sábado, 17 de abril de 2021
Lecturas dominicales 18 abril (Joan Palero)
Lectio del Evangelio del domingo III de Pascua
VERDAD – MEDITACIÓN
Evangelio: Lc 24,35-48
El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia, de cómo habían reconocido al Resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.
A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.
Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro; entonces, Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lucas tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.
A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que, las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.
Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.
No
acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica:
¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz?
Necesitan más pruebas.
Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le
ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la
realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían
convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que
había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían
visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios
Padre.
Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres.
Concluye el relato con el envío de los discípulos a la misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que, al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios, del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.
CAMINO – MEDITACIÓN
• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Sabes reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en tu vida?
• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Eres consciente de ello?
• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es tu reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabas de creértelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?
• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Te sientes verdaderamente enviado? ¿Estás dispuesto a asumir la misión que Jesús te ha encomendado?
VIDA – ORACIÓN
• Alaba a Dios por el gran amor que te tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en tu vida
• Da gracias a Jesús por ayudarte e iluminarte en tus dudas, tus miedos y tus dificultades.
• Ofrécele tu vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.
• Pídele que te ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.
• Asume el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.
VERDAD – MEDITACIÓN
Evangelio: Lc 24,35-48
El fragmento del evangelio, que hoy nos ocupa, comienza con el final del relato de los Discípulos de Emaús, en el que se nos cuenta lo que les había ocurrido por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Ellos tienen necesidad de compartir su experiencia, de cómo habían reconocido al Resucitado, precisamente durante una liturgia eucarística. El lugar en el que cada domingo, Jesús se hace presente a la comunidad cristiana en forma de pan y vino.
A continuación, Lucas nos narra el recuerdo de una de las diversas manifestaciones de Jesús, después de su resurrección. La estructura del relato es muy parecida a otros pasajes similares: aparición repentina de Jesús resucitado, los discípulos son incapaces de reconocerlo, la recriminación de Jesús, la alegría y el asombro al reconocerlo.
Los discípulos se encuentran reunidos, posiblemente comentado lo acontecido a los caminantes de Emaús, a las mujeres y a Pedro; entonces, Jesús se coloca en medio de ellos y los saluda el saludo de paz, según la costumbre judía, pero que para Lucas tiene connotaciones mesiánicas. Y, además, es precisamente lo que Jesucristo viene a traernos: Paz.
A pesar de haber escuchado los relatos anteriores de las mujeres, de los dos discípulos de Emaús, de Pedro y del discípulo amado, ellos dudan, se sobresaltan, se sorprenden… creen ver un espíritu. Estamos ante una teofanía, ante una manifestación de Dios. Ya en el AT nos encontramos con que, las manifestaciones de Yahveh producen esos síntomas: sorpresa y duda.
Para ayudarles a superar su turbación, les muestra las señales de la crucifixión… Soy yo… No es fruto de su imaginación. Es alguien real con carne y huesos, aunque glorificados.
No
acaban de creérselo. Es imposible. La pregunta y la duda es lógica:
¿Cómo es posible que estemos viendo al mismo que murió en una cruz?
Necesitan más pruebas.
Entonces, Jesús les pide algo de comer. Le
ofrecen un pescado y comió delante de ellos. Lucas quiere reafirmar la
realidad física del Resucitado. Es el mismo Jesús con el que habían
convivido por los caminos polvorientos de Galilea, el mismo Jesús que
había celebrado con ellos la última cena, el mismo Jesús que habían
visto morir en una cruz. El mismo Jesús, sólo que glorificado por Dios
Padre.
Concluye el relato, haciéndoles comprender a los discípulos lo que de él estaba escrito en las Sagradas Escrituras. Era necesario llevarlas a su pleno cumplimiento. El Antiguo Testamento sólo es posible comprenderlo y asimilarlo a la luz de la vida y la obra de Jesús. El plan que Dios tenía desde toda la eternidad se ha cumplido en Jesús de Nazaret. Un plan de Dios cuya finalidad era la salvación de todos los hombres.
Concluye el relato con el envío de los discípulos a la misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva para que, al convertirse en personas nuevas obtengan el perdón de los pecados. Ellos ahora tiene que ser testigos de lo que han visto y oído. Tienen que ser testigos de su vida, de su pasión, de su muerte, pero sobre todo de su resurrección. A partir de ahora y hasta el fin de los tiempos tienen que ser testigos de Jesús. Nosotros, aquí y ahora, debemos ser testigos del amor de Dios, del amor de Jesús. Testigos de que él vive entre nosotros.
CAMINO – MEDITACIÓN
• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Sabes reconocer la presencia de Jesús cuando éste se manifiesta en tu vida?
• Cada domingo podemos ver y tocar a Jesús en la celebración de la eucaristía ¿Eres consciente de ello?
• Ante la manifestación real de Jesús, ¿Cuál es tu reacción? ¿Ocurre como con los discípulos, no acabas de creértelo, por la duda, por el miedo, por la alegría?
• Jesús nos envía a todos los que creemos en Él a ser testigos de su vida, de su obra y de su resurrección ¿Te sientes verdaderamente enviado? ¿Estás dispuesto a asumir la misión que Jesús te ha encomendado?
VIDA – ORACIÓN
• Alaba a Dios por el gran amor que te tiene y por el regalo de manifestación de Jesús en tu vida
• Da gracias a Jesús por ayudarte e iluminarte en tus dudas, tus miedos y tus dificultades.
• Ofrécele tu vida para ser testigo de la vida, la obra y la resurrección de Jesús.
• Pídele que te ayude a llevar a cabo la misión de ser testigo de la obra, la vida y la resurrección de Jesús.
• Asume el compromiso de ser testigo de Jesús Resucitado.
Lectio de la lectura del III Domingo de Pascua
VERDAD – LECTURA
Hechos 3,13-15.17-19
En aquellos días, dijo Pedro al pueblo: 13El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su Hijo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, el cual decidió ponerlo en libertad; 14pero vosotros rechazasteis al santo y justo, y pedisteis la libertad de un asesino; 15matasteis al autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos; de lo cual nosotros somos testigos. 17Hermanos, sé que obrasteis por ignorancia, igual que vuestros jefes. 18Pero Dios cumplió así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su mesías tenía que padecer. 19Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados.
La liturgia nos sigue ofreciendo el testimonio de los apóstoles acerca de la resurrección de Jesús, recogido en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En esta ocasión, vamos a orar con el testimonio de Pedro ante el pueblo. Él y Juan acaban de curar, por el Nombre de Jesús, a un hombre cojo desde el seno de su madre, que se ponía todos los días a pedir limosna junto a la puerta Hermosa del templo (3,2). A causa de esto, habían sido expulsados del templo. Ahora se encuentran en el pórtico llamado de Salomón. Y es allí, donde Pedro pronuncia el citado discurso como testimonio de la resurrección de Jesús.
Comienza éste haciendo alusión a la Escritura, concretamente a las antiguas profecías, y haciéndoles caer en la cuenta que quien ha resucitado a Jesús de Nazaret es el Dios de su padres: el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.
Pedro está intentando hacer ver a los allí congregados, que aquel que fue rechazado y condenado a muerte es el Mesías esperado. Y que ellos tuvieron parte activa en aquella condena.
Sin embargo, la muerte no tiene la última palabra. Dios en su infinita misericordia y con su infinito poder ha resucitado a Jesús de entre los muerto; le ha devuelto a la vida y éste ya vive para siempre.
Los apóstoles son testigos de este asombroso hecho y ahora dan testimonio del mismo, invitado a todos los presentes al arrepentimiento y al cambio de vida. Un cambio de vida que les llevará a dejarse transformar, gracias a la fe en la resurrección y a la acción de Espíritu, en personas nuevas; en personas resucitadas, que serán a su vez enviados a anunciar el amor de Dios por todas sus criaturas y a anunciar que todos estamos llamados a vivir para siempre participando de la vida divina.
CAMINO – MEDITACIÓN
- ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
- ¿Reconoces a Jesús Resucitado como parte esencial de tu vida? ¿Cómo tu Salvador?
- ¿Crees, verdaderamente, que la muerte no tiene la última palabra? ¿Qué estás llamado a vivir eternamente en la presencia de Dios, gracias a la pasión, muerte y resurrección de Jesús?
- También cada uno de nosotros somos llamados a ser testigos de la inmensa misericordia de Dios Padre y de la Resurrección de Jesús, ¿qué acciones emprendes en tu día a día para llevar a cabo esta misión?
VIDA – ORACIÓN
Salmo 27
1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?
2Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.
3Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.
4Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.
domingo, 11 de abril de 2021
Lecturas del Domingo II de Pascua (Ciclo B) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
sábado, 10 de abril de 2021
El Espíritu Santo es nuestra alegría y nuestro gozo para contar las hazañas del Señor. Lectio Divina del II Domingo de Pascua – Ciclo B
VERDAD – LECTURA
Evangelio: Jn 20,19-31
Los judíos celebraban el día de Yahveh el sábado. Para ellos, el domingo daba inicio a la semana. Y de ese día, «el primero de la semana» nos habla el evangelista san Juan. Nos cuenta qué hacían los discípulos ese día: estar «en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos». Su Maestro acababa de morir, estaban asustados, por dos motivos: 1-El cuerpo de su Señor había desaparecido del sepulcro. Pensaban que lo habían robado; sin embargo, algunos decían que lo habían visto. 2-Por si los judíos les hacían correr la misma suerte que a su Señor. Ellos estaban en el ojo de mira del pueblo judío y, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, los creyentes, «tenían un solo corazón y una sola alma», «pues lo poseían todo en común» (cf. Hch 4,32-35). El temor les paraliza, les hace perder la paz. De ahí que Jesús se ponga en medio de ellos y los salude así: «Paz a vosotros». Para serenarlos y que crean que es Él, «les enseñó las manos y el costado».
«Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor», pero Jesús no se conforma con verlos alegres y encerrados en una casa. Por eso les sigue diciendo: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». ¿Cómo quitarles a los discípulos el miedo para ser enviados? Enviados… ¿a dónde y para qué? «Sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”».
No estaban todos. Faltaba uno de los Doce cuando se apareció Jesús, Tomás, «llamado el Mellizo». Él no lo podía creer si no veía «la señal de los clavos» y metía «el dedo en el agujero de los clavos» y «la mano en su costado». Es el reflejo de cada uno de nosotros cuando no nos fiamos de aquello que se nos dice. Pedimos señales. De ahí que, «a los ocho días», Jesús se aparezca de nuevo en medio de ellos y les salude del mismo modo: «Paz a vosotros» y dirigiéndose a Tomás, le pida su mano para meterla en el costado. En ese momento, Tomás torna su incredulidad en fe y contesta: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

CAMINO – MEDITACIÓN
- ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
- ¿He sentido miedo alguna vez por creer en Jesús?
- ¿Cuál es mi reacción ante el miedo?
- ¿Pido “señales” al Señor?
- ¿A qué me envía el Señor?, ¿cuál es mi misión en este mundo?
- ¿Soy capaz de reconocer que es el Espíritu Santo quien me empuja e impulsa?
- ¿Qué miedo he de abandonar de mi vida y que aún no he sido capaz?
VIDA – ORACIÓN
Qué tu Espíritu Señor descienda sobre mí y aparte mis temores, que impulse a hacer aquello que Tú quieres que haga. Qué sea capaz de contar a todo el mundo que mi Señor ha muerto, pero ha resucitado y por eso estamos alegres. Así sea.
martes, 6 de abril de 2021
Reflexionamos (Página web)

lunes, 5 de abril de 2021
Audiolibro de la Biblia
