lunes, 16 de noviembre de 2020
Testimonio: Luis Muntanyola
domingo, 15 de noviembre de 2020
Lectura Domingo XXXIII. Parábola de los Talentos
Domingo, 15 de noviembre de 2020
rio (Ciclo A)
Con el capítulo 25 del evangelio de san Mateo, terminaremos el año litúrgico en este ciclo A. Y antes de que el evangelista nos relate la pasión, muerte y resurrección de Cristo, en sus tres últimos capítulos, en este nos presenta a Jesús en la parábola de las diez vírgenes: Como al Esposo que viene al encuentro de su amada. Como al Señor y dueño de todo, quién yéndose lejos, repartió entre sus empleados todos sus bienes. Y como Rey Soberano del universo, que, con justicia y verdad, juzgará a las naciones.
Jesús, hablando en parábolas, da cumplimiento a las palabras del profeta: … y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. = (S Mt 13, 34-35)
Con lenguaje adaptado a lo sencillo y actual en aquel momento, Jesús atrae el interés y atención de sus oyentes, persiguiendo que a través de lo sencillo y actual, los sencillos puedan entender verdades ocultas y eternas; y, además, no las olviden fácilmente.
La parábola de este domingo, la de los talentos, es la parábola más significativa de Jesús en cuanto a la confianza que Él ha depositado en todos y en cada uno de los que le escuchamos. Tal vez, para entender mejor esta parábola, nos ayude un poco meternos en la mente y cultura de aquel tiempo, y recordar cuál era el valor de lo que Jesús confiaba a sus siervos.
Un talento era una medida de peso que equivalía a cerca de 60 minas, 3.000 siclos o 34 Kg de plata u oro... Un trabajador promedio ganaba dos óbolos por el trabajo de un día. Un talento, en el caso de ser de plata, representaba 36.000 óbolos, lo que es igual a 18.000 días de trabajo… Aproximadamente, unos 50 años de trabajo. Todo esto es lo que aquel hombre confió, en una sola entrega, al menos capacitado de todos sus siervos, a aquél que le dio “un solo talento”, 34 Kg de plata. Toda una fortuna en sus manos, y no hizo nada.
Viéndolo desde esta perspectiva, nos hacemos más conscientes del porqué de la decisión del amo al quitarle el talento al que, escondiéndolo por miedo, había desvalorizado el talento y la confianza de su amo. No basta con sobrevivir, ni con mantener, hay que vivir e invertir.
Tras la obra redentora de Jesús, nos convenía que Él se fuera, solo así podría enviarnos el mayor de los dones, el del Espíritu de Vida, capaz de hacernos y hacer nuevas todas las cosas. Los que hemos creído en Él, ya no somos como aquellas diez doncellas del domingo pasado, amigas de la Esposa, sino Iglesia Esposa de Cristo. Ahora, Jesús ya nos llama siervos, sino amigos. (San Juan 15, 15) Ahora, después de haber gustado su amor, no queda lugar para el miedo, porque el amor hecha fuera todo temor. Jesús, después de haber ocupado nuestro lugar, habiendo dado su vida por nosotros, la volvió a tomar, y subiendo a lo Alto, repartió sus dones entre los hombres.
A todos, por encima de vanas creencias, se nos ha confiado el don de la fe, íntimamente ligada a la Palabra y al Espíritu de luz y vida. El Hijo, por amor al Padre y al mundo, se nos ha dado en totalidad. Y por su Espíritu, vive y opera en nosotros, confiándonos su propia vida y obra. Vivir a Jesús es fructificar, trabajar, invertir la vida en la suya y en su causa de amor, en silencio, sin apariencias ni expectación. No vivirlo es contristarlo, apagarlo, esconderlo… tenerlo sin poseerlo.
¿Qué tenemos que no hayamos recibido? Lo que recibimos es porque Dios vio nuestras capacidades para desarrollarlo y multiplicarlo. No hay que tener miedo, el miedo se quita enfrentándolo. Sin tu talento, a todos nos falta algo.
Joan Palero
sábado, 14 de noviembre de 2020
Parábola de los Talentos (Lectio Domingo 15/nov)
Verdad – Lectio
Evangelio: Mt 25,14-30
Oramos hoy con la llamada parábola de los talentos. Estos eran una medida de peso utilizada en la antigüedad. Esta parábola podemos encontrarla junto a otras llamadas de la espera (p.e. la parábola de las vírgenes prudentes) de la venida del Señor. Una venida que no es inminente, tal y como se manifiesta en la frase “después de mucho tiempo” (25,19). El dueño de la hacienda a su vuelta, pide cuenta de los talentos que a cada uno les había entregado “según sus capacidades” (25,15). Algo sumamente importante, pues indica que Dios tiene en cuenta nuestras propias capacidades y no nos va a exigir más allá de nuestras propias fuerza. El trato será el mismo para todos seamos siervos fieles o infieles; es más si queremos, hasta prodiga un trato más que generoso. En ningún momento, pide que se le devuelva lo que había entregado, ni siquiera pide las ganancias, al contrario recompensa a sus siervos, incluso más allá de lo esperado.
Dicho esto, estamos en condiciones de entender mejor la actuación del último de los siervos y que me parece que es la clave de lectura de toda la parábola. Este último, aún teniendo sus propias capacidades, no se ha preocupado por incrementar su talento, su única preocupación ha sido conservar intacto lo recibido. Es más, incluso intenta justificar por todos los medios su actuación, atacando directamente al dueño de la hacienda, diciéndole prácticamente que es un hombre extremadamente duro y sin escrúpulos. Sin embargo, nosotros que hemos leído el comportamiento que ha tenido con los anteriores siervos, eso nos suena a excusa. Lo acusa de “cosechar donde no ha sembrado y recoger donde no ha esparcido” (25,24). Y a pesar de todo, su actuación ha sido precisamente la contraria, a los primeros no sólo le ha dado lo que han ganado sino que les ha invitado a participar de su propio gozo.
En el colmo de su desfachatez y encontrándose atrapado, finalmente se justifica diciendo que ha actuado movido por el miedo. En ningún momento, esta persona ha conocido realmente al dueño de la hacienda. La imagen que tiene de él es la de un amo, que trata a sus empleados como esclavos. Es la imagen que tenemos muchos cristianos de Dios, el supremo juez, no vemos a Dios como amor (1Jn 4,8). Ante esta imagen de Dios, a quien así vive, solo le cabe la esperanza de vivir fuera del gozo de su Señor.
La vida cristiana es estar en camino, es estar en continuo crecimiento, es vivir dejándonos hacer poco a poco por el Espíritu Santo, y Dios nos está continuamente regalando sus dones y su gracia para que podamos ir creciendo en nuestro camino de santidad, pero en nuestras manos está aceptar o no esta gracia y estos dones. El premio de la vida eterna contemplando el rostro de Dios es gratuito e igual para todo el mundo, pero nosotros podemos rechazar ese premio. Todos nosotros vamos a escuchar: “entra en el gozo de tu Señor” (25,21); pero, también podemos decir que no y darnos la vuelta. La respuesta a la invitación de nuestro Padre Dios, Amor y Amante está en nuestras manos.

Camino – Meditación
- ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
- ¿Cuál es la imagen que tengo de Dios? ¿La imagen del Juez o la imagen de Dios amor?
- Dios nos ha regalado a cada uno, según nuestras capacidades, una serie de dones ¿que hago yo para poner estos dones al servicio de mis hermanos, al servicio de la humanidad para la extensión del Reino? ¿pongo a “producir” estos dones o por el contrario los entierro?
- ¿Cuáles son las excusas que me digo a mi mismo, y por tanto también a Dios, para no asumir mi responsabilidad de extender el Reino?
- Me detengo por un instante a meditar (pasar por mi corazón) las palabras pronunciadas por el dueño de la hacienda y que Dios me las dirige a mi hoy: “entra a disfrutar del gozo de tu Señor”. Entra a disfrutar de la vida junto a mí ¿Qué sentimientos se despiertan en mi?
Vida – Oración
- Alabo al Padre porque quiere hacerme entrar en su propio gozo, porque me invita a compartir su propia vida.
- Pido perdón a Dios y a mis hermanos por las veces que no soy constructor del Reino a mi alrededor y sobre todo, por intentar justificarme con excusas sin sentido.
- Doy gracias a Dios porque no cesa de agasajarme y de llenar mi vida regalándome sus dones
sábado, 7 de noviembre de 2020
8 noviembre - Las Virgenes Prudentes
Lectio Divina 8 Noviembre (Virgenes Prudentes)
Nos encontramos dentro del llamado discurso apocalíptico de Mateo, quinto y último de su evangelio, que comprende los capítulos 24 y 25.
Dentro del contexto del “primer evangelio”, los primeros cristianos creían que el fin del mundo era inminente. Aunque, pasaba el tiempo y la parusía (segunda venida de Cristo glorioso al final de los tiempos) no llegaba; con lo que, la comunidad cristiana, tal y como bien apunta José Luis Sicre, tuvo que reinterpretar la idea de la misma, a pesar de las persecuciones que estaban sufriendo.
Sin embargo, el autor del evangelio no se deja llevar por el catastrofismo, la angustia o la tribulación; pues, en realidad “en cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre”. Luego, el cristiano lo que tiene que hacer es mantenerse en una actitud de vigilancia, pues la llegada del Reinado de Dios ocurrirá de manera inesperada.
Este es, podríamos decir, el contexto histórico del momento en el que se escribe la parábola, que la liturgia de hoy nos ofrece en la celebración de la eucaristía. Pero profundicemos un poco más en la misma para poder entenderla de una manera más satisfactoria.
Antes de celebrarse la ceremonia de la boda, un grupo de muchachas solía acompañar al novio para recoger a la novia en su casa y llevarla al lugar donde iba a celebrarse la misma. Este hecho da pie a Jesús para anunciar la Buena Nueva por medio de una parábola.
Se encuentran 10 muchachas (vírgenes) esperando la llegada del novio para acompañarle. Pero, éste se retrasa, va anocheciendo y a ellas les entra sueño, el aceite con el que se mantienen encendidas las lámparas se va consumiendo, hasta tal punto que ante la inminente llegada del novio, cinco de estas muchachas que no habían previsto dicha tardanza, deben ir a comprar más aceite.
Lo que se dice velar o vigilar, la verdad es que ninguna de ellas lo ha hecho. Por lo que más que a la vigilancia, Jesús nos esta invitando a ser previsores; lo importante es estar preparados, sin dejarlo todo para el último momento; Jesús nos está invitando a permanecer atentos con respecto al aceite de nuestras lámparas y no permitir que se acabe.
Está claro que el novio es Jesús y las diez vírgenes somo cada uno de nosotros. Pero, ¿qué es el aceite? Mateo nos lo aclarará precisamente a lo largo del capítulo veinticinco de su evangelio con la parábola de los talentos y con el relato sobre el juicio final. Ese aceite son la cualidades, recursos, capacidades, aptitudes, competencias, valores… que Dios nos ha regalado y que nosotros hemos de poner al servicio de los demás por medio de nuestras obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento; acoger al migrante, vestir al desnudo… En una palabra, hacer el bien a nuestro alrededor: al pobre, al pequeño, al más necesitado. Y, teniendo en cuenta que, esas cualidades, capacidades, recursos, esos talentos son individuales, son los que Dios ha dado a cada uno de nosotros, y todo eso no podemos dárselo al otro, pues él tiene los suyos propios, únicamente podemos ponerlos al servicio de los demás.
Por tanto, sigamos la invitación de Jesús a estar atentos para que el aceite de nuestra lámpara no se acabe, a estar preparados ante el retraso del esposo, pues no sabemos ni el día, ni la hora.
CAMINO – MEDITACIÓN
- ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
- El esposo, Jesús, nos está invitando al banquete de bodas, que es el Reinado de Dios, ¿estás preparado para ello?
- ¿De qué manera te estás preparando para la venida de Jesucristo? ¿Estás poniendo toda la carne en el asador?
- ¿Estás atento a las necesidades de las personas que están a tu alrededor?
- ¿Estás poniendo al servicio de los demás los dones que Dios te ha regalado?
VIDA – ORACIÓN
- Da gracias a Dios por todos los dones que te regala cada día.
- Alaba a Jesucristo por invitarte a estar atento a su próxima venida y por acompañarte durante la espera.
- Pide al Espíritu Santo que te ayude a poner todas tus cualidades, capacidades, facultades al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados.
- Intercede para que la Santísima Trinidad ayude a todos los seres humanos a mantener encendidas sus lámparas.
Hno Pepe Pedragosa
domingo, 1 de noviembre de 2020
Todos los Santos (Joan Palero)
“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (2ª lectura: 1ª Juan 3,1-3):