lunes, 16 de noviembre de 2020

Testimonio: Luis Muntanyola


Testimonio de Luis Muntanyola, miembro de la Escuela de Animadores Bíblicos, que recientemente ha recibido, camino hacia el Diaconado, el Ministerio de Lector.

TESTIMONIO DE VIDA HACIA EL DIACONADO
Me llamo Luis Muntañola Sanz, tengo 62 años, llevo casado con Carmen 37 años y tenemos cuatro chicos.
Voy a explicaros como llegó a mi vida la idea del diaconado.
En 2008 un gran amigo y mejor sacerdote, el Padre Carlos Cano, Pasionista, me sugirió que porque no estudiaba para diácono ya que estaba tan metido en la iglesia, pero le contesté “eso no es para mi Carlos”… y él no insistió.
Años mas tarde en 2010 el hto. François Dominique, de la Comunidad del Cordero donde somos - Carmen y yo - laicos comprometidos, me sugirió lo mismo… pero volví a decir que eso no era para mí; curiosamente cuando a un amigo le niegas algo suele insistir pero ellos no lo hicieron, y en 2012 la hta. Miriam, religiosa del Cordero me presentó a unos diáconos franceses que me explicaron su apostolado pero les dije que no lo veía para mí ni de lejos, tercera negación.
Finalmente en 2013, mi mujer me sugirió que hablara con Monseñor Salvador Cristau, al que conocemos mucho pues viene asiduamente por la Comunidad del Cordero, y con él hablé una tarde, le explique toda mi historia, y me instó a que pusiera mis dudas y pensamientos delante del Santísimo y volviera a verlo en 20 días.
Así lo hice y os aseguro que note como El Señor me pedía que lo intentase, que no dudara tanto, y se lo comunique así a Mons. Salvador. Estuve durante ocho meses acudiendo al seminario de Valldoreix cada quince días reuniéndome con Mons. Salvador, dándole vueltas al catecismo, y tras este período me encaminó a comenzar en 2014 los estudios de Ciencias Religiosas en el ISCREB y el curso pasado 2020 los acabé.
Os aseguro que durante todos estos años he disfrutado de las asignaturas, del profesorado, del ambiente, de los compañeros de camino, también he tenido muchas dudas pero ahora mismo estoy ahí, cerca del Señor a la espera de lo que El quiera de mi, ha sido una experiencia maravillosa todo lo aprendido.
A raíz de todo esto he recibido, junto a otros compañeros, la Admisión a Ordenes, y el Ministerio del Lectorado, y días antes de recibirlo pensaba en lo que iba a pasar después, como lo asimilaría, que iba a sentir, o si seria una como más, un escalón más… pero para nada ha sido una cosa más y hablando justo días antes con mi director espiritual me dijo unas palabras preciosas:
“Luis, haz que ese acto te llene el corazón y la gente no solo pueda verte un cambio por fuera, sino tu notes un cambio por dentro”… y sin duda esta siendo así, no se si la gente lo nota, nota un cambio en mi pero si puedo prometeros que me doy cuenta que algo se mueve en mi interior y al leer cada día la palabra de Dios veo que quiero desmenuzarla para entenderla en todas sus vertientes y -como dicen los hermanitos del Cordero - cuando mas la manduques (la repitas) mejor la entenderás y mas cosas te dirá, pues ahí estoy siguiendo a Jesús en su Palabra.

 
Luis Muntanyola

domingo, 15 de noviembre de 2020

Lectura Domingo XXXIII. Parábola de los Talentos

 Comentario a las lecturas del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)


Domingo, 15 de noviembre de 2020

33º Tiempo Ordina
rio (Ciclo A)


Con el capítulo 25 del evangelio de san Mateo, terminaremos el año litúrgico en este ciclo A. Y antes de que el evangelista nos relate la pasión, muerte y resurrección de Cristo, en sus tres últimos capítulos, en este nos presenta a Jesús en la parábola de las diez vírgenes: Como al Esposo que viene al encuentro de su amada. Como al Señor y dueño de todo, quién yéndose lejos, repartió entre sus empleados todos sus bienes. Y como Rey Soberano del universo, que, con justicia y verdad, juzgará a las naciones. 


Jesús, hablando en parábolas, da cumplimiento a las palabras del profeta: … y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. = (S Mt 13, 34-35)

Con lenguaje adaptado a lo sencillo y actual en aquel momento, Jesús atrae el interés y atención de sus oyentes, persiguiendo que a través de lo sencillo y actual, los sencillos puedan entender verdades ocultas y eternas; y, además, no las olviden fácilmente.


La parábola de este domingo, la de los talentos, es la parábola más significativa de Jesús en cuanto a la confianza que Él ha depositado en todos y en cada uno de los que le escuchamos. Tal vez, para entender mejor esta parábola, nos ayude un poco meternos en la mente y cultura de aquel tiempo, y recordar cuál era el valor de lo que Jesús confiaba a sus siervos.

 

Un talento era una medida de peso que equivalía a cerca de 60 minas, 3.000 siclos o 34 Kg de plata u oro... Un trabajador promedio ganaba dos óbolos por el trabajo de un día. Un talento, en el caso de ser de plata, representaba 36.000 óbolos, lo que es igual a 18.000 días de trabajo… Aproximadamente, unos 50 años de trabajo. Todo esto es lo que aquel hombre confió, en una sola entrega, al menos capacitado de todos sus siervos, a aquél que le dio “un solo talento”, 34 Kg de plata. Toda una fortuna en sus manos, y no hizo nada.


Viéndolo desde esta perspectiva, nos hacemos más conscientes del porqué de la decisión del amo al quitarle el talento al que, escondiéndolo por miedo, había desvalorizado el talento y la confianza de su amo. No basta con sobrevivir, ni con mantener, hay que vivir e invertir. 


Tras la obra redentora de Jesús, nos convenía que Él se fuera, solo así podría enviarnos el mayor de los dones, el del Espíritu de Vida, capaz de hacernos y hacer nuevas todas las cosas. Los que hemos creído en Él, ya no somos como aquellas diez doncellas del domingo pasado, amigas de la Esposa, sino Iglesia Esposa de Cristo. Ahora, Jesús ya nos llama siervos, sino amigos. (San Juan 15, 15) Ahora, después de haber gustado su amor, no queda lugar para el miedo, porque el amor hecha fuera todo temor. Jesús, después de haber ocupado nuestro lugar, habiendo dado su vida por nosotros, la volvió a tomar, y subiendo a lo Alto, repartió sus dones entre los hombres. 


A todos, por encima de vanas creencias, se nos ha confiado el don de la fe, íntimamente ligada a la Palabra y al Espíritu de luz y vida. El Hijo, por amor al Padre y al mundo, se nos ha dado en totalidad. Y por su Espíritu, vive y opera en nosotros, confiándonos su propia vida y obra. Vivir a Jesús es fructificar, trabajar, invertir la vida en la suya y en su causa de amor, en silencio, sin apariencias ni expectación. No vivirlo es contristarlo, apagarlo, esconderlo… tenerlo sin poseerlo. 


¿Qué tenemos que no hayamos recibido? Lo que recibimos es porque Dios vio nuestras capacidades para desarrollarlo y multiplicarlo. No hay que tener miedo, el miedo se quita enfrentándolo. Sin tu talento, a todos nos falta algo.                               


Joan Palero

sábado, 14 de noviembre de 2020

Parábola de los Talentos (Lectio Domingo 15/nov)

Verdad – Lectio

Evangelio: Mt 25,14-30

Oramos hoy con la llamada parábola de los talentos. Estos eran una medida de peso utilizada en la antigüedad. Esta parábola podemos encontrarla junto a otras llamadas de la espera (p.e. la parábola de las vírgenes prudentes) de la venida del Señor. Una venida que no es inminente, tal y como se manifiesta en la frase “después de mucho tiempo” (25,19). El dueño de la hacienda a su vuelta, pide cuenta de los talentos que a cada uno les había entregado “según sus capacidades” (25,15). Algo sumamente importante, pues indica que Dios tiene en cuenta nuestras propias capacidades y no nos va a exigir más allá de nuestras propias fuerza. El trato será el mismo para todos seamos siervos fieles o infieles; es más si queremos, hasta prodiga un trato más que generoso. En ningún momento, pide que se le devuelva lo que había entregado, ni siquiera pide las ganancias, al contrario recompensa a sus siervos, incluso más allá de lo esperado.

            Dicho esto, estamos en condiciones de entender mejor la actuación del último de los siervos y que me parece que es la clave de lectura de toda la parábola. Este último, aún teniendo sus propias capacidades, no se ha preocupado por incrementar su talento, su única preocupación ha sido conservar intacto lo recibido. Es más, incluso intenta justificar por todos los medios su actuación, atacando directamente al dueño de la hacienda, diciéndole prácticamente que es un hombre extremadamente duro y sin escrúpulos. Sin embargo, nosotros que hemos leído el comportamiento que ha tenido con los anteriores siervos, eso nos suena a excusa. Lo acusa de “cosechar donde no ha sembrado y recoger donde no ha esparcido” (25,24). Y a pesar de todo, su actuación ha sido precisamente la contraria, a los primeros no sólo le ha dado lo que han ganado sino que les ha invitado a participar de su propio gozo.

            En el colmo de su desfachatez y encontrándose atrapado, finalmente se justifica diciendo que ha actuado movido por el miedo. En ningún momento, esta persona ha conocido realmente al dueño de la hacienda. La imagen que tiene de él es la de un amo, que trata a sus empleados como esclavos. Es la imagen que tenemos muchos cristianos de Dios, el supremo juez, no vemos a Dios como amor (1Jn 4,8). Ante esta imagen de Dios, a quien así vive, solo le cabe la esperanza de vivir fuera del gozo de su Señor.

            La vida cristiana es estar en camino, es estar en continuo crecimiento, es vivir dejándonos hacer poco a poco por el Espíritu Santo, y Dios nos está continuamente regalando sus dones y su gracia para que podamos ir creciendo en nuestro camino de santidad, pero en nuestras manos está aceptar o no esta gracia y estos dones. El premio de la vida eterna contemplando el rostro de Dios es gratuito e igual para todo el mundo, pero nosotros podemos rechazar ese premio. Todos nosotros vamos a escuchar: “entra en el gozo de tu Señor” (25,21); pero, también podemos decir que no y darnos la vuelta. La respuesta a la invitación de nuestro Padre Dios, Amor y Amante está en nuestras manos.

Camino – Meditación

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tengo de Dios? ¿La imagen del Juez o la imagen de Dios amor?
  • Dios nos ha regalado a cada uno, según nuestras capacidades, una serie de dones ¿que hago yo para poner estos dones al servicio de mis hermanos, al servicio de la humanidad para la extensión del Reino? ¿pongo a “producir” estos dones o por el contrario los entierro?
  • ¿Cuáles son las excusas que me digo a mi mismo, y por tanto también a Dios, para no asumir mi responsabilidad de extender el Reino?
  • Me detengo por un instante a meditar (pasar por mi corazón) las palabras pronunciadas por el dueño de la hacienda y que Dios me las dirige a mi hoy: “entra a disfrutar del gozo de tu Señor”. Entra a disfrutar de la vida junto a mí ¿Qué sentimientos se despiertan en mi?

Vida – Oración

  • Alabo al Padre porque quiere hacerme entrar en su propio gozo, porque me invita a compartir su propia vida.
  • Pido perdón a Dios y a mis hermanos por las veces que no soy constructor del Reino a mi alrededor y sobre todo, por intentar justificarme con excusas sin sentido.
  • Doy gracias a Dios porque no cesa de agasajarme y de llenar mi vida regalándome sus dones
Hno Pepe Pedragosa

 

sábado, 7 de noviembre de 2020

8 noviembre - Las Virgenes Prudentes

 

Domingo, 8 de noviembre de 2020
 

32º del Tiempo Ordinario (Ciclo A)
Con el final del evangelio de san Mateo, vamos llegando al final del año litúrgico, que, como siempre, desemboca en un nuevo principio: el adviento, tiempo de espera y esperanza.
Con la parábola de este domingo, las diez vírgenes, Jesús compara el Reino con diez doncellas que, en la noche, salen a ESPERAR al esposo. Una imagen de que creer no es solo esperar sentados, sino, como Abraham, salir y caminar esperanzados hacia la plenitud de las promesas divinas.
Aunque la comitiva de las doncellas no son la Esposa, sino que la acompañan al encuentro de su Amado, me hace bien recordar el significado del número diez en la Biblia, y que con este número suele referirse a la totalidad o al conjunto completo de algo. Así que, todos sumamos, estamos contados dentro del diez de la totalidad. A todos puede pasarnos algo parecido a ellas, pues: Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. (Mateo 25,1-13)
Punto seguido, Jesús da a entender a sus oidores, que, la Fiesta del amor y de la vida, no solo consiste en ser parte de un grupo, sino en que cada uno, personalmente, viva una realidad sensata de todo aquello que cree y espera, aprovechando y dando uso a todo lo que se la ha concedido, teniendo claro lo que es y para qué esta. No vaya a ser que perdamos la razón de nuestro ser.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
El cinco, bíblicamente, es el número de la responsabilidad de cada persona ante Dios. Todos hemos sido llamados, no solo a encontrar en Dios el sentido de la vida, sino también a vivirlo. Y para ello, cada uno ha de vivir la esperanza desde la sensatez de lo más profundo.
La primera lectura, (Sabiduría 6,12-16), muestra a la sabiduría como algo muy cercano, está “sentada a la puerta de casa”. Como algo accesible, pero que hay que desear. Y lo más importante es que ella nos desea, nos busca, quiere abordarnos, salirnos al paso en cada camino y pensamiento, para que la vida sea Fiesta, aun en medio de tardanzas y contratiempos: el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones;
La necedad, consistirá en querer vivir en mi propio mundo, a mi manera, insistiendo y perseverando en mis errores de siempre, aferrado a ideas o posturas equivocadas. Por ella, soy yo mismo (no Dios) quien cierra la puerta a la sensatez de la sabiduría.
“…llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.”
En el grupo de los diez compartimos muchas cosas en común, todos somos iguales y nos puede pasar a todos lo mismo. Lo único que nos diferencia es la sensatez o la necedad, el ser llevado por la esperanza o el dejarse llevar por inercias.
La Palabra despertó y puso de nuevo a las doncellas en movimiento: A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!"
La misma Palabra sigue siendo Espíritu y Vida, ella sigue siendo lámpara que alumbra. Sabiduría de Dios. En ella encontramos al Espíritu que siempre la acompaña, el aceite que necesitamos, el que, como a los de Emaús, hará arder nuestro corazón en nosotros, y volvernos de nuestros caminos.

Lectio Divina 8 Noviembre (Virgenes Prudentes)

 Biblia y Comunicación

 

Nos encontramos dentro del llamado discurso apocalíptico de Mateo, quinto y último de su evangelio, que comprende los capítulos 24 y 25.

Dentro del contexto del “primer evangelio”, los primeros cristianos creían que el fin del mundo era inminente. Aunque, pasaba el tiempo y la parusía (segunda venida de Cristo glorioso al final de los tiempos) no llegaba; con lo que, la comunidad cristiana, tal y como bien apunta José Luis Sicre, tuvo que reinterpretar la idea de la misma, a pesar de las persecuciones que estaban sufriendo.

Sin embargo, el autor del evangelio no se deja llevar por el catastrofismo, la angustia o la tribulación; pues, en realidad “en cuanto al día y la hora, no los conoce nadie, ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solo los conoce el Padre”. Luego, el cristiano lo que tiene que hacer es mantenerse en una actitud de vigilancia, pues la llegada del Reinado de Dios ocurrirá de manera inesperada.

 

Este es, podríamos decir, el contexto histórico del momento en el que se escribe la parábola, que la liturgia de hoy nos ofrece en la celebración de la eucaristía. Pero profundicemos un poco más en la misma para poder entenderla de una manera más satisfactoria.

Antes de celebrarse la ceremonia de la boda, un grupo de muchachas solía acompañar al novio para recoger a la novia en su casa y llevarla al lugar donde iba a celebrarse la misma. Este hecho da pie a Jesús para anunciar la Buena Nueva por medio de una parábola.

Se encuentran 10 muchachas (vírgenes) esperando la llegada del novio para acompañarle. Pero, éste se retrasa, va anocheciendo y a ellas les entra sueño, el aceite con el que se mantienen encendidas las lámparas se va consumiendo, hasta tal punto que ante la inminente llegada del novio, cinco de estas muchachas que no habían previsto dicha tardanza, deben ir a comprar más aceite.

 

 

Lo que se dice velar o vigilar, la verdad es que ninguna de ellas lo ha hecho. Por lo que más que a la vigilancia, Jesús nos esta invitando a ser previsores; lo importante es estar preparados, sin dejarlo todo para el último momento; Jesús nos está invitando a permanecer atentos con respecto al aceite de nuestras lámparas y no permitir que se acabe.

Está claro que el novio es Jesús y las diez vírgenes somo cada uno de nosotros. Pero, ¿qué es el aceite? Mateo nos lo aclarará precisamente a lo largo del capítulo veinticinco de su evangelio con la parábola de los talentos y con el relato sobre el juicio final. Ese aceite son la cualidades, recursos, capacidades, aptitudes, competencias, valores… que Dios nos ha regalado y que nosotros hemos de poner al servicio de los demás por medio de nuestras obras: dar de comer al hambriento, de beber al sediento; acoger al migrante, vestir al desnudo… En una palabra, hacer el bien a nuestro alrededor: al pobre, al pequeño, al más necesitado. Y, teniendo en cuenta que, esas cualidades, capacidades, recursos, esos talentos son individuales, son los que Dios ha dado a cada uno de nosotros, y todo eso no podemos dárselo al otro, pues él tiene los suyos propios, únicamente podemos ponerlos al servicio de los demás.

Por tanto, sigamos la invitación de Jesús a estar atentos para que el aceite de nuestra lámpara no se acabe, a estar preparados ante el retraso del esposo, pues no sabemos ni el día, ni la hora.


 

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • El esposo, Jesús, nos está invitando al banquete de bodas, que es el Reinado de Dios, ¿estás preparado para ello?
  • ¿De qué manera te estás preparando para la venida de Jesucristo? ¿Estás poniendo toda la carne en el asador?
  • ¿Estás atento a las necesidades de las personas que están a tu alrededor?
  • ¿Estás poniendo al servicio de los demás los dones que Dios te ha regalado?

 

 

VIDA – ORACIÓN

  • Da gracias a Dios por todos los dones que te regala cada día.
  • Alaba a Jesucristo por invitarte a estar atento a su próxima venida y por acompañarte durante la espera.
  • Pide al Espíritu Santo que te ayude a poner todas tus cualidades, capacidades, facultades al servicio de los demás, especialmente de los más necesitados.
  • Intercede para que la Santísima Trinidad ayude a todos los seres humanos a mantener encendidas sus lámparas.

 

Hno Pepe Pedragosa

domingo, 1 de noviembre de 2020

Todos los Santos (Joan Palero)

 

Comentario a las lecturas de la Solemnidad de Todos los Santos de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
 

 
 
Domingo, 1 de noviembre de 2020
Todos los Santos.
 
En este domingo, dos de las cuatro lecturas bíblicas son de San Juan, apóstol y evangelista, a quien la simbología pronto empezó a representar con el águila. Un ave muy apropiada para ello por sus muchas características, sobre todo por su sentido más desarrollado, el de la vista. La visión del águila es 4-5 veces mejor que la nuestra, y por como tiene situados los ojos, angulados a 30 grados del centro de la cara, posee también un campo de visión mucho mayor que el nuestro y el de muchos animales.
San Juan, como con vista de águila, ha visto en Jesús más allá de lo que la humanidad puede alcanzar a ver de Él por sí misma. Pero lo importante de haber podido ver, es que ha palpado y experimentado el Verbo de Vida.
El evangelista se siente especialmente amado, de ahí que la centralidad de todo su mensaje es que: “Dios es amor.” Y que conocer a Dios es amar. Un mensaje que invita al hombre, en todos los tiempos, a mirar a Dios desde esta perspectiva:
 
“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (2ª lectura: 1ª Juan 3,1-3):
No podemos mirar y ver este amor con nuestras capacidades, necesitamos unos ojos más potentes: Los ojos de la fe que es don de Dios. Contemplar con ellos el amor que el Padre nos tiene en Jesús, nos lleva a ver una nueva realidad que cambia nuestra propia realidad, y en respuesta, también ha de cambiar la realidad del mundo, por medio de la fe que obra en y por el amor.
Lo importante de una visión no es solo tenerla, sino ir tras ella; como el águila que viendo su presa se lanza sobre ella. O como Moisés, que, maravillado por la visión de la zarza, se acercó, y al acercarse escuchó la voz del Señor, entendiendo y realizando el propósito de aquella visión.
A pesar de la soledad del destierro, y todo tipo de sufrimientos y contrariedades, el apóstol, como águila volará por encima de las nubes y nubarrones de la realidad que le abruma, y contemplando el amor de Dios, en su visión del Hijo del Hombre, contempla el mismo cielo desde la tierra:
“Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría
l Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. (1ª Lectura: Apocalipsis 7,2-4.9-14)
Creo que, la fiesta de Todos los Santos, es un buena invitación para dejar de mirarme, de mirarnos. Dejar de sentirse desdichado e infeliz, al centrar la mirada en todos aquellos que, fijando los ojos en Jesús, encontraron el sentido y el propósito de la vida: Participar de la Vida y la Santidad de Dios. Hombres y mujeres felices que, en la pobreza y la mansedumbre lo poseyeron todo, aun en medio de lágrimas, de injusticias y todo tipo de contrariedades. Felices, porque que sus miradas, aspiraciones y esperanzas no volaban a ras de suelo, sino altos, como el vuelo del águila, por sobre los montes de este mundo, sin perder nunca de vista al sol, como viendo al Invisible visible en todo.
Qué bueno es ver y sentir, como san Juan y desde aquí, la presencia de nuestros hermanos santos en el cielo, y en comunión en el mismo Cuerpo, seguir sus pasos y ejemplos; compartiendo la misma esperanza que fue purificando sus vidas, y que va purificando las nuestras.
Hagamos silencio y escucharemos su grito: “Y gritan con fuerte voz: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.”
La tierra grita de dolor, unamos voces al grito fuerte del Cielo.
Joan Palero

Lectio Divina Domingo 1 Noviembre

 
VERDAD – LECTURA
Evangelio: Mt 5,1-42
Aunque en nuestra vida hay cosas que nos hacen sentirnos gozosos, contentos, no hay mayor alegría para un cristiano que gozar de la constante presencia del Señor; por eso, sus discípulos iban tras Él y mucha gente le seguía.
Hoy celebramos la fiesta de “Todos los Santos”, aquellos que siendo como nosotros, hoy están con Él, viéndolo cara a cara, los que forman parte del Reino de los Cielos, los que podemos llamar “bienaventurados” porque en su vida obraron bien, hablaron bien, dijeron bien para los otros, los afortunados, los dichosos. Esos que como la muchedumbre y los discípulos, siguieron a Jesús y se acercaron a Él para aprender de su vida y de sus palabras. Y Jesús, «tomando la Palabra, les enseñaba», lo que de verdad, debe dar alegría a un cristiano.
Una vez más, el evangelio de este domingo, nos viene a decir que nuestras aspiraciones y planes, no son los de Dios. Su plan es que los cristianos nos caractericemos por ser: mansos, hambrientos y sedientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, trabajadores incansables por la paz; aunque ello nos haga objeto de persecuciones e injurias. Sólo viviendo así, podremos alcanzar el Reino de los Cielos, ese lugar del que no sabemos su ubicación física, aunque lo solemos colocar en el cielo. Si bien, más que un lugar es un estado eterno, porque cuando tenemos a Dios delante, el tiempo ni importa ni existe. Sólo Dios es lo importante.
Hoy es la fiesta de todos aquellos que han tomado posesión de la tierra prometida, los que ya disfrutan de la herencia del Señor, porque como hijos del mismo Padre, tenemos cada uno nuestra parte a su lado; donde el llanto, la preocupación, los problemas ya no existen, porque todo es nada ante Dios, su consuelo. Ya no existen el egoísmo, las discordias, las disputas, sólo la paz y la justicia, la misericordia de un Padre que nos espera a todos con los brazos abiertos y nos perdona nuestros fallos cuando hemos querido ver con los ojos de Dios, con un corazón limpio, como el suyo. Esta es nuestra «recompensa», aunque durante nuestra vida terrena hayamos sido injuriados y perseguidos.

Es el día hoy de estar alegres y contentos por todos aquellos, anteriores a nosotros, que disfrutan de la dicha de los hijos de Dios y un día para la esperanza, porque sabemos que si actuamos como Jesús nos dice, tendremos, también, un lugar para nosotros en el Reino
Hno Pepe Pedragosa