sábado, 20 de febrero de 2021

“YO ESTABLEZCO MI PACTO CON VOSOTROS” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO I DE CUARESMA (CICLO B)

VERDAD – LECTURA

Gén 9,8-15

8 Dios dijo a Noé y a sus hijos: 9 “Yo establezco mi pacto con vosotros, con vuestros descendientes después de vosotros 10 y con todos los seres vivientes que hay entre vosotros: aves, ganados, bestias del campo, todos los animales que salieron con vosotros del arca. 11 Éste es mi pacto con vosotros: Ningún ser viviente volverá a ser exterminado por las aguas del diluvio, ni volverá a haber diluvio que arrase la tierra”.

 12 Y añadió: “Ésta será la señal del pacto que pongo entre mí y vosotros y todos los seres vivientes que hay entre vosotros, por todas las generaciones futuras. 13 Yo pongo mi arco iris en las nubes, y él será la señal de la alianza entre mí y la tierra.14 Cuando cubra de nubes la tierra, aparecerá el arco iris, 15 me acordaré de mi alianza con vosotros y con todos los vivientes de la tierra, y las aguas no volverán a ser un diluvio que arrase la tierra”.

Nos encontramos hoy en nuestra Lectio con este pasaje del libro del Génesis en el que después del diluvio universal, Dios se dirige a Noé y sus hijos para establecer con  ellos una nueva alianza, a pesar de la infidelidad de los seres humanos: “Ningún ser vivo volverá a ser exterminado”.

Eso sí, hay que hacer notar que esta alianza se extiende a la humanidad de todos los tiempos y a todos los seres vivientes

Una alianza o pacto en el que Dios da el primer paso. La iniciativa parte de Yahveh.

En este pacto Dios se compromete a derramar su bendición sobre todos los seres vivientes y muestra al ser humano su rostro misericordioso. Tal es así, que no pide nada a los seres vivientes al establecer dicha alianza. Es Él quien asume todo el compromiso.


Una alianza en favor de la vida, la paz y la felicidad de toda la creación.

El arcoíris será el signo visible de esta alianza eterna y recuerdo de la fidelidad de Dios a este pacto.

CAMINO – MEDITACIÓN

 

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios, también, quiere establecer contigo su propio pacto, ¿de qué manera lo acoges? ¿Estás dispuesto a asumir dicho pacto?
  • En silencio, medita acerca de ese pacto, ¿a qué crees que se está comprometiendo Dios contigo?
  • Y tú, ¿estás dispuesto a comprometerte con Dios?
  • ¿Qué acciones vas a emprender esta cuaresma para ser fiel a ese pacto con Dios?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 91

1 Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,

2 di al Señor: “Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío”.

3 Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;

4 te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

5 No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela por el día,

6 ni la peste que avanza en las tinieblas ni el azote que asola al mediodía.

7 Aunque a tu lado caigan mil, y diez mil a tu diestra, a ti no te alcanzarán.

8 Te bastará abrir los ojos, y verás que los malvados reciben su merecido,

9 ya que has puesto tu refugio en el Señor y tu cobijo en el altísimo.

10 A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,

11 pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;

12 te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;

13 andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.

14 Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;

15 si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;

16 le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.

 

jueves, 18 de febrero de 2021

Año de San José / Canal de You Tube


Primer video del canal de You Tube

REFLEXIONES AUDIOVISUALES
SOBRE "PATRIS CORDE"
y nuevo canal de Youtube
Seguimos con novedades. Hoy dos más que os compartimos esperando que os puedan resultar interesantes.
En primer lugar, con motivo del Año de San José y de la publicación de la Carta Apostólica "Patris corde" del Papa Francisco, ofrecemos unas reflexiones audiovisuales.
Esta magnífica propuesta nos lega desde Valencia, de nuestro colaborador Joan Palero, que nos ofrecerá un video mensual en la lengua propia de su tierra.
Así pues, os compartimos el enlace al primer vídeo que contiene la introducción.
Y la segunda novedad, vinculada a la primera, es que con este motivo aprovechamos para estrenar nuestro nuevo canal de Youtube en el que alojaremos producción propia o, con permiso, otros videos en los que participe EAB
También os compartimos el enlace al canal de Youtube y os animamos a suscribiros a él.
Y si seguimos atentos, próximamante ofreceremos más novedades interesantes.
Enlace al vídeo Año de San José - intro:


Desde Roma (Pau Manent Bistué)

DESDE ROMA
 
Pau Manent Bistué es un seminarista de la Archidiócesis de Barcelona que se encuentra en Roma, ampliando estudios en Teología Fundamental en la Pontificia Universidad Gregoriana.
 
Desde EAB lo conocemos bien ya que hemos compartido muchas ilusiones y esfuerzos: formó parte unos años, antes de su ingreso en el Seminario de Barcelona, del grupo "Cinco panes y dos peces", unos de los grupos fundadores de EAB. Y en los años de seminarista ha colaborado en el grupo "5+2 junior", especialmente los veranos, en la actividad "Estiu junior".
Pau acaba de abrir una web (http://paumanent.es) con reflexiones y meditaciones cristianas. Desde EAB compartiremos algunas de estas magníficas aportaciones en nuestra web y nuestro facebook.
Estamos seguros que ésta de hoy, en el inicio de la Cuaresma, con el sentido del rito de la ceniza, y con la triple propuesta de la Iglesia para este tiempo (oración, ayuno y limosna), os va a resultar interesante y muy clarificadora.
Muchas gracias Pau por permitirnos sumar tu aportación "desde Roma" a nuestro servicio "con Roma".
MIRAD, ESTAMOS SUBIENDO A JERUSALÉN (Mt 20, 18)
Este miércoles 17 de febrero vamos a empezar un tiempo especial en la Iglesia, el tiempo de la Cuaresma. En este tiempo todos los hombres y mujeres son llamados a la conversión de sus vidas a fin de acercarse con espíritu renovado a Dios, nuestro amor primero, y a nuestros hermanos en la fe, que son el cuerpo de Cristo. Por eso expresa la liturgia de hoy con un gesto muy bíblico el inicio de este tiempo: la imposición de la ceniza.
Este rito de imposición de la ceniza hoy en día nos puede parecer un rito lejano, vacío de contenido. No obstante, es un símbolo muy fuerte que tiene sus raíces en el pueblo de Israel. Vemos, por ejemplo, que cuando el profeta Jonás llegó a Nínive para anunciar la destrucción de la ciudad si sus ciudadanos no se convertían, el rey decretó un ayuno de toda la población, y los ciudadanos se vistieron de saco y echaron cenizas sobre sus cabezas en símbolo de penitencia.
También, en tiempos del rey Asuero el pueblo de Israel sufría persecución a causa de su fe. La reina Ester tuvo que pedir el indulto del pueblo de Israel, y para que su súplica fuese escuchada se preparó durante tres días con ayunos y oraciones, se quitó sus vestidos reales para vestirse de saco, y dejó de
peinarse para echar ceniza sobre su cabeza.
Existen muchos otros casos en la Biblia dónde se nos recuerda este gesto penitente, pero me gustaría destacar por último el caso del justo Job. Job era declarado un hombre justo, es decir, sin pecado, un recto observante de la ley. Pero tras las desgracias que le acontecieron como prueba (la muerte de sus hijos, la pérdida de todas sus haciendas y la pérdida de la salud corporal, dando lugar a llagas por toda la superficie de su piel), el justo Job, afligido, se sentó en la puerta de su casa con la cabeza rapada, ceniza sobre su testa, y vestido de saco. Él, que según las escrituras no necesitaba convertirse, también realizó un recorrido penitencial para inquirir en su interior todos aquéllos apegos de los que debía liberarse y así amar más plenamente al Señor de la Vida. Y Dios se lo recompensó con una vida feliz.
Hoy, cuándo se nos imponga la ceniza sobre nuestra cabeza (sí, sobre nuestra cabeza y no en la frente como hemos venido haciendo en estos últimos años; la última instrucción de la Congregación del Culto Divino pide que se imponga la ceniza sin tocar a los fieles –por el Covid19-, y en la cabeza), debemos tener en cuenta que estaremos entrando en el orden penitencial, en un momento de preparación intensa dónde deberemos reconducir nuestras vidas hacia Dios, reconducir nuestro comportamiento de muertos hacia un comportamiento de vivos.
Para ello la Iglesia nos propone tres prácticas: el ayuno, la oración y la limosna. La oración, como decía santa Teresa de Ávila, es el diálogo amical con aquél que más nos ama. No debemos tenerle miedo a la oración pensando que es una pérdida de tiempo, un espacio vacío y aburrido donde no pasa nada… al contrario, la oración es el lugar privilegiado donde nosotros podemos tener una cita con el Señor, con aquél que primero nos ha amado. Si de verdad queremos convertir nuestras vidas hacia Dios, debemos mirar a Dios de frente, pedir la gracia de la conversión, restablecer los vínculos de amistad con Él. Del mismo modo que una pareja de enamorados no puede pasar ni 24 horas sin llamarse; ¿cómo podremos nosotros dejar pasar días y días sin dirigirle ni siquiera una mirada al Señor? ¿Sin escuchar su palabra? ¿Sin saludarlo en ningún momento del día? El Señor te ama y te llama, ¿vas de descolgar el teléfono y a hablar con Él?
Por otro lado, nuestra conversión debe pasar a través de la reconciliación con la Iglesia, el pueblo de Dios. Por eso se proponen las otras dos prácticas, el ayuno y la limosna. El ayuno es la práctica que nos acerca al sufrimiento de los que no tienen nada, de los echados y despreciados de esta sociedad. Debemos quitar de nuestro corazón todo aquello que lo llena de cosas banales y que lo adormecen: comilonas desmedidas, sexualidad descontrolada, ociosidad, amor al dinero… y muchos otros apegos; cada cuál piense cuáles son los suyos. No podemos reducir el ayuno a dos días al año en el que reducimos de forma más o menos fraudulenta la comida; el ayuno que quiere Dios es el ayuno del corazón, y éste de debe de practicar cada día, y más especialmente durante esta cuarentena. Además, un ayuno bien hecho nos ayudará a conocer mejor nuestros apegos, nos podrá en tensión y nos ayudará a limpiarlos, de manera que al final de este periodo tendremos una versión más sana de nosotros mismos.
Finalmente, la limosna, con la cuál hacemos partícipes al pueblo de Dios de nuestras riquezas. No se trata de dar mucho dinero, ni de dar aquello que nos sobra, sino de darnos a nosotros mismo como oblación para satisfacer el daño de nuestros pecados, hacernos copartícipes de la pasión de Cristo. Da tu tiempo en un voluntariado, ayuda a los vecinos de la escalera que necesitan salir a la calle a dar un paseo, llama a tus personas queridas que se encuentran lejos… haz tuyos el dolor de los otros a fin que Cristo haga suyos tus dolores: así Cristo será todo en todos mientras construimos el reino de Dios.
Al final de esta cuaresma la sociedad debe recibir una versión mejorada de nosotros mismos, una versión mejorada que ha sido posible por la gracia de Dios que actúa en nosotros. El Reino de Dios ya ha plantado su semilla en nuestros corazones, ¿la vas a regar?
 

Pau Manent

lunes, 15 de febrero de 2021

Retiro de Cuaresma

Este próximo sábado ofrecemos un Retiro de inicio de Cuaresma acompañados por el Icono de Homs (Siria), imagen que nos acerca a nuestros hermanos de la Iglesia Perseguida, y que nos invita a meditar sobre la paradoja y la aceptación de la Cruz. Estás invitado!
 

sábado, 13 de febrero de 2021

Comentario a las lecturas del Domingo VI del Tiempo Ordinario (Ciclo B) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)


Domingo, 14 de febrero de 2021 - Año de San José
 
6º Del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
 
San Marcos 1,40-45
 
 



Seguimos con el evangelio de san Marcos, el más corto de los cuatro evangelios, en el que Jesús, más que con palabras, habla a través de obras y milagros portentosos.
A diferencia del evangelio de Mateo, escrito para la cultura y mentalidad religiosa de los judíos; Marcos, enfoca este evangelio a la cultura y la mentalidad de los romanos. Un imperio de hombres fuertes, que, a fuerza de espadas y leyes impuestas, subyugaron al mundo hasta entonces conocido.
Si el evangelio de Mateo presenta, a los judíos, a Jesús como Rey; el de Marcos lo presenta a los romanos, dominadores de Israel, como el Siervo sufriente de Yahvé. Un Mesías que no viene a imponer, sino a proponer; no a ser servido, sino a servir; no a pedir, sino a darse; no a luchar usando el poder del odio y las armas, sino el del amor gratuito. El único poder capaz de salvar al hombre, identificándose con él y con todas sus necesidades y sufrimientos. Devolviéndolo a su antigua y rota comunión con Dios, y a través de esto, a la relación fraterna entre los hombres. Un libertador que, por encima de sí mismo, busca a toda la humanidad, a los opresores y a los oprimidos, sanándolos y liberándolos de los efectos de su enferma naturaleza y de los yugos que la oprimen.
“Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.” (v40)
A la luz de la 1ª lectura: Levítico 13,1-2.44-46, parece ser que este leproso no era buen observador ni cumplidor de la Ley. Él quiere ser limpio, estar sano, y la Ley no responde a su necesidad, más bien, lo empeora, lo marca y aísla. Su única esperanza es Jesús, sabe que, si Él quiere, puede sanarlo. Se pone en camino, y contra toda regla, va en su busca y a su encuentro. Se le acerca, y Jesús no le recrimina por el incumplimiento de las prohibiciones levíticas, ni siquiera porque atenta contra su respeto y salud. Para Jesús, lo importante es el hombre, tú y yo, aquél, y no lo espantoso que pueda ser el pecado, representado en aquel tiempo en las enfermedades y desgracias.
Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»
Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. (v41-42)
Jesús quiere limpiarle, pero su querer no se basa en palabras. Antes de decirle nada, se compadece, extiende su mano, y le TOCA, a pesar de ser consciente de todas las consecuencias. DESPUÉS de tocarle, es cuando le dice.
Jesús es la Vida, vino para que tengamos vida, y para que la tengamos en abundancia. Primero vida, limpieza, después ya vendrán las prohibiciones y leyes:
Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
El amor de Dios no es un amor de lejos, no consiste en solo palabras, es concreto, (San Juan 3, 16). Es compasivo, da los pasos necesarios, se acerca y se extiende hasta tocar lo más íntimo de las impurezas.
Cuantas veces, tratando de ser cristiano, me conformo con mi condición de pecador, y viéndome impuro, me quedo con un Jesús allá a lo lejos. Creyendo, pero sin creer; cumpliendo mandamientos, pero leproso, harapiento y despeinado.
¿Dónde queda la fe, audaz y osada, en el que sé que puede y quiere limpiarme?
*El milagro está en la cercanía de Jesús, y en querer acercarse a Él, con la seguridad de que no voy a ser despreciado. En ser cristiano de cerca. Pecador, sí, pero perdonado; leproso, pero sano declarado limpio por Jesús; imperfecto, débil, … pero perfecto y fuerte en el poder de su Gracia.
En la pluma del evangelista san Marcos, Dios pone todo su empeño en demostrar, que, Jesús no ha venido a juzgar, sino a salvar; no vino para enseñorearse con adoctrinamientos y leyes que subyugan al hombre y lo mantienen igual o peor que está. Vino a legislar le ley de la Verdad en el Amor, que, traducida en misericordia, sana y libera.
Tocar lo intocable, saltarse lo establecido siempre trae problemas. San Pablo lo sabía, y lo recomienda en la segunda lectura: No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, … (1 Corintios 10,31–11,1) También Jesús, tocando al leproso, sabía a lo qué se enfrentaba, por eso le prohibió severamente contar nada. Pero hay cosas que no se pueden esconder ni callar cuando Dios nos rodea con cantos de liberación: Sal 31,1-2.5.11 Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.
A causa de la conducta del leproso, Jesús, tendrá que hacer lo que el leproso tenía que haber hecho: No entrar en ningún pueblo, quedarse afuera, en descampado, y aun así acudían a él de todas partes.
Joan Palero

 

“CURA, SEÑOR, MI LEPRA” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

 


VERDAD – LECTURA

Lev 13,1-2.44-46

1 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: 2 “Cuando alguno tenga sobre la piel una inflamación, una pústula o una mancha reluciente, síntoma de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes. 44 Ese hombre es un leproso e impuro. El sacerdote lo declarará impuro, pues lleva la llaga de la lepra en su cabeza. 45 El leproso andará harapiento, despeinado, la cara medio tapada y gritando: ¡Impuro, impuro! 46 Mientras le dure la lepra, será impuro y, siendo impuro, vivirá aislado, fuera del campamento”.

Hoy oramos con un fragmento del libro del Levítico. Dicho libro pertenece al llamado Pentateuco, es decir a los primeros 5 libros de la Biblia. En él se recogen las normas que deben regir el culto y que deben guardar las personas que se consagran al mismo.

Los versículos que hoy nos ofrece la liturgia, nos hablan precisamente acerca del ritual que deben seguir aquellas personas que se contagian de lepra.

Para los judío toda persona que contraía esta enfermedad debía ser apartada de la comunidad, pues dicho mal era sinónimo de impureza religiosa y de un castigo por parte de Dios. Al considerarse al leproso como un pecador era separado a fin de preservar la pureza del Pueblo.

En el hipotético caso de que el leproso se curara debía de realizar un sacrificio de expiación para volver a ser admitido a la comunidad.

El sufrimiento del leproso, por así decir era doble, no únicamente desde el punto de vista físico, si no también desde el punto de vista espiritual pues, en cierto modo, desde el punto de vista de la sociedad judía le alejaba de Dios.

Haciéndonos eco del evangelio y poniéndolo en paralelo con este fragmento, nos damos cuenta como Jesús viene a liberarnos de todo mal, tanto físico como espiritual. Acudamos a Él en nuestras necesidades para que nos libere total e integralmente.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Cuáles son las “lepras” que nos acechan ya sea en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu?
  • ¿Cómo afrontamos dicha problemática?
  • ¿Solemos apartar a otra personas a causa de sus propias lepras?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 23

1 El Señor es mi pastor, nada me falta:

2 en verdes praderas me hace reposar, me conduce hacia las aguas del remanso

3 y conforta mi alma; me guía por los senderos de justicia, por amor a su nombre;

4 aunque vaya por un valle tenebroso, no tengo miedo a nada, porque tú estás conmigo, tu voz y tu cayado me sostienen.

5 Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar.

6 Lealtad y dicha me acompañan todos los días de mi vida; habitaré en la casa del Señor por siempre jamás.

“SEÑOR, LÍMPIAME” LECTIO DIVINA DEL EVANGELIO DEL DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

 


VERDAD – LECTURA

Evangelio (Mc 1, 40-45)

El evangelio de hoy nos habla de inclusión, de cercanía, de acogida… Esa es la actitud de Jesús ante las necesidades del ser humano. Una actitud que en muchas ocasiones es incomprensible porque no entraba, ni entra dentro de lo que nosotros llamamos lo «políticamente correcto»; no entraba, ni entra dentro de los parámetros en los que debe moverse una persona de bien, una persona decente; no entraba, ni entra dentro de lo que cabría esperar de un hombre religioso y mucho menos de aquel que se autoproclamaba Hijo de Dios. Así era en aquel tiempo y así es ahora.

Ciñéndonos a la época de Jesús, y más en concreto al Evangelio con el que hoy vamos a orar, nos encontramos con que Marcos nos relata la curación de un leproso; por cierto, relato único en este Evangelio.

Jesús ha ido recorriendo toda Galilea, tal y como se nos ha dicho anteriormente (Mc 1,39), probablemente ha llegado al desierto. Allí, moraban una serie de personas que debían vivir al margen de la sociedad, porque no eran considerados «dignos» de vivir con los demás; entre otros, los leprosos.

Antes que nada, hay que aclarar que el concepto de lepra en la época de Jesús era sinónimo de infinidad de enfermedades de la piel, y no específicamente lo que hoy conocemos como enfermedad de Hansen, o lepra.

En aquel entonces, según la Ley, los leprosos debían vivir apartados de las demás personas, al margen total de la sociedad, no tenían ningún derecho y no debían acercarse a nadie; es más, cuando estuvieran cerca de una persona debían gritar: «¡Impuro, impuro!» para advertir de su presencia (Lev 13,45-46); no debían contaminar a los demás (Núm 5,2-3). Pero, el leproso no sólo era rechazado por la sociedad, se creía que, además, era una persona rechazada por Dios, puesto que desde el punto de vista cultual era impura. Para poder retomar su relación con Dios, y por tanto poder asistir a las celebraciones del Templo o la sinagoga, no bastaba con que dicha persona quedara curada de su enfermedad, sino que el sacerdote debía certificar que había sido purificado.

Jesús rompe con todas las reglas habidas y por haber, porque aunque quien se acerca a él es el leproso y le suplica ser curado, Jesús extendió su mano y le tocó, con este acercamiento se convertía también en un impuro (Núm 19,22; Lev 22,6).

Todo eso a Jesús no le importaba, lo verdaderamente importante para él era la persona: «Sí, quiero. Queda limpio» (Mc 1,41). No le importa haber incumplido la Ley, porque él ha venido para sanarnos de todas nuestras enfermedades, de todas nuestras limitaciones, de todos nuestros traumas y todas nuestras heridas y nuestras miserias. Jesús se compadece de la persona humana, sobre todo de aquel que más necesitado está de la misericordia de Dios y del amor del Padre. Jesús quiere que sepamos y sintamos que nadie en la sociedad puede ser un marginado, sino que toda persona, por el solo hecho de serlo, es digna de la bondad, del amor y de la cercanía de los demás seres humanos y, por supuesto, es merecedora del amor, de la misericordia y de la cercanía de Dios.

A continuación, le impone silencio: «No se lo digas a nadie» (Mc 1,44). Y aunque lo envía al sacerdote, no es para que le cuente quién le ha curado o cómo se ha producido el hecho, si no para que conste como testimonio, para que pueda volver a reinsertarse oficialmente en el entramado social y cultual de su pueblo. Lo cual no sirvió de nada, pues el leproso en lugar de dirigirse al templo, se retiró y se puso a anunciar con entusiasmo y a divulgar a voces la noticia (Mc 1,45). Se convirtió en predicador y anunciador de la Buena Nueva, del Evangelio. Lo cual provocó que Jesús ya no podía entrar libremente en ninguna ciudad, se queda en lugares solitarios, en el desierto, y hasta allí acudían a él de todas partes. Para Jesús los lugares de marginación y de exclusión no existen.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • ¿Quiénes son para ti los leprosos de hoy (excluidos de la sociedad, pobres, parados, personas sin hogar…)?
  • ¿Cómo te comportas tú con los leprosos contemporáneos, los acoges como Jesús o por el contrario los rechazas y excluyes de la sociedad y de tu vida?
  • ¿Te atreves, incluso, a transgredir las leyes injustas de pureza «de tu grupo», «de tu comunidad», «tu asociación»… para acercarte a los leprosos con los que te encuentras en tu vida diaria?
  • ¿Qué acciones emprendes o podrías emprender para reintegrar a los leprosos contemporáneos en la sociedad, en la Iglesia, en tu comunidad?

VIDA – ORACIÓN

Querido, Padre nuestro:

Seguramente, ninguno de los que estamos participando de esta oración,

somos «leprosos excluidos» de nuestra sociedad;

es por ello que queremos encomendártelos a tu corazón misericordioso.

¡Ayúdales en el camino de la vida!