jueves, 11 de junio de 2026

Montserrat . Miércoles








 

Sagrada Familia - ----- miércoles







No podemos creer en Jesús y promover la guerra.
No podemos creer en Jesús y matar al inocente...



Los políticos que lo escuchan en primera fila son en su mayoria  de los partidos que promueven "blindar" el aborto en la constitución




 

martes, 9 de junio de 2026

Acto en Montjuic






 

Homilía catedral Barcelona

 





[Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría inicio mi visita rezando la Hora sexta en esta Catedral junto a vosotros.]

El Concilio Vaticano II define el Oficio divino como «la voz de la misma Esposa que habla al Esposo» (Sacrosanctum Concilium, 84) y «la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre» (ibíd.). También la Lectura que hemos escuchado subraya que todos «hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo» (1 Co 12,13). Podemos entonces dejarnos ayudar, en nuestra reflexión, precisamente por estas dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo.


La primera nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada. Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas. Él os ha elegido a vosotros para representar hoy la «comunidad de los santos» (cf. 1 Co 1,2) que está en Barcelona. Y es con esta conciencia que os invito a renovar, concordes, el propósito de caminar juntos, todos, fieles y Pastores, tras las huellas de Cristo, hacia la plenitud de la vida. La Iglesia es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor.

A este respecto, el Papa Francisco, no hace muchos años, recomendaba a esta Comunidad diocesana iniciar «desde el encuentro con Cristo» para crecer «en fraternidad, en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio» (Videomensaje con motivo de la inauguración de la torre de la Virgen María de la basílica de la Sagrada Familia, 8 diciembre 2021), y, un año después, repetía a los seminaristas de esta misma Archidiócesis, peregrinos en Roma: «No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón […]. No apaguen nunca ese fuego que los hará intrépidos predicadores del Evangelio» (Discurso a la comunidad del Seminario de Barcelona, 10 diciembre 2022).

Sus palabras indican el clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes, en las familias, en las parroquias, en los lugares de trabajo y de formación, en los ambientes de la Curia y en cualquier otro ámbito de vida: un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón.


Estimats amics, Barcelona, en aquest sentit, té una gran tradició d'Església. Ho recordava sant Joan Pau II quan, en la seva visita aquí, lloava «l'ànim acollidor que al llarg de la història ha dut als barcelonins i catalans, a tots vosaltres, a compartir la ciutadania humana i cristiana amb moltíssima gent» (Àngelus, Barcelona, 7 novembre 1982), i us animava a «proclamar davant l'Església que aquesta ciutat i aquesta regió són un lloc ampli i obert a la fraternitat cristiana» (ibíd.).

Amb les seves paraules trobem rostres de tants germans i germanes que entre vosaltres s'han entregat i s'entreguen per construir harmonia i comunió, més enllà de tota polarització. I també avui hi trobem confirmació en la vitalitat de tantes obres d'anunci, de formació i de caritat de les quals tots vosaltres sou animadors i protagonistes

[Queridos amigos: Barcelona, en esto, tiene una gran tradición de Iglesia. Lo recordaba san Juan Pablo II cuando, en su visita aquí, alababa el «ánimo acogedor que a lo largo de la historia ha llevado a barceloneses y catalanes, a vosotros, a compartir ciudadanía humana y cristiana con innumerables gentes» (Ángelus, Barcelona, 7 noviembre 1982), y os animaba a «proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana» (ibíd.).

En sus palabras encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Y también hoy ellas se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.]

Esto nos lleva a la segunda imagen en la que queremos detenernos: la del cuerpo, objeto inmediato de la lectura que hemos escuchado (cf.1 Co 12,12-13). Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros, «hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9), todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad. También esto es importante, porque nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de «estilo», sino una necesidad fisiológica, fundada en la gracia concedida a cada uno «según la medida del don de Cristo» (Ef 4,7), y a la que correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados. Es el Espíritu quien, como partes de una única estructura viva, nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza.

Como en un cuerpo, también entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta.

Son muchas las imágenes con las que podríamos ilustrar la variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros, pero el mensaje es siempre el mismo: en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos (cf. Ef 4,4). Por tanto, es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.

Barcelona és anomenada «Cap i Casal de Catalunya». Això dóna a aquesta comunitat, i a tots vosaltres, barcelonins i catalans, una vocació i una responsabilitat especial per convertir-vos, amb l'ajuda de Déu, en constructors d'unitat.

Ara venerarem les restes de santa Eulàlia copatrona d'aquesta Catedral, d'aquesta Arxidiòcesi i d'aquesta Ciutat.

[Barcelona es llamada «Cap i Casal de Catalunya». Lo que da a esta comunidad, a todos vosotros, barceloneses y catalanes, una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad.

Dentro de poco veneraremos los restos de santa Eulalia, copatrona de esta Catedral, de esta Archidiócesis y de esta Ciudad.]

San Agustín, hablando de los Mártires, decía: «No nos parezca poca cosa el ser miembros de aquel de quien lo fueron aquellos con quienes no podemos equipararnos […] obedecemos al mismo Señor […], perseguimos la misma caridad y abrazamos la misma unidad» (Sermón 280, 6).

Queridos hermanos y hermanas: con este espíritu es que también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser «mártires», es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias. Como la virgen Eulalia y tantos otros mártires, queremos responder nuestro «sí», dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre (cf. Mt 16,24-26).

Això ens ensenya el Crucificat, a això ens conviden l'apòstol Pau i els exemples dels sants, això volem fer plegats, segons l'oració de Jesús al Pare, durant el l' Últim Sopar: « Que jo estigui en ells i tu en mi, perquè siguin plenament u. Així el món reconeixerà que tu m'has enviat i que els has estimat a ells com m'has estimat a mi» (Jo 17,23).

Que Maria, Mare de l'Església i Mare de la unitat, ens ajudi a ser fidels a aquest compromís i a aquesta missió. «Mare de Déu de la Mercè, pregueu per nosaltres».



El papa acabó su paso por la catedral en el claustro,   y contempló la tradición del "ou com balla"  y las 13 ocas


Acto en Montjuic. Martes 9


 




Respecto al acto de  Montjuic del martes 9, destacarñia especialmente el testimonio de esta joven

El valiente y estremecedor testimonio de Desiré, una joven de 20 años de un barrio humilde de Barcelona, frente al papa León XIV que ha sobrecogido Montjuic
🗣️ “Mi padre intentó matar a mi madre y ella se refugió en las drogas. A los 10 años los servicios sociales se hicieron cargo de mí”

lunes, 8 de junio de 2026

El papa rumbo a Barcelona. Martes


 

El Papa se despide de Madrid agradeciendo su labor a los voluntarios

 



La gratuidad, signo del Reino de Dios
La levadura del Reino de los cielos
Hay más dicha en dar que en recibir”


Despedida del Papa de los voluntarios


Vatican News


El Papa León XIV ha querido concluir la etapa madrileña de su viaje apostólico a España con un encuentro especialmente significativo: una reunión con los más de 17.000 de voluntarios que han hecho posible la organización de los distintos actos celebrados durante estos días en la capital. Ante ellos, congregados en el pabellón 3 de IFEMA, el recinto ferial madrileño, el Pontífice expresó un profundo agradecimiento por su servicio y destacó que la gratuidad constituye uno de los testimonios más necesarios para el mundo actual. “Os merecéis un ‘gracias’ muy especial, porque habéis ofrecido vuestra presencia y vuestro servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa. ¡Gracias de todo corazón!”, les dijo el Papa.

El Pontífice subrayó el entusiasmo con el que los voluntarios respondieron a la convocatoria de los organizadores, hasta el punto de que en poco tiempo se superaron con creces las necesidades previstas. “En pocos días habéis superado las cifras solicitadas y así las necesidades han quedado ampliamente cubiertas. Os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos de vosotros os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, pero cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas. ¡Que Dios os recompense como sólo Él sabe hacerlo!”, señaló el Papa. Sus palabras fueron recibidas con una cálida ovación de los voluntarios.


El núcleo de la reflexión del Pontífice giró en torno a una idea que resumió así: “Los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad”.

Tomando como referencia la parábola evangélica sobre el Reino de los Cielos que utiliza la imagen de la levadura – “El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con

tres medidas de harina, hasta que todo fermenta” (Mt 13,33) – el Papa explicó que el servicio desinteresado de los voluntarios constituye “un signo visible” de la presencia del Reino de Dios en medio de la sociedad.

Del mismo modo que ocurrió con los voluntarios del Jubileo celebrado en Roma el año pasado, el Papa consideró que su entrega silenciosa y generosa manifiesta una lógica distinta a la que domina con frecuencia el mundo contemporáneo. “La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la ‘ciudad de Dios’”, resaltó León XIV. Y agregó: “En un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, donde el término ‘crecimiento’ se reduce a la dimensión económico-financiera, es necesario pensar y vivir según la lógica más verdadera, es decir, la de un crecimiento humano integral”. El Pontífice también defendió la necesidad de recuperar una visión integral del desarrollo humano inspirada en el Evangelio. “Es la lógica del Evangelio, que dice: ‘Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?’ (Lc 6,33-34)”, apuntó el Papa.

León XIV recordó que Jesucristo vino al mundo para traer la “levadura del Reino de los cielos” a la historia humana y “la mezcló con la masa de nuestra humanidad enferma para sanarla desde dentro, con el agua y la sangre de su sacrificio y con el fuego de su Espíritu Santo”. También señaló que, tras su muerte y resurrección, envió a sus discípulos “para que fueran en el mundo signos e instrumentos de su Reino de amor, justicia y paz”.

Esta misión, explicó, no se realiza únicamente mediante la predicación, sino también a través de una forma concreta de vivir. “Un rasgo esencial de este estilo es la gratuidad que habéis testimoniado estos días aquí en Madrid. ¡Gracias!”, señaló el Papa dirigiéndose a los voluntarios.


El Pontífice destacó que este servicio generoso deja una huella real en la sociedad, aunque no aparezca reflejada en las estadísticas y otros indicadores. “Sabemos que, en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido, está más cerca del Reino de Dios”, afirmó. Y subrayó que la raíz de toda obra buena no se encuentra en los méritos humanos, sino en la acción de Dios: “¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya! Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones de quienes han encontrado al ‘Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”’ “(Hch 20,35).

Antes de despedirse, el Pontífice animó a los voluntarios a continuar por este camino de entrega cotidiana “Con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio”.

Finalmente, encomendó a todos ellos a la protección de la Virgen María para que sigan siendo “levadura del Reino siempre y en todas partes”, y concluyó con una invitación cargada de afecto: “¡Gracias! ¡Nos vemos en Roma!”.