dios.
- El fuego
La imagen del fuego aplicada al Espíritu Santo la encontramos de una manera especial en el Nuevo Testamento, aunque tiene, lógicamente, sus antecedentes en el Antiguo.
Dios se manifiesta a Moisés en una zarza ardiendo: «Se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego, en medio de una zarza» (Ex 3,2). Acompaña a los israelitas por el desierto en forma de columna de nube y de fuego y los protege y guía: «El Señor iba delante de ellos: de día en columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en columna de fuego, para alumbrarlos, a fin de que pudieran caminar de día y de noche».(Ex 13,21). El Dios de Israel es fuego devorador: «Porque el Señor, tu Dios, es fuego devorador, Dios celoso» (Dt 4,24). Podríamos multiplicar los ejemplos, pero los citados creo que son suficientes.
Ya en el Nuevo Testamento, la imagen del fuego aplicada al Espíritu Santo es más clara: «el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y ni siquiera soy digno de llevarle las sandalias; él os bautizará con Espíritu Santo y fuego» (Mt 3,11): el fuego tiene un papel purificador mayor que el agua y esa acción es fruto del Espíritu.
La acción del Espíritu santo en la primera comunidad se manifiesta en forma de lenguas de fuego: «Aparecieron lenguas como de fuego, repartidas y posadas sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les permitía expresarse» (Hch 2,3-4). El símbolo del fuego expresa, con toda su fuerza, la acción de Dios en la comunidad.
El Espíritu de Dios no es fuego, en un sentido real, pero esta imagen posibilita expresar plásticamente el dinamismo de la actuación del Espíritu. El fuego calienta, pero también quema: esta ambivalencia permite subrayar cómo actúa el Espíritu, su poder, su eficacia…
- La paloma
La imagen de la paloma también es recurrente en la Biblia hebrea. La escena más conocida es la de la paloma que va y viene al arca de Noé, y que acaba volviendo con una hoja de olivo (Gn 8,11). Este símbolo ha sido utilizado frecuentemente en la iconografía y no sólo religiosa con el tema de la paz. La «paloma de la paz» de Pablo Ruiz Picasso es conocida universalmente, como símbolo de la tan anhelada paz universal, sobretodo después de la Segunda Guerra mundial.
Los salmos utilizarán también el icono de la paloma, con diversas propuestas de imagen. Será el Cantar de los cantares quien, desde una perspectiva poética, hablará de la paloma como metáfora de la amante, la esposa rebosante de belleza.
En el Nuevo Testamento la imagen la encontraremos en los cuatro evangelios, pero limitada a una sola escena: el bautismo de Jesús. Citaré uno de los evangelistas, ya que es muy similar en los otros tres:
Apenas bautizado Jesús, salió en seguida del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios descender, como una paloma, y venir sobre él (Mt 3,16).
El cuadro escénico es de un gran contenido simbólico. Los cielos están cerrados: no hay comunicación directa de Dios con los seres humanos; Jesús «abrirá» de nuevo los cielos, restablecerá la comunicación de Dios con el ser humano, y esto será posible gracias a la acción del Espíritu santo. Ese Espíritu desciende de unos cielos abiertos, de la misma forma que una paloma desciende de su vuelo, y da testimonio de Jesús.
La alegoría está en la forma de descender, no en la imagen. El Espíritu santo no toma forma de una paloma: eso no lo dice el texto.
Las representaciones artísticas de esta escena (pintura, escultura, relieve, etc.), seguramente influenciadas por otras narraciones del Antiguo Testamento o por una mala lectura del texto, han desdibujado el sentido original del relato bíblico.
- El Espíritu Santo: una realidad transcendente
Las imágenes que encontramos en los textos bíblicos, aunque muy imperfectas, se hacen necesarias para representar en nuestra imaginación unas realidades que nos transcienden.
El Espíritu santo actúa en las vidas de las comunidades creyentes, es una realidad próxima, pero, al mismo tiempo, transcendente. Pertenece a la realidad de Dios. No podemos «encajonarlo» en nuestros limitados esquemas mentales, pero hemos de acercarnos a él, ponernos en sus manos, hacer oración dirigida a Él, constatar que transforma nuestras vidas y las de la comunidad. Vivimos en los tiempos del Espíritu: ¡no lo olvidemos!
Javier Velasco-Arias
(publicado en el blog "Biblia y Pastoral el 10 de marzo de 2016)