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domingo, 13 de febrero de 2022

Lecturas dominicales. Evangelio Domingo VI

Comentario del Evangelio del Domingo VI del Tiempo Ordinario (ciclo c) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
Jesús no solo sintió compasión por los pobres y hambrientos, Él supo en primera persona lo que es ser pobre y tener hambre, y por ello, sabe lo que el hombre realmente necesita. No solo se compadeció de los que lloraban ante el dolor de la muerte, sino que se entristeció y lloró con ellos, y en esa unión y participación divina con el dolor humano, pudo mostrarles la gloria de Dios.
Bendito, dichoso, son dos palabras en común en la liturgia de este domingo. Son palabras sinónimas, significan casi lo mismo: Bienaventurado, contento, feliz.
Sí, Jesús asegura que aun en medio de la pobreza hay abundancia. Esperanza, contra toda desesperanza. Saciedad en medio de todo tipo de hambre. Alegría, aún en medio de lágrimas de tristeza. Vida ante la muerte. Dicha ante todo tipo de desdicha.
San lucas dejó escrito un detalle muy importante y para tener en cuenta:
"Él (Jesús), levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: …"
Nos muestra al Señor centrando su mirada en sus discípulos. Jesús no es ajeno a la realidad que les rodea, y en su amor y compasión no les dirige unas palabritas de ánimo, sino que les da Palabra de Esperanza, Pan de Vida. Se les da así mismo con todo lo que ÉL ES.
Dios no ha podido decirnos ni darnos más. Dando al Hijo nos ha dado su TODO. Ahora, a los discípulos nos toca levantar los ojos, centrar nuestra mirada en Él, poner atención a lo que nos dice, para que en esa escucha haya cruce de miradas y en nuestra pobreza nos veamos enriquecidos, saciados en nuestras hambres, alegres y esperanzados en la tristeza, el dolor o la muerte. Porque si nuestra esperanza en Cristo dependiera de las cosas que nos puedan pasar en este mundo, seríamos los hombres más desgraciados y dignos de lástima.
Sigamos echando raíces, pero en la Palabra de Dios y para dar fruto a su tiempo.




domingo, 30 de enero de 2022

Evangelio Domingo IV tiempo ordinario

 COMENTARIO DEL EVANGELIO DEL DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo c) (Lc 4, 21-30)

Joan Palero
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír»
Esta declaración de Jesús en la sinagoga de Nazareth, después de leer al profeta Isaías, parece haber sido aceptada por sus paisanos: “todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca”; pero el contexto de esta historia muestra la realidad de una clara desaprobación y extrañeza en sus oyentes.
Y decían: «¿No es este el hijo de José?».
Aunque no se debe, se puede juzgar un libro por sus tapas, pero no podemos aplaudir con una sola mano.
Mientras que Jesús les invita con la Palabra de Dios a contemplar a su enviado, ellos, encerrados en sí mismos, han encerrado con ellos la Palabra de Dios dentro de sus puntos de vista, esquemas y pronósticos. Lo que vemos, con eso nos quedamos. En Jesús solo ven al hijo de José el carpintero, y siguiendo lo que ven en sus lógicas de poder y grandezas, lo descartan.
El Papa Francisco, para algunos Bergoglio, hijo de Bergoglio, recuerda que la salvación de Dios no viene de las cosas grandes, del poder o …, sino de las cosas pequeñas y sencillas; y que la indignación es un lujo que solo pueden permitirse los vanidosos, los orgullosos.
La salvación de Dios, por venir y ser de Dios, no está obligada a seguir los esquemas del hombre. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos, por lo que no podemos encerrar a Jesús dentro de ellos, ni de círculos humanos. La Palabra es eterna novedad, siempre es Buena Nueva. Ella trata de redirigir la vida y el camino del hombre a Dios, y en ese vivir y caminar con Él y hacia Él, a encontrarnos y reencontrarnos a cada paso con TODA LA HUMANIDAD; no como maestros de una religión firme e imperturbable, sino como testigos de su amor y su gracia perdurable.
En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo.
Las Jerusalén “amuralladas” en el pasado, desechan toda novedad profética. El encierro les mantiene herméticos ante el cumplimiento de la Palabra de Dios. Por no abrirse a la Palabra, juzgan las tapas según sus criterios y en sus empeños tratan de despeñar a todo aquel que les ha sido enviado a traerles luz, luz para ver y poder salir de las prisiones. Su peor cabreo no es Jesús en sí, sino que trate de hacerles ver que no pueden encerrar y limitar el Amor de Dios, y que ese mismo Dios Amor no puede contenerse y se expanda a los de Siria y Sidón.
Creer en Jesús es salir con Él hacia la humanidad en cada tiempo. Seguirle es abrirme a Él de corazón y mente. No solo para escucharle, sino para fiarme de su Palabra. Es dejar mis artes y reconocer mis límites. Es saber que solo con las manos vacías es como puedo aplaudirle y recibirlo TODO de Él. Implica tener que desaprender para aprender de nuevo, con y de Jesús, a amar y a ser pescador de hombres.
Nadie dijo que esto sería fácil, pero a pesar del rechazo, los impedimentos y acorralamientos de muchos, la gente vulgar del pueblo, los “don nadie” como Jesús, como tú y yo, por la fuerza del Espíritu y del amor podemos hoy decir y hacer que hoy se cumple la Escritura, abriendo paso entre la religiosidad hacia la humanidad.
Jesús se abrió paso entre ellos para seguir su camino.
Puede ser una imagen de texto que dice "'VAN A INTENTAR ACABAR CONTIGO, PERO FRACASARAN PORQUE YO ESTOY CONTIGO, DICE EL SENOR YO TE LIBRARE' JEREMIAS 1:19 19"

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domingo, 23 de enero de 2022

Evangelio del Domingo III - Domingo de la Palabra

 COMENTARIO DEL EVANGELIO DEL DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO (ciclo c) (Lc 1,1-4;4,14-21)

Joan Palero
DOMINGO DE LA PALABRA
Lecturas:
Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10: “… Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad… abrió el libro en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; …”
Salmo 18: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.”
1ª Corintios 12,12-30: “… Pues todos nosotros, …, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.”
San Lucas 1,1-4;4,14-21: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Entre otras muchas, hay una frase que desde el primer momento me impactó y atrajo mi atención, la que Benedicto XVI escribe en la introducción de su encíclica “Deus caritas est”:
“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, CON UNA PERSONA (Jesucristo), que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”
De ella se desprende que la religión católica no es una religión de ideologías, de moralismos y enseñanzas sacadas de un libro (la Biblia), cosas que clasifican y dividen a las personas. Coincido con todos los que afirman que el cristianismo no es la religión de un libro, sino el fruto del encuentro con Jesucristo, quien viniendo a nuestro encuentro nos vivifica y pone en comunión con Dios y con las personas, sobre todo con la Comunidad de creyentes, y esto, a través de la Palabra y el Espíritu. La letra mata (escribe san Pablo) más el Espíritu da vida. (2 Cor. 3, 6)
Jesús mismo, Verbo de Dios, no solo fue encarnado por el Espíritu en las entrañas de la virgen María, sino que vivió, dio su vida y resucitó, por el poder y la fuerza de ese mismo Espíritu: “En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; …” Mediante el Espíritu Eterno se ofreció como víctima reconciliadora a Dios, y el poder del Espíritu le levantó de entre los muertos. (He 9, 14; Ro 8, 11)
“El Padre (escribe san Juan de la Cruz) no tiene otra palabra que decirnos sino la Palabra. (Cristo)” A través de ésta nos llega el don de la fe: Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo. (Ro. 10, 17) Y por la fe en la palabra que vemos cumplida y cumplirse en Cristo, fuimos y somos sellados, llevados con y por el Espíritu Santo de la promesa. (Efesios 1, 13)
Al preguntarme: ¿Y para qué todo esto? No encuentro más respuesta que: Para que Cristo pueda, en nosotros su Cuerpo, seguir dando HOY cumplimiento a las Escrituras, siendo no solo palabra de respuesta a las preguntas de la humanidad, sino evidencias de ser la solución a todas sus necesidades.
Su Palabra lleva a poner los ojos fijos en Él, mientras que nuestras palabras a fijar las miradas en nosotros mismos.
Los ojos del mundo de hoy, ¿a quién ven?
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domingo, 26 de septiembre de 2021

Comentario a las lecturas del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

 Comentario a las lecturas del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

Domingo 26º del Tiempo Ordinario (Ciclo b
1ª Lectura: Números 11,25-29
Salmo: 18
2ª Lectura: Santiago 5,1-6
Evangelio: San Marcos 9,38-43.45.47-48
El Señor no solo escucha las necesidades de su siervo Moisés, sino que baja, y con su Palabra y la acción del Espíritu trae las soluciones: “El Señor bajó en la nube y habló a Moisés; tomó parte del espíritu que había en él y se lo pasó a los setenta ancianos.”
Mientras que Moisés ve, en la realidad de lo que ocurre, la respuesta de Dios a su necesidad, Josué desconfía. El hecho de que Eldad y Medad estén profetizando en el campamento para él es un atrevimiento, un temeroso despropósito que hay que evitar: 'Mi señor Moisés, prohíbeselo.'
El temor y el miedo son emociones básicas de los seres humanos. Invaden a las personas que las experimentan de un intenso estado de alerta o preocupación frente a amenazas que a veces puede ser reales, pero otras veces son imaginarias y exageradas. El miedo se basa en los propios sentimientos. Con Dios desaparecen los miedos y nace la confianza.
Moisés se siente poca cosa para tanto pueblo, no se cree la única Coca-Cola del desierto. No busca protagonismos suicidas, busca su bien y el del pueblo, una ayuda para compartir misión y responsabilidades. Y esperando de Dios una respuesta, mira, vive y depende de la nube de la presencia de Dios, atento y dispuesto a aceptar la novedad del actuar de Dios.
Cuántas veces se buscan soluciones al margen de la Nube, sin escuchar a Dios ni querer aceptar sus nuevas realidades para su pueblo, y se descarta lo nuevo solo porque rompe con lo que siempre ha sido, o porque al igualarnos no es conveniente para ciertos intereses.
¡Ojalá que todo el pueblo de Yahvé profetizara PORQUE YAHVÉ LES DABA SU ESPÍRITU!
El Evangelio presenta un panorama parecido al de Números 11, aunque más completo y esclarecedor.
Juan, uno de los llamados “hijos del trueno”, junto con otros discípulos, han ido más lejos que Josué. No le piden a Jesús que prohíba echar demonios en su Nombre a los que no son del grupo: ellos ya lo han hecho. No han tenido en cuenta al Maestro y se han adelantado. Satisfecho, como esperando una palmadita de aprobación en la espalda, Juan se lo cuenta a Jesús, y la respuesta del Señor les debió resultar desconcertante en ese momento, algún tiempo más tarde lo entenderían ¿?:
“No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro.” …
Como diciéndoles: No podéis prohibir al Viento que sople donde quiera. Reconoced y tened en cuenta a todo aquél que, llevado por mi Brisa, da con fe y se da con pasión y fidelidad a mi causa. Necesitáis de mí, de mi agua, y de la que también doy a los demás. No sois todo suficientes, si sois exclusivos es en mí y para mí. Confiad y no os dejéis llevar de recelos ni miedos. En lugar de mirar y ver lo que está bien o mal para los demás, más bien MIRAOS VOSOTROS y vigilad vuestras manos, ojos y pies, porque “Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, (aunque sea del grupo) más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar."
Sacad de vosotros, amputad esa idea que os hace pensar que yo sea un Mesías exclusivista, y que por ello os convierte en algo único y especial. Si os creéis mejor, si os sentís afortunados, entonces compartid, reconoced y recompensad al que vive y trabaja también en mi campo. Reconoced y pagad el mismo salario justo que recibís de mí. Promocionad, abrid ventanas, dejad que corra el Aire, no sea que viciado por vuestro encierro acabe pudriendo, apolillando y oxidando todas las riquezas que os he dado.
¿Para qué amontonar, si estamos en los últimos días?
Sacad partido de todo y de todos, no prohibáis ni amordacéis, no asesinéis al pobre inocente que aún le queda ilusión y vocación de servir a los demás, no sea que decepcionado por vosotros acabe inactivo, sin ofrecer resistencia y pasando de la exclusividad vuestro grupo.
Joan Palero
Puede ser una ilustración de 2 personas y texto que dice "TENEMOS EN EXCLUSIVO DIOS CON NOSOTROS... ¿QUE TIENE PARA DECIR A LA HUMANIDAD? QUE No NO SOY EXCLUSINO Tuliáu "QUIEN NO ESTÁ CONTRA NOSOTROS, ESTÁ FAVOR NUESTRO" MARCOS"

domingo, 19 de septiembre de 2021

Comentario a las lecturas del Domingo XXV del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

 Comentario a las lecturas del Domingo XXV del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)





Domingo 25º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
San Marcos 9,30-37
Aprovechando el camino, Jesús va instruyendo a sus discípulos. Nuevamente, y por segunda vez, les anuncia que: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Ellos, no entendieron nada de lo que les decía, y, por otro lado, después de haber visto la reprimenda que Jesús le echó a Pedro cuando quiso reconvenirlo en el primer anuncio de su muerte, tenían miedo de preguntarle.
No siempre las cosas nos entran a la primera o a la segunda. Muchas veces necesitamos un toque especial, un chispazo en la mente y el corazón para entender ciertas cosas que se nos escapan. Y en esos momentos, en lugar de preguntar, callamos.
Recuerdo a una maestra de la EGB, como después de cada explicación nos decía: ¿Lo habéis entendido? Si no, ahora es el momento de las preguntas. Más vale parecer tonto cinco minutos, que serlo toda la vida.
A veces, no entender, en realidad significa “no querer enterarse”. Los discípulos de Jesús no entienden al Maestro, ni tampoco le preguntan. Están tan llenos de sí mismos, y ocupados en ver quién de ellos será el primero y más importante, que no quieren enterarse de que Jesús no es el Mesías que ellos en realidad desean.
Jesús sí que les pregunta, a ellos y a cada uno de nosotros: ¿En qué cosas pensáis y os ocupáis mientras caminamos juntos?
Ellos no le contestaron. La pregunta de Jesús les avergonzaba y mostraba la realidad de ellos mismos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. (2ª Lectura: Santiago 3,16–4,3)
¿En qué me ocupo mientras camino con Jesús y mis hermanos? ¿De servirles o de servirme de ellos?
Ante el silencio revelador de los discípulos, Jesús tomó la postura y posición de rabino: se sentó, dispuesto a enseñarles una de las verdades más grandes e importantes de su Reino y su propuesta de vida:
“El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (v. 35).
Una propuesta muy difícil para el hombre que por naturaleza vive de acuerdo con su ego, y pegado a sus intereses y comodidades. Y también difícil, porque es mal entendida, incluso resulta molesta a todos aquellos que son, o prefieren vivir de manera superficial.
«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: … (1ª Lectura: Sabiduría 2,12.17-20)
En ese sacrificio voluntario, y tantas veces mal entendido o interpretado, es donde El Señor sostiene nuestra vida. (Sal 53,3-4.5.6 y 😎 Él, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, supo servir y ser el último y morir por los impíos; (y a manos de ellos) Romanos 5, 6.
No temamos preguntar y responder a Jesús. Temamos ser religiosos y no entenderle.
Joan Palero

domingo, 12 de septiembre de 2021

Comentario de las lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)


Domingo 24º Tiempo Ordinario (Ciclo 😎
Es verdad que la fe nos viene por el oír (Romanos 10, 17), pero no por oír palabras, sino la Palabra de Dios (Cristo). Cuando Jesús es la causa de nuestra fe, Él mismo produce el efecto de la fe en nosotros: las obras que por Él y en Él nos salvan.
Jesús es más que la Palabra dicha, Él es Palabra que obra.
Con el obrar de sus manos y con la palabra “Effetá” (ábrete), abrió el oído al sordo en el evangelio del pasado domingo. Es el mismo Señor que, en la primera lectura de este domingo (Isaías 50, 5-9ª), despierta y abre el oído para que podamos escucharle como discípulos que, enamorados de su Maestro, le siguen y le obedecen en el amor, sin imposiciones, sin estacionarse ni mirar atrás. Discípulos que, tras en encuentro con Dios, han sido persuadidos y transformados. Que creen, pero no de oídas, sino por lo que han visto, escuchado y palpado en la realidad de sus vidas y de su entorno.
“El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás…”
Cuán importante es que haya sido el Señor, y no otro ni otra cosa, el que nos ha abierto el oído para escuchar la Palabra de su testimonio, y no el testimonio incoherente de lo que dicen y piensan los demás. Cuando Él es el autor y consumador de la fe que nace y se desarrolla a la escucha a Dios, (por encima de la escucha de sí mismo y de las opiniones ajenas), nos lleva a la realidad de que Jesús es el Cristo, el Mesías que nos salva de todo y de nosotros mismos.
Jesús sabe que el oído humano es fuente de las más variadas creencias, y no quiere que sus discípulos crean en cualquier cosa, ni siquiera en Él de oídas, sino de vividas.
“… por el camino, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» (San Marcos 8,27-35)
En el evangelio de san Mateo, tras esta declaración de Pedro, Jesús le afirma que lo que ha confesado no le ha sido revelado por los hombres, sino por el Padre. Dios le ha abierto el oído a Pedro para que reciba esta revelación, pero a pesar de ello, Pedro aun no había aprendido a no escucharse a sí mismo, su confesión de fe eran solo palabras, cosa que el mismo Jesús le recrimina: ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!
¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? (2ª Lectura: Santiago 2,14-18)
Confesar con palabras que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, es algo que los espíritus inmundos también sabían y saben hacer. Es muy común creer en Jesús por lo que otros han dicho, de acuerdo con opiniones ajenas, creer y actuar como hombres.
Ahí es donde llego a la conclusión de que lo importante, porque en realidad es lo que me salva de todo, y hasta de mí mismo, es: ¿Quién es Jesús para mí? Y si digo que es mi Salvador, que lo crea con el corazón y lo diga con la vida, como más tarde lo hizo Pedro y los demás discípulos.
Basta ya creer de oídas, y de vivir como los hombres sin fe más allá de sí mismos.
Sólo de oídas te conocía, pero ahora te han visto mis ojos.
Por eso me retracto y me arrepiento echado en el polvo y la ceniza. (Job 42, 5-6)
Joan Palero

sábado, 4 de septiembre de 2021

Comentario a las lecturas del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

 Comentario a las lecturas del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)




Domingo, 5 de septiembre de 2021 – 23º Tiempo Ordinario (ciclo b
Entre las necesidades del ser humano, se destacan la de escuchar y la de ser escuchados. En la escucha atenta de los oídos y del corazón, nacen y se realizan los diálogos y las relaciones entre las personas.
Necesitamos que nos escuchen, que haya alguien ahí que preste atención a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que deseamos… Pero en lugar de encontrar satisfacción a esta necesidad, es más fácil chocar con un muro de personas que, tratando de imponer ideas y autoridad, no quieren escuchar nada que no vaya en su línea.
Las personas necesitamos hablar y escuchar, escuchar y hablar, dialogar, pero… ¿quién lo hace?
Este domingo, el Evangelio (San Marcos 7, 31-37) presenta a Jesús (Palabra de Dios encarnada), a la escucha de los hombres: “… le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. …”
El Señor, a través de la escucha, ve la necesidad de aquel hombre sordo mudo, y nunca mejor dicho, se puso manos a la obra: “le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.”
Como Jesús, vivimos rodeados de personas que necesitan atención. Cada una tiene su historia, su opinión, sus argumentos, su juicio y su propia verdad sobre las cosas. En casa, en la calle, en las redes sociales, en cualquier lugar hay gente deseosa y necesitada de encontrar quien le dedique un poco de atención.
Ante esta realidad se pueden hacer dos cosas: 1) Gritar más fuerte, hacer ruido hasta que todos nos escuchen, o, 2) Decidirse primeramente a escuchar.
Escuchar lo que otro tenga que decir, sin prisas, sin juicios, sin importar que lleve o no la razón… porque, a fin de cuentas, todo cuanto diga también nos sirve a nosotros, nos invita a conocerle y conocernos, a discernir … Sirve para prevenir conflictos y malentendidos, para estrechar relaciones. Para apreciar qué hace único al otro, cómo siente, cómo piensa, cómo afronta la vida, porqué es como es…
En todo vale la pena ser como Jesús, también en ser el primero en pararse a escuchar. En la escucha se demuestra que el otro nos importa como persona. Al soltarle la lengua damos valor a su voz, y esta es la mejor manera de abrir el corazón y los oídos a la a escucha de todo el bien al que somos llamados a decir.
Es asombroso, el Señor «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
Decide escuchar, y como Jesús, actúa y no calles.
Joan Palero

domingo, 29 de agosto de 2021

Comentario de las lecturas del Domingo XXII del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

 Comentario de las lecturas del Domingo XXII del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

Domingo 22º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Deuteronomio 4,1-2.6-8
Moisés invita a Israel, no a que le escuchen, ni a que se escuchen a sí mismos, sino a ser pueblo que vive a la escucha de Dios. La Palabra que de parte de Dios les dirige es palabra viva que les vivificará: “Así viviréis”; les hará salir de sí y los llevará a entrar y tomar posesión de todo cuanto Dios les promete: “y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.”
Esa Palabra no solo es vida que vivifica al que la escucha, también es palabra eficaz que transforma y santifica. Ella, acompañada del Espíritu de Dios, es la que lleva a término los planes y designios de Dios. Es plena, escueta y concisa, no hay nada que añadirle ni tampoco nada que restarle. Cuando es escuchada y aceptada dócilmente, es plantada en el corazón, y capaz de salvar al hombre y la mujer de todos los tiempos. (Santiago 1,17-18.21b-22.27) Encarnada y viva en el pueblo, será la sabiduría y la inteligencia que sorprenderá y atraerá a todos los pueblos, los cuales dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente."
Aunque Moisés es hombre, la palabra que dirige a Israel no es humana, sino Divina. Su poder no es mágico, ni reside en la sabiduría y la inteligencia que ellas mismas encierran, su poder está en que esa Palabra es Dios mismo operando en el hombre: “… y la Palabra era Dios.” (S Juan 1, 1)
Ella ha querido hacerse cercana viniendo a habitar entre la humanidad. Como creación de Dios, nos hace más humanos, pero, además, nos engendra de Él, nos hace hijos suyos y hermanos de toda la humanidad: Dios, “Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.”
También Salomón, rey de Israel, en el libro de los Proverbios invita a escuchar a Dios y a tener conocimiento de Él a través de su Palabra: "Aplica tu mente a la instrucción (a la Ley y sus preceptos), y tu oído a las palabras de la experiencia (a la tradición de tu pueblo). … (pero) Hijo mío, si tu corazón se hace sabio, se alegrará también mi corazón.” Prov 23, 12.15.
Mucho más allá de los oídos y la mente, Dios quiere penetrar en el hombre y hablarle de Corazón a corazón. Busca entrar y encontrar cabida en la habitación más íntima y vital del ser humano: “el corazón”. Ese espacio donde, dependiendo de qué o de quién lo habite, se fraguan y desarrollan las vidas de las personas.
Jesús no busca una relación impersonal y con límites. Su propósito es el de entrar y quedarse a cenar contigo y conmigo, el de celebrar juntos, y desde la intimidad más íntima, la Fiesta de la Vida con verdadera sabiduría y alegría de corazón.
Algunos, solo le abren la puerta del oído; otros son capaces de abrirle también sus mentes, y le dejan pasar hasta el recibidor, pero sin dejarle pasar a los lugares más recónditos y personales, el corazón de la casa, los lugares que más hablan de nosotros mismos, donde todo se cuece y se cocina, donde uno se alimenta y pasa a ser lo que come. Es la religión humana de las apariencias externas, un culto vacío de Dios Palabra y Espíritu, tejido de palabras y esfuerzos humanos que disfrazan y limpian mi vida exterior, pero no mi realidad. (San Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
Dios: “Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos hallen deleite en mis caminos.” Prov 23, 26
Yo: Hazme entender, Señor, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.
Joan Palero