sábado, 21 de agosto de 2021

“¿A quién vamos a ir?” Lectio Divina del evangelio del Domingo XXI del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

 



VERDAD – LECTURA

Jn 6,60-69

Versículos antes, Jesús nos ha hablado acerca de la entrega, de la donación, de dar la vida. Lo cual, para los discípulos y para nosotros mismos, resulta de algún modo demasiado pesado, impensable, difícil de llevar a la práctica. Una cosa es creer, compartir, hacer cosas, pero… entregarse a uno mismo, darse, eso es muy difícil, por no decir, casi imposible.

Sus discípulos esperaban otra cosa del seguimiento de Jesús, nosotros esperamos otra cosa, la sociedad nos demanda otra cosa. Estamos inmersos en la vorágine del triunfalismo, del ganador, del que más vale. Y viene Jesús a decirnos que, no sólo hemos de renunciar a todo esto, sino que además tenemos que estar dispuestos a dar nuestra vida por los demás… “Este modo de hablar es insoportable, ¿quién puede hacerle caso?”

Sus discípulos no se dieron cuenta, nosotros aún no nos damos cuenta, entregar la vida por los demás no es el fin, no es la conclusión, no es la último término. La entrega de Jesús y nuestra propia entrega es expresión del amor, de la Vida, de la Resurrección, no sólo de Jesús, sino de la nuestra. Por eso, Jesús volverá a subir a donde estaba antes y nosotros tendremos vida eterna en él.

Llevar a cabo esta entrega, esta donación es imposible con nuestras propias fuerzas, necesitamos la fuerza del Espíritu, la fuerza del Amor. Es el Espíritu quien da vida. El hombre es débil, frágil, quebradizo. El que es vida comunica la vida y nos ayuda asimilarnos, impregnarnos, incorporarnos vitalmente a Jesucristo.

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INFORMAR DE ESTE ANUNCIOPRIVACIDAD

Al no ser conscientes de todo esto, los discípulos entran en crisis, nosotros entramos en crisis, se nos revuelve todo por dentro y “se nos caen los palos del sombrajo”. Aunque Jesús, ya contaba con esto. Estamos demasiado apegados a nuestra libertad que al fin y la postre no deja de ser un modo de esclavitud. Darse, entregarse, donarse, porque uno quiere, nos otorga la mayor libertad que podamos imaginar, nos libera de todas nuestras ataduras, de todo lo que nos esclaviza, de todo lo que no nos deja ser nosotros mismos. Esta donación es un regalo de Dios, por eso debemos pedir continuamente al Padre que nos conceda poder seguir verdaderamente a Jesús, que nos conceda asimilarnos a Jesús, que nos conceda vivir la vida de Jesús. Muchos abandonan a Jesús porque vivir esta vida es difícil, nos parece imposible, porque nos cuesta horrores salir de nuestra “zona de confort”, de nuestra comodidad, queremos evitar los riesgos, lo desconocido, la novedad.

Jesús entonces se dirige a los más cercanos, a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” Será Simón Pedro quien responda en nombre del grupo: ¡No! No queremos marcharnos, a dónde vamos a ir lejos de Jesús, quién nos colmará esa inquietud, esa desazón, ese desasosiego que nos consume por dentro. Jesús es el consagrado del Padre, Jesús es el ungido por el Espíritu, Jesús es la Vida, y la vida eterna. Y sólo unidos a él alcanzaremos esa plenitud de la vida que el Padre nos regala.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, frase, palabra o versículo han tocado, especialmente, tu corazón? ¿Por qué? ¿Qué crees que quiere decirte Dios Padre en este momento concreto de tu vida?
  • ¿Qué sentimientos se despiertan en ti ante la petición de Jesús de darse a uno mismo, de entregar la vida? También para ti, ¿son escandalosas las palabras de Jesús?
  • ¿Qué te impide dejar que el Espíritu te transforme para asimilarte vitalmente con Jesús?
  • ¿Cuál es tu reacción ante la crisis? Crisis significa cambio, ¿qué es lo que te impide salir de tu “zona de confort”?
  • ¿Eres consciente de que el único que puede colmar tu inquietud, tus ansias de libertad, de emancipación, de trascendencia, de eternidad… es Jesucristo?
  • ¿Qué puedes hacer tú para asimilarte cada vez más vitalmente a Jesús? ¡Ponte manos a la obra!

VIDA – ORACIÓN

  • Te invitamos a mantener un dialogo con Jesús, háblale con tranquilidad, escucha lo que él tiene que decirte.
  • Dile que quieres entregar tu vida, pero que no eres capaz de hacerlo solo, que necesita de él, que necesitas la fuerza del Espíritu.
  • Métete en la escena y escucha como, también a ti, Jesús te dice: “¿También tú quieres marcharte?” Respóndele desde el corazón, desde ese lugar recóndito y profundo al que únicamente el Padre tiene acceso.
  • Déjate modelar por el Espíritu, entrégate sin condiciones.
  • Comprométete a salir de tu “zona de confort”, a soltar lastre, a dejar atrás todo lo que te impide darte a ti mismo, entregarte y donarte por los demás.


miércoles, 18 de agosto de 2021

LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, SOLEMNIDAD

 VERDAD – LECTURA









Lucas 1, 39-56

El evangelio que hoy nos regala la liturgia, nos narra el encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel. En él se nos habla de escucha, de atención y de acogida. María e Isabel, dos mujeres que saben estar atentas a la voz de Dios, dos mujeres que escuchan la Palabra y la acogen en su corazón para ponerla en práctica. Un encuentro entre dos mujeres que se felicitan, mutuamente, por el gran regalo que han recibido de Dios. La primera el don de engendrar al Salvador del mundo, la segunda la de engendrar al Precursor. Dos mujeres que han sabido acoger el don de Dios en sus vidas. Dos mujeres que han sabido cobijar el amor de Dios y entregarlo de manera gratuita a los demás. Dos mujeres que han sabido interpretar las señales que Dios les va mostrando en su camino. Dos mujeres que desbordan felicidad ante el gran amor y ante la misericordia infinita de Dios.

Lucas acentúa la prontitud con la que María acoge y responde a la llamada de Dios, a su Palabra, al mandato amoroso de Dios. Ante el anuncio del ángel, en el momento de la encarnación, de que su pariente Isabel está encinta, se pone en camino y va aprisa a la montaña. María sale al encuentro de las necesidades de Isabel. María, que lleva en su seno al Autor de la vida, se pone en camino para ofrecer y donar su propia vida. Entra en casa de Zacarías y saluda a Isabel. Se pone en sintonía con ella. Entra en su mundo y en su vida; la acoge lo mismo que ha acogido al Salvador; se pone a su disposición.

Isabel, por su parte, también acoge a la Madre del Salvador; acoge la Buena Noticia, acoge el don gratuito de Dios. Y tal es la alegría y el gozo de ese encuentro que el pequeño Juan salta en su vientre. Isabel ha sabido acoger y descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos de la vida: en un encuentro, en una visita, en una casa, en un abrazo, en la sencillez, en el diálogo, en la ayuda mutua. Isabel ha sabido acoger el don de Dios, el don del Espíritu Santo, y llena de él a voz en grito exclama: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!».

«Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». La Palabra de Dios siempre actual, siempre presente, siempre vigente, siempre performativa, es decir que al enunciarse realiza la acción, a la vez que se expresa la acción ocurre, es un hecho constatable y vigente. La Palabra de Dios viva y eficaz se hace acto, acción, creación nueva. El Antiguo Testamento da paso al Nuevo. Las promesas de Dios se cumplen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera vivo atento/a a la Palabra para acogerla y ponerla por obra? ¿En qué medida estoy atento/a a los dones que Dios me regala cada día? ¿En qué medida acojo esos dones de Dios?
  • ¿Con qué prontitud acojo y respondo a la llamada de Dios? ¿Salgo el encuentro de las necesidades de los demás? ¿Se ponerme a su disposición?
  • Al descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y acoger los dones que él me regala a diario. ¿Desbordo de gozo? ¿Salto de alegría?
  • ¿Considero la Palabra como actual, presente, capaz de transformar mi vida y la de los otros? ¿La Palabra de Dios, para mí, está viva, es eficaz, se hace acción?

VIDA – ORACIÓN

Querido Padre Dios, que sales a nuestro encuentro cada día, para mostrarnos y regalarnos tu misericordia, derrama tu Espíritu sobre nosotros, para que cada uno de nuestros encuentros nos conduzcan a la fe y seamos mensajeros del evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


lunes, 16 de agosto de 2021

Comentario de las lecturas de la Solemnidad de la Asunción de María (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

 Comentario de las lecturas de la Solemnidad de la Asunción de María (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)

Asunción de la Virgen María
María no escucha por escuchar. Escucha con atención y provecho la Palabra que Dios le habla, guardándola y meditándola en su corazón:
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. (Salmo 44)
Por eso es, que, el Espíritu la mueve y pone en camino, convirtiéndola en Mujer en salida, al encuentro y servicio del otro:
“María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, …” (San Lucas 1,39-56)
La Palabra y el Espíritu que la transportan, llenará de alegría y movimiento a Juan, aún en las entrañas de su madre. La fe confirmada de Isabel, ante el cumplimiento de la Palabra de Dios en su prima María, la llena del Espíritu de Dios. Una llenura que solo puede ser expresada a gritos, en una vida de admiración y alegría que se torna en alabanza a lo santo y de adoración a Dios:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
Isabel, en María, anticipadamente contempla el principio de la nueva creación de Dios. Ve al Creador, al que del barro creó a la humanidad, hacerse barro en el seno de su prima, para devolver posteriormente a toda la humanidad, la vida y la dignidad perdidas por el pecado.
“Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.” (1 Corintios 15,20-27a)
Ella es muestra de que Dios no ha desechado nuestra carne, muerta por el pecado. Sino que, mirando nuestra bajeza, a través de su encarnación en el seno de María, ha querido revestirnos de gloria e inmortalidad. Esto es lo que, de otra manera, venía a decir el Arca de la Alianza. Un cajón de madera de acacia, pero revestido de oro puro, y con argollas y varales ser transportado y andar camino.
La grandeza de María es que ella, en cuerpo y alma: «Proclama la grandeza del Señor, y su espíritu “se alegra en Dios, su salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”. Ella no se siente grande en ella misma, sabe que su grandeza está en Dios.
San Agustín dice: «Antes de concebir al Señor en su cuerpo, ya lo había concebido en su alma». Benedicto XVI: María es “feliz” porque se ha convertido —totalmente, con cuerpo y alma, y para siempre— en la morada del Señor. Si esto es verdad, María no sólo nos invita a la admiración, a la veneración; además, nos guía, nos señala el camino de la vida, nos muestra cómo podemos llegar a ser felices, a encontrar el camino de la felicidad.
Así que, ¡“Feliz día de la Asunción de nuestra Madre”!
Joan Palero




sábado, 14 de agosto de 2021

San Maximiliano Kolbe. 60 años de su muerte



De Vatican News:

https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-08/maximiliano-kolbe-al-dar-su-vida-por-un-hermano-se-asemejo.html


Encarnó perfectamente las palabras del Señor

Tras ser venerado como “Beato” desde el año 1971, el domingo 10 de octubre de 1982, San Juan Pablo II canonizó a su compatriota Maximiliano Kolbe en la Plaza de San Pedro. La homilía del Pontífice polaco comenzaba con las palabras del Evangelista San Juan: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, que este Santo supo encarnar a la perfección, puesto que, como dijo el Papa Wojtyła, a partir de ese día “la Iglesia quiere llamar ‘santo’ a un hombre a quien le fue concedido cumplir de manera rigurosamente literal estas palabras del Redentor”. Y recordaba:

Hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros, destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941.

Juan Pablo II recordó en su biografía que “todo esto sucedía en el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), donde fueron asesinados durante la última guerra unos cuatro millones de personas, entre ellas Edith Stein (la carmelita sor Teresa Benedicta de la Cruz), a quien el mismo Santo Padre canonizaría años más tarde, el 11 de octubre de 1998. El Papa Wojtyła también dijo en su homilía:

“La desobediencia al mandamiento de Dios creador de la vida: ’No matarás’, causó en ese lugar la inmensa hecatombe de tantos inocentes. En nuestros días, pues, nuestra época ha quedado así horriblemente marcada por el exterminio del hombre inocente”

Reivindicó el derecho a la vida en un lugar de muerte

De manera que – afirmó Juan Pablo II – el Padre Maximiliano Kolbe, “prisionero del campo de concentración, reivindicó, en el lugar de la muerte, el derecho a la vida de un hombre inocente, uno de los cuatro millones”. Y de hecho aquel hombre, Franciszek Gajowniczek, vivía entonces y estaba allí presente entre quienes participaban en la solemne ceremonia de canonización.

“El Padre Kolbe reivindicó su derecho a la vida, declarando la disponibilidad de ir él mismo a la muerte en su lugar, ya que ese hombre era un padre de familia y su vida era necesaria para sus seres queridos”

Dio testimonio de Cristo

“De este modo – prosiguió Juan Pablo II – el Padre Maximiliano María Kolbe reafirmó así el derecho exclusivo del Creador sobre la vida del hombre inocente y dio testimonio de Cristo y del amor. Así, escribe, en efecto, el Apóstol Juan: ‘En esto hemos conocido la caridad: en que Él dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos’”.

Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de los justos

Al poner de relieve el valor especial que a los ojos de Dios tiene la muerte por martirio del Padre Maximiliano Kolbe, San Juan Pablo II dijo al recordar el Salmo 115 que reza: “Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de los justos”:

“Mediante la muerte de Cristo en la Cruz se realizó la redención del mundo, ya que esta muerte tiene el valor del amor supremo. Mediante la muerte del Padre Maximiliano Kolbe, un límpido signo de tal amor se ha renovado en nuestro siglo, que en tan alto grado y de tantos modos está amenazado por el pecado y la muerte”

Modelo de todos los mártires

El Papa polaco invitaba a glorificar aquel día las grandes obras de Dios en el hombre. Y a hacerlo porque “ante todos nosotros, reunidos aquí, el Padre Maximiliano Kolbe levanta el cáliz de la salvación, en el que está recogido el sacrificio de toda su vida, sellada con la muerte de mártir por un hermano”.

Maximiliano se preparó a este sacrificio definitivo siguiendo a Cristo desde los primeros años de su vida en Polonia. De aquellos años data el sueño arcano de dos coronas: una blanca y otra roja, entre las que nuestro santo no elige, sino que acepta las dos. Desde los años de su juventud estaba invadido por un gran amor a Cristo y por el deseo del martirio.

“Este amor y este deseo lo acompañaron en el camino de su vocación franciscana y sacerdotal, para la que se preparó en Polonia y en Roma. Este amor y este deseo lo siguieron a través de todos los lugares de su servicio sacerdotal y franciscano en Polonia, y en su servicio misionero en Japón”

La inspiración de toda su vida fue la Inmaculada

Hacia el final de su homilía San Juan Pablo II afirmó que “Dios probó a Maximiliano María y lo encontró digno de sí. Lo probó como oro en el crisol y le agradó como un holocausto”. Y añadió que “semejante vida es fruto de la muerte a la manera de la muerte de Cristo. La gloria es la participación en su resurrección”.

“El fruto de la muerte heroica de Maximiliano Kolbe perdura de modo admirable en la Iglesia y en el mundo (…). La Iglesia acepta este signo de victoria, conseguida mediante el poder de la redención de Cristo, con veneración 

Apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada

A la hora del rezo del Ángelus y después de la solemne ceremonia de canonización, San Juan Pablo II recodaba “las inspiradas palabras del nuevo Santo, Maximiliano María Kolbe, apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada” quien destacaba el misterio de la Encarnación del Verbo en el seno purísimo de María Santísima afirmando:

María según San Maximiliano Kolbe

“Al cumplirse el tiempo de la venida de Cristo, Dios Uno y Trino crea exclusivamente para Sí a la Virgen Inmaculada, la colma de gracia y habita en Ella (‘El Señor es contigo’). Y esta Virgen Santísima con su propia humildad cautiva de tal manera su Corazón, que Dios Padre le da por Hijo a su propio Hijo Unigénito; Dios Hijo desciende a su seno virginal, mientras Dios Espíritu Santo plasma en Ella el cuerpo santísimo del Hombre-Dios. Y el Verbo se hizo carne como fruto del amor de Dios y de la Inmaculada”.

“María es el don maravilloso que Cristo ha hecho a la Iglesia y a la humanidad. Para atraer a las almas y transformarlas mediante el amor, Cristo manifestó el propio amor iluminado, el propio Corazón inflamado de amor por las almas, un amor que le ha impulsado a subir a la cruz, a permanecer con nosotros en la Eucaristía y a entrar en nuestras almas y a dejarnos en testamento su propia Madre como Madre nuestra”


viernes, 13 de agosto de 2021

“UNA MUJER VESTIDA DEL SOL, CON LA LUNA BAJO SUS PIES Y UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS EN LA CABEZA.” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (CICLO B)

 


VERDAD – LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1-6a.10a-b

11 19Entonces se abrió el templo de Dios, el que está en el cielo, se vio en su templo el arca de su alianza. 121Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza. 2Estaba encinta, y gritaba con los dolores de parto y las angustias de dar a luz. 3Otra señal apareció en el cielo: un dragón color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos; sobre sus cabezas, siete diademas; 4su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra. El dragón se puso delante de la mujer en trance de dar a luz, para devorar al hijo tan pronto como le diera a luz. 5Ella dio a luz un hijo varón, el que debía regir a todas las naciones con una vara de hierro. El hijo fue arrebatado hacia Dios y a su trono. 6Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios. 10Oí una voz potente en el cielo, que decía: Ahora ha llegado la victoria, el poder, el reino de nuestro Dios y la soberanía de su mesías.

La liturgia de hoy, solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en la primera lectura nos ofrece un fragmento del libro del Apocalipsis.

Merece la pena, dedicar un instante a explicar algo acerca de este libro, porque cuanto menos nos resulta misterioso y en muchos casos, algo difícil de entender por su lenguaje, por las imágenes que usa y, también, porque no, por todo aquello que nos han dicho sobre él.

Lo primero que hemos de tener en cuenta, es el nombre del libro: apocalipsis. A muchos de nosotros nos suena como el fin catastrófico y violento del mundo. Sin embargo, esa percepción no tiene nada que ver con su significado bíblico. La palabra apocalipsis es la transcripción del término griego Apokalypsis. Que en realidad significa revelación o manifestación. Por tanto, podemos concluir que el autor del libro lo que pretende es desvelar o comunicarnos alguna cuestión que hasta este momento era desconocida. Y algo muy importante que debemos tener en cuenta cuando leemos este libro es que su contenido no debemos interpretarlo de manera literal, sino de modo simbólico. Por tanto, es imprescindible que se interpreten bien dichos símbolos.

En el pasaje con el que hoy nos invita a orar la liturgia, nos encontramos como la historia humana es representada con imágenes de tipo cósmico: el cielo o señales que en el aparecen.

Por el contexto de la narración e intentando profundizar un poco en ella, podemos deducir que nos está contando la lucha entre el bien y el mal: el dragón y el niño.

Un niño, representando el sumo bien, que se encarna, el Verbo de Dios encarnado y que nace de una mujer.

El arca representando la alianza de Dios con su Pueblo y el arca de la nueva alianza, esa mujer en cinta que está a punto de dar a luz al Salvador del mundo. Este alumbramiento aparece como una gran señal en el cielo que nos traerá la nueva alianza representada en Jesucristo.

La mujer se encuentra en la presencia de Dios, tal y como podemos leer en el texto: “vestida de sol, la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.” Es decir, la mujer aparece toda luminosa e iluminada, está en la presencia plena de Dios. Y Él quiere servirse de ella para traer al mundo la salvación. La luna representa la temporalidad, el cambio; y si la mujer la tiene bajo sus pies, quiere decir que ella no está sometida ni al cambio, ni al tiempo. Las doce estrellas aluden, sin ninguna duda, a las tribus de Israel y a los doce apóstoles (la Iglesia), que tienen la misión de anunciar la salvación.

Esta figura esplendorosa de mujer siente dolores de parto, está a punto de dar a luz; y en este trance se encuentra amenazada por el dragón. En contra del establecimiento de la nueva alianza se levantan las fuerzas del mal, la cuales no podrán hacer ningún daño, pues una vez nacido, el niño es arrebatado junto a Dios y su trono. El dragón no puede dañarle en nada. Jesús está definitivamente al lado de Dios y tampoco nada podrá dañar al pueblo de la nueva alianza, a su Iglesia, aún cuando continuemos en lucha contra las fuerzas del mal.

Esa mujer, es María, de la que hoy celebramos su Asunción al cielo. Es decir, su elevación a la presencia de Dios. María es mujer y madre, una maternidad que no se refiere únicamente a Jesús, sino a cada uno de nosotros y a su Iglesia. Ella tiene la misión, también, de ayudarnos a engendrar en nuestra vida cotidiana a Jesús de Nazaret para que lo anunciemos por todos los confines del mundo.

La mujer, que puede representar también a la Iglesia, huye al desierto, que ha sido preparado por Dios para ella, lugar de soledad y peligro, pero también de encuentro con Dios; en él que encuentra refugio.

El versículo final es un auténtico cántico de victoria y esperanza, pues “ahora ha llegado la victoria, el poder, el reino de nuestro Dios y la soberanía de su mesías”. Las fuerzas del mal nunca podrán prevalecer, ni triunfar frente al bien.

Pidamos hoy, especialmente, a María, que engendro al Salvador y es la mujer vestida de sol, que nos ayude en nuestras luchas y batallas cotidianas para vencer al mal a fuerza de bien.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo acoges las presencia de Jesús en tu vida? ¿Estás dispuesto a engendrarlo cada día, para como María entregarlo a los que te rodean?
  • ¿Cómo reaccionas ante las dificultades, ante los peligros que acechan a la Iglesia y a ti mismo como anunciador del evangelio de Jesucristo?
  • ¿Qué lugar ocupa María, la Mujer vestida de sol, en tu vida? ¿Le pides ayuda en los momentos de dificultad?
  • ¿Eres consciente de que estando en la presencia de Dios no es posible que las fuerzas del mal prevalezcan sobre el bien?
  • Alégrate, con Jesús, con María y con su Iglesia porque Ahora ha llegado la victoria, el poder, el reino de nuestro Dios y la soberanía de su mesías.

VIDA – ORACIÓN

Te invitamos a orar con el Magníficat que escucharemos hoy en el evangelio.

Lc 1,46-55

46“Mi alma glorifica al Señor

47 y mi espíritu se regocija en Dios, mi salvador,

48 porque se ha fijado en la humilde condición de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa/ todas las generaciones,

49 porque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes,

su nombre es santo;

50 su misericordia de generación en generación para todos sus fieles.

51 Ha desplegado la fuerza de su brazo,

ha destruido los planes de los soberbios,

52 ha derribado a los poderosos de sus tronos

y ha encumbrado a los humildes;

53 ha colmado de bienes a los hambrientos

y despedido a los ricos con las manos vacías.

54 Ha socorrido a su siervo Israel, acordándose de su misericordia,

55 como había prometido a nuestros padres,

en favor de Abrahán y su descendencia para siempre”.

domingo, 8 de agosto de 2021

“LEVÁNTATE Y COME” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

 VERDAD – LECTURA




1Reyes 19,4-8

En aquellos días,  4Elías se internó en el desierto una jornada de camino y fue a sentarse bajo una retama, deseándose la muerte y diciendo: “¡Ya basta, oh Señor! Quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres”.

5Luego se acostó y se quedó dormido debajo de la retama. Un ángel le tocó y le dijo: “Levántate y come”. 6Miró en derredor, y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras ardiendo y un vaso de agua. Comió, bebió y luego se volvió a acostar.

7El ángel del Señor volvió por segunda vez, le tocó y le dijo: “Levántate y come, pues te resta un camino demasiado largo para ti”. 8Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel manjar caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.

Como ya sabemos por otras Lectios que hemos compartido, los libros de los Reyes continúan el hilo histórico de los libros de Samuel. La historia de los libros de los Reyes abarcan el período que va desde los últimos días del rey David hasta el destierro de Babilonia. Los profetas, junto con los reyes, son los principales protagonistas de estos libros.

Hoy, en concreto nos encontramos con un pasaje del primer libro de los Reyes, del llamado “ciclo del profeta Elías”. En esta época, el trono de Israel estaba ocupado por el rey Ajab, del cual sabemos por unos capítulos anteriores que fue una persona que “hizo lo que es malo a los ojos del Señor, más que todos sus predecesores; y, no bastándole imitar los pecados de Jeroboán, hijo de Nabat, tomó por esposa a Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios, y sirvió y adoró a Baal” (1Re 16,30s). El profeta Elías le reprochará su conducta, lo cual desatará, sobre todo, la ira de Jezabel. Debido a lo cual aquel tiene que huir.

Se encuentra atravesando el desierto y tras una dura jornada de camino, desalentado, desanimado y decaído, por los acontecimientos sucedidos, se sienta bajo una retama deseándose a sí mismo la muerte. Siente que él mismo Yahveh le ha abandonado. Es entonces cuando eleva una oración a Dios y se queda dormido.

Por medio de un ángel, Dios cambia radicalmente la situación y le da fuerzas para continuar el camino: ¡Levántate y come! Comió, bebió y se volvió a acostar. Elías se encuentra en la misma actitud que al principio. Pero, el encuentro con Dios no es sólo para alimentarse. Es para que recobre fuerza y vuelva a ponerse en camino hacia el monte Horeb.

Al igual que el pueblo de Israel, en el desierto, después de su liberación de Egipto, el profeta va a encontrarse con Dios.

Ante las dificultades, no es cuestión de huir o de dejarse morir. Es cuestión de volverse hacia Dios, ir a su encuentro y con fuerzas renovadas emprender el camino para continuar la misión de anunciar la cercanía de Dios y la liberación de su pueblo.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cómo afrontas las situaciones de dificultad en tu vida? ¿Te abandonas? ¿Te dejas abatir?
  • Dios está presente en tus dificultades cotidianas, ¿lo sientes así?
  • ¿Qué señales de la presencia de Dios vas encontrando a lo largo de tu camino?
  • ¿Oras a Dios para que te ayude ante los problemas que se te presentan?
  • ¿Estás dispuesto, con la ayuda de Dios, a continuar tu camino anunciando que él está presente entre nosotros y nos sostiene en todo momento?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 34

1Escúchame, Señor, atiéndeme, pues soy pobre y desdichado;

2guarda mi vida, pues soy tu amigo; tú eres mi Dios, salva a este siervo tuyo que en ti espera;

3ten piedad de mí, Señor, pues te estoy llamando a todas horas;

4alegra el corazón de este siervo tuyo, pues hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5Señor, tú que eres bueno y que perdonas, lleno de piedad para los que te invocan,

6escucha mi plegaria, Señor, atiende a la voz de mi súplica;

7en el día de mi angustia yo te llamo porque tú siempre me escuchas.

8Entre los dioses, Señor, no hay nadie como tú ni hay obras semejantes a las tuyas.

9Todas las naciones que tú hiciste vendrán a ti, Señor, para adorarte y glorificar tu nombre.

10Tú eres grande y haces maravillas, pues tú eres el único Dios.

11Enséñame tus caminos, Señor, para que yo camine en la verdad; haz que mi corazón reverencie tu nombre.

12Te alabaré de todo corazón, Señor, Dios mío, ensalzaré tu nombre eternamente,

13pues tu misericordia conmigo fue muy grande, me has librado del fondo del abismo.

14Oh Dios, unos arrogantes se alzan contra mí, una banda de violentos quiere acabar conmigo, y tú les tienes sin cuidado.

15Mas tú, Señor, misericordioso y compasivo, paciente y lleno de amor y de lealtad,

16ven conmigo, ten compasión de mí; da tu fuerza a este tu siervo, salva al hijo de tu sierva,

17dame una prueba de tu amor, para que mis enemigos lo vean y se avergüencen, pues tú, Señor, me ayudas y consuelas.