Comentario a las lecturas del Domingo VI de Pascua de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

Comentario a las lecturas del Domingo VI de Pascua de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
VERDAD – LECTURA
Evangelio: Jn 15,9-17
Es habitual entre las personas, que establezcamos relaciones en nuestro trato diario con aquellos que nos rodean. Unas veces, por motivos laborales, otras por vecindario, por parentesco, amistad, etc. Y nadie se sorprende cuando los lazos de afinidad se estrechan más con unas personas que con otras, porque es “lo normal” elegir a quiénes queremos tener por amigos o por pareja. Sin embargo, a la familia y a los compañeros de trabajo no los elegimos. Nos son dados.
Supone una experiencia, también común a todos, que el paso del tiempo nos hace cribar a quién sí y a quién no quiero seguir teniendo a mi lado. Y así, “vamos perdiendo amigos por el camino”; tal vez, nunca lo fueron. El problema es que no llegamos a emplear bien nuestro lenguaje y no distinguimos entre “amigos” y “conocidos”, entre “apreciar”, “querer”, “amar”, etc.
Jesús en el evangelio de este domingo, nos cuenta qué es amar. En primer lugar, podríamos afirmar que es lo que Jesús nos mandó, y así termina el evangelio de este domingo: «Esto os mando: que os améis unos a otros». Por tanto, parece que Jesús, no da lugar a hacer acepción de personas, sino que nos pide que permanezcamos en el amor, para que su alegría esté en nosotros, porque el que ama y se siente amado es feliz y sólo entiende de amor. «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo». Y es que «Dios es amor» (cf. IJn 4,8). Esta es la razón por la que el cristiano ha de permanecer en el amor del Hijo, guardando sus mandamientos. Que realmente sólo es uno: «que os améis unos a otros como yo os he amado».
Jesús nos enseña cómo se ama: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» y nos muestra quiénes son sus amigos: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando», «porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». Y hay una gran diferencia entre ser amigo de nuestros amigos y ser amigo de Jesús. A “nuestros amigos” los elegimos. En el caso de Jesús, es Él quien nos ha elegido y destinado a una misión: «para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca». Esa tarea, que en ocasiones nos resulta difícil, no es tal si seguimos el consejo de Jesús: «que pidáis al Padre en mi nombre» y el Padre nos lo dará.
Esto es el amor, no se trata de hacer acepción de personas. Se trata de dar la vida por los demás, ese es el fruto que Jesús espera de nosotros.
CAMINO – MEDITACIÓN
VIDA – ORACIÓN
Señor que nos has amado hasta el extremo, enséñanos a querernos más a nosotros mismos y a sentir tu amor, porque sólo se puede dar lo que se tiene. Danos un corazón grande, generoso, capaz de amar a todos. Qué todos quepan en nuestro corazón, que nadie dejemos fuera, como Tú hiciste, que diste tu vida por todos. Haz que, alimentados con tu Palabra, seamos portadores de amor y felicidad para los que nos rodean y en tu nombre, vivamos siempre unidos. Así sea.
Lectio de la Primera Lectura del Domingo VI de Pascua (ciclo b) de nuestro colaborador Hno. Pepe Pedregosa (Madrid)
VERDAD – LECTURA
Hechos 10,2-26.34-35.44-48
25Tan pronto como entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, cayó a sus pies y le adoró. 26Pedro lo levantó diciendo: “Levántate, que yo también soy hombre”. 34Pedro tomó la palabra y dijo: “Compruebo que Dios no hace distinción de personas, 35que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea. 44Todavía estaba hablando Pedro, cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. 4Todos los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se extrañaban de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos 46pues los oían hablar lenguas extrañas y glorificar a Dios. 47Pedro dijo entonces: “¿Se puede negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?”. 48Y ordenó que fuesen bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le suplicaron que se quedara con ellos algunos días.
La primera lectura, que hoy la liturgia nos ofrece, de alguna manera pone patas arriba nuestras creencias acerca de los prejuicios que solemos tener hacia las personas, acerca de nuestras ideas estereotipadas o los prototipos que se han instalado en nuestra cabeza. Nos invita a tener amplitud de miras, apertura de mente y mirada misericordiosa. Y todo esto vivido desde el amor incondicional y gratuito, que es el que nos tiene Jesús a cada uno de nosotros y que nos exhorta a tener nosotros hacia el prójimo, tal y como nos enseña el pasaje del evangelio de hoy.
Cornelio es un pagano, es decir un no creyente judío, y por descontado tampoco creyente cristiano. Unos versículos antes (10,1-8), se nos ha narrado como éste, hombre piadoso y temeroso de Dios ha tenido una visión en la que se le invitaba llamar a Pedro, lo cual hace. Pedro por su parte ha tenido una visión similar, en la que se le urgía a ir al encuentro de Cornelio.
Cuando se produce dicho encuentro, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que se encontraban en la casa de Cornelio.
Pedro, en cierta forma se ve obligado a abrirse a la universalidad de la salvación, a no quedarse anclado en las cuatro paredes de la religión judía. Jesús ha venido para salvar a toda la humanidad y no únicamente al pueblo judío. Tal y como Pedro pudo comprobar, Dios no hace distinción entre las personas. Dios acoge a todos, aunque no lo conozcan todavía.
Cornelio, sin haber tenido experiencia de Jesús Resucitado, vive el amor incondicional a Dios y al prójimo. Lo cual hace que esté en disposición, que esté abierto a acoger la salvación que vino a traernos Jesucristo.
Las lecturas que nos ofrece la liturgia de hoy, nos están invitado a amar sin condiciones y a abrirnos a todas las personas sin distinciones. ¿Seremos capaces de llevarlo a cabo?
CAMINO – MEDITACIÓN
VIDA – ORACIÓN
Salmo 136
1Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor;
2dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;
3dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.
4Sólo él ha hecho grandes maravillas, porque es eterno su amor.
5Él hizo los cielos con sabiduría, porque es eterno su amor.
6Él afirmó la tierra sobre las aguas, porque es eterno su amor.
7Él hizo las lumbreras grandes, porque es eterno su amor:
8el sol para presidir el día, porque es eterno su amor;
9la luna y las estrellas para presidir la noche, porque es eterno su amor.
[…]
23Él se acordó de nosotros en nuestra humillación, porque es eterno su amor;
24y nos libró de nuestros enemigos, porque es eterno su amor.
25Él da de comer a todas las criaturas, porque es eterno su amor.
26Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterno su amor.
LEER LA BIBLIA EN UN AÑO
VERDAD – LECTURA
Hechos 9,26-31
26En aquellos días, cuando Pablo llegó a Jerusalén, trató de unirse a los demás discípulos; pero todos lo temían, no creyendo que fuera de verdad discípulo. 27Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo en el camino Saulo había visto al Señor, que le había hablado, y cómo en Damasco había predicado públicamente en el nombre de Jesús. 28Desde entonces se movía libremente en Jerusalén, hablando con libertad en el nombre del Señor. 29Hablaba y discutía con los helenistas, los cuales intentaron matarle. 30Los hermanos, al enterarse, lo llevaron escoltado a Cesarea y le hicieron partir para Tarso. 31La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría; se consolidaba y progresaba en la fidelidad al Señor, y se extendía alentada por el Espíritu Santo.
En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, que hoy la liturgia nos ofrece, en la primera lectura, se nos narra como Pablo es acogido por la comunidad cristiana, después de que Bernabé intercediera a su favor. A continuación puede predicar libremente el evangelio.
Muchos no conoce el acontecimiento ocurrido camino de Damasco y que ha supuesto una total transformación en la vida del apóstol Pablo. Ha sido perseguidor de los cristianos y éstos le tienen miedo, pues no creen que pueda ser un verdadero discípulo de Jesús. Será Bernabé quien le introduzca en la comunidad, será su garantía ante los discípulos.
Es la comunidad quien inserta, es la comunidad quien acoge, es la comunidad quien aprueba y confirma. Es unido a la comunidad como Pablo predica el evangelio.
Pablo anuncia a los judíos que Jesús, el Hijo de Dios, es el Mesías esperado por el Pueblo de Israel, el Mesías esperado por todos y cada uno de nosotros que viene a traernos el amor de Dios y la salvación plena.
Pablo no sólo predica a los judíos israelitas, también a los judíos de origen griego. Y, tal debía ser su ardor y su capacidad de convencimiento, que deciden acabar con su vida. Los hermanos, la comunidad, por su parte, lo protege y lo llevan a Cesarea para enviarlo hacia Tarso.
Para que el apóstol Pablo predicara con ese ardor y convencimiento debía haber tenido una experiencia fuerte de Jesús Resucitado; una experiencia tal, que le mantiene unido a la vid, que es Jesucristo y de esa manera llega a dar mucho fruto.
Permanezcamos, también nosotros, tal y como nos recordará el evangelio de hoy, unidos a la vid. Alimentémonos de la savia que nos ofrece Jesús, acojamos su palabra y pongámosla en práctica, lo mismo que el Apóstol Pablo, de esta manera seremos capaces de anunciar el Reino de Dios y dar mucho fruto.
CAMINO – MEDITACIÓN
VIDA – ORACIÓN
Salmo 23
1El Señor es mi pastor, nada me falta:
2en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso
3y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;
4aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.
5Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.
6Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.
VERDAD – LECTURA
Evangelio: Jn 15,1-8
El V Domingo de Pascua, la liturgia nos ofrece para orar la parábola de la vid y los sarmientos.
Para aquellos de nosotros que no estemos familiarizados con el mundo campestre, es posible, que esta parábola no nos diga nada. Si embargo, hemos de saber que, para que el sarmiento pueda vivir es imprescindible que esté unido a la vid. El alimento, del cual se nutre el sarmiento, proviene de la vid. Y sin estar unido a ella, es imposible que produzca uvas.
Me llamó especialmente la atención las veces que se repite en tampoco versículos la expresión “permaneced unidos a mí” o similar. Creo que es la frase que nos debe dar la clave para comprender todo el pasaje.
Hemos de tener en cuenta, comentado este fragmento que, en la tradición de Israel, la vid o la viña es el símbolo del Pueblo de Dios. Un pueblo que ha sido cuidado con mimo por parte de Yahveh, de la misma manera que el viñador cuida de su viña. Sin embargo, Israel no ha sido fiel a la Alianza; es decir, no se ha dejado cuidar y, por lo tanto, no ha dado fruto.
Los discípulos de Jesús y también nosotros, al haber respondido a su llamada estamos limpios, gracias a la Palabra que ha pronunciado para cada uno de nosotros. Conforme vamos profundizando y acogiendo el mensaje de Jesús más nos purificamos. En la medida en que permanezcamos fieles a Jesús, el amor de Dios se nos manifestará y nosotros lo manifestaremos a los demás. Y aunque nosotros nos separemos de Dios, Él continuará siendo fiel, pero nosotros nos volveremos estériles.
Pocos versículos después, Jesús vuelve a repetir la afirmación del principio. Pero, en esta ocasión, refiriéndose a sí mismo y a los discípulos, no al Padre: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Es Jesús quien transmite la vida a todos sus discípulos, pero para ello es indispensable permanecer unidos a Él y de esa manera daremos mucho fruto. Pero, si no estamos unidos a él nos secaremos, es decir no tendremos vida.
Jesús se nos presenta como la “vid verdadera”. Aquel, en el que, Yahveh ha restablecido la Alianza. Y los sarmientos son el nuevo pueblo de Dios. El Padre es quien ha plantado la viña y los sarmientos. Jesús viene a decir que el verdadero Pueblo de Dios es aquel que está unido a él. Y, en la medida en que los sarmientos estén unidos a él darán fruto, podrán llevar a cabo su misión, que no es otra que la extensión del Reino.
Estar unidos a Jesús es dejarnos alimentar por él, es estar atentos a su voz, es escuchar su palabra, es intentar llevarla a cabo en nuestro día a día. Es vivir para él y con él, para poder vivir para y con los hermanos.
Cuando el sarmiento se seca, el Padre lo corta porque no pertenece ya a la vid. Cuando cualquiera de nosotros nos separamos de Jesús, nos secamos y somos incapaces de dar fruto. No somos capaces de transmitir el amor de Dios.
La gloria del Padre se manifiesta precisamente en la extensión del Reino por parte de los discípulos, pero para ello es indispensable estar unidos íntimamente a Jesús, asumir sus actitudes vitales y llevarlas a la práctica.
CAMINO – MEDITACIÓN
• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Sientes que permaneces unido a Jesús? ¿De qué manera?
• ¿De qué forma crees que puedes incrementar ese permanecer unido a Jesús?
• ¿En qué ocasiones de tu vida cotidiana, ere incapaz de dar fruto porque no permaneces unido a Jesús?
• ¿Cómo puedes extender el Reino entre todos aquellos que te rodean, que entran en contacto contigo en tu día a día?
VIDA – ORACIÓN
• Alaba a Dios por ser el viñador que cuida de todos nosotros.
• Da gracias a Jesús porque nos alimenta cada día con su savia.
• Ofrece tu vida para ser insertado como el sarmiento en la vid y permanecer unido a Jesús.
• Pide a Dios Padre que envíe su Espíritu sobre todos los llamados a extender su Reino en el mundo.
• Comprométete a acoger la vida que Jesús nos ofrece y a entregarla a los demás.