domingo, 10 de enero de 2021

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (CICLO B)

 

VERDAD – LECTURA

Isaías 42,1-4.6-7

Esto dije el Señor: “Aquí está mi siervo a quien protejo; mi elegido, en quien mi alma se complace. He puesto en él mi espíritu, para que traiga la justicia a las naciones. No gritará, no alzará el tono, no hará oír por las calles su voz. No romperá la caña cascada, ni apagará la mecha humeante. Traerá con toda seguridad la justicia. No desistirá, no desmayará hasta que implante en la tierra la justicia. En su ley esperan las islas.

Yo el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y luz de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas”.

Con este cántico, que nos ofrece hoy la liturgia, comienzan los llamados cuatro cánticos del siervo de Yahveh (Is 42,1-9; 49.1-6; 50,4-11; 52,13-53,12). En el que hoy meditamos podemos encontrar la presentación y la vocación o llamada del Siervo de Yahveh. No sabemos, exactamente, quien es el personaje al cual se refiere, aquel que deberá cargar con los pecados de todo el pueblo. Esto al menos en principio. Desde una perspectiva cristiana y visto desde la figura de Jesús, sabemos perfectamente quien es el Siervo del Señor. Pero continuemos con el comentario del fragmento.

Aquí, el siervo viene presentado como un elegido divino al estilo de Moisés, David o Israel. Las funciones que Dios le confía para él son las mismas que tenía reservadas para el gran rey davídico (2Sam 3,18); y cuyo carácter mesiánico nadie se atreve a discutir.

Nos encontramos en la época del rey Ciro de Persia. Éste será quien de la libertad al pueblo judío de la cautividad y el exilio en Babilonia. Sin embargo, el nuevo rey, que vendrá, y que aquí está identificado con el Siervo, implantará la justicia definitiva. Él será quien acabe con toda forma de opresión e instaurará una nueva era de libertad para los presos, de luz para los ciegos y de claridad para los que viven en tinieblas.

A pesar de las dificultades que pueda estar pasando el pueblo de Israel, Dios por medio del profeta quiere infundirle confianza, esperanza, ilusión. Dios sigue guiando los pasos de su pueblo, Dios le sigue acompañando, Dios sigue estando a su lado. Dios  con mimo exquisito guía sus pasos. Pero deja libertad al Pueblo para dejarse encontrar por Dios o no. Si Israel también sale al encuentro de Dios, podrá disfrutar de su compañía.

Esta alianza, que Dios quiere ofrecer a su pueblo, será eterna. Basta que el pueblo abra su corazón al amor de Dios y lo acoja. Basta sentirse necesitado de Dios, abandonarse en él y acogerlo en lo más intimo de nuestro ser para que sea nuestro guía por el camino.

Ahora bien este mesías, este salvador, no vendrá de manera esplendorosa, de manera grandiosa, sino en forma humilde, sencilla; sus armas serán la paz. Y su misión será la de librarnos del mal.

Como decíamos más arriba no podemos dejar de ver, desde una perspectiva cristiana, una clara alusión a Jesús de Nazaret que será quien traiga la paz a la tierra, nos libre de todo mal y nos regale la vida eterna.

CAMINO – MEDITACIÓN



  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • Dios también a ti te está llamando para la misión de llevar amor, esperanza, ilusión a su pueblo, ¿cómo acoges esta llamada?
  • ¿De qué manera, en estos tiempos de incertidumbre, puedes difundir esperanza, ilusión, luz a tu alrededor?
  • ¿Sientes cómo Dios te acompaña en tu caminar diario? ¿Qué señales percibes? ¿De qué forma das testimonio de ello?
  • ¿Cuál es la imagen que tienes de Jesús? ¿Un rey majestuoso, poderoso, esplandoroso, guerrero? O por el contrario, ¿es un niño pequeño envuelto en pañales, alguien que trae la paz, que te acompaña desde la humildad y la mansedumbre?

VIDA – ORACIÓN

Salmo 91

1Tú que vives bajo la protección del Dios altísimo y moras a la sombra del Dios omnipotente,

2 di al Señor: “Eres mi fortaleza y mi refugio, eres mi Dios, en quien confío”.

3 Pues él te librará de la red del cazador, de la peste mortal;

4 te cobijará bajo sus alas y tú te refugiarás bajo sus plumas; su lealtad será para ti escudo y armadura.

[…]

10 A ti no te alcanzará la desgracia ni la plaga llegará a tu tienda,

11 pues él ordenó a sus santos ángeles que te guardaran en todos tus caminos;

12 te llevarán en sus brazos para que tu pie no tropiece en piedra alguna;

13 andarás sobre el león y la serpiente, pisarás al tigre y al dragón.

14 Porque él se ha unido a mí, yo lo liberaré; lo protegeré, pues conoce mi nombre;

15 si me llama, yo le responderé, estaré con él en la desgracia, lo libraré y lo llenaré de honores;

16 le daré una larga vida, le haré gozar de mi salvación.


Ahora empieza la Navidad. Lectio Divina del Domingo del Bautismo del Señor. Tiempo de Navidad – Ciclo B

 

VERDAD – LECTURA

Evangelio: Mc 1,7-11

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y con ella, la Iglesia, pone fin al tiempo de Navidad. El bautismo marca un antes y un después en la vida de toda persona y también en la de Jesús.

Y, como ocurre en cualquiera de nuestras familias, su bautismo es anunciado; pero no por su familia, sino por un precursor excepcional: Juan, el Bautista, que no se cansa de gritar en el “desierto” y proclamaba: «detrás de mi viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la corre de sus sandalias».

A todos nos cuesta “agacharnos”, pero en la sociedad judía, era una práctica muy habitual entre los “siervos”; ellos tenían que descalzar a sus “señores” cuando llegaban de la calle. Juan se sabía tan pequeño ante Jesús, que no se sentía digno de desatarle ni la correa de su sandalia. Pero, además, nos cuenta algo novedoso, no conocido por los judíos hasta aquel momento. Y además, no entendible. Juan les dice: «Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

¿Cómo puede ser eso? Seguro que esta pregunta rondaban por la mente de quien lo escuchaba, como rondaría por la nuestra. Sólo conocían el bautismo de Juan y ese era con agua, un bautismo de conversión. Sin embargo, “el que vendrá”, nos bautizará «con Espíritu Santo» y el Espíritu es fuego que abrasa, que purifica. Por tanto, mientras que el bautismo de Juan es de conversión, el de Jesús es de purificación; no sólo se trata de que el hombre reconozca sus miserias, se arrepienta, sino que lo  deja limpio, lo devuelve al estado original, como Dios lo creó en un principio.

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Otra pregunta que se harían los judíos sería: ¿de quién habla, a quién se refiere Juan, quién es ese que nos bautizará con Espíritu Santo? El evangelista nos lo cuenta: Jesús, el de Nazaret de Galilea que llegó «por aquellos días y fue bautizado por Juan en el Jordán». Muchos eran bautizados por Juan pero no con todos sucedía aquello que vieron en el cielo cuando salió Jesús del agua. Se rasgaron los cielos y el Espíritu bajó, hacia Él, en forma de paloma, mientras «se oyó una voz desde los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”». Aquello fue una imagen insólita, nunca vista por los judíos que estaban alrededor de Juan, por los ya bautizados, y por aquellos que esperaban su momento para ser bautizados. Dios, en su Trinidad se hace presente. Es la Teofanía, la manifestación de Dios a todos los presentes. Una “segunda Epifanía”. Jesús, se manifestó en el pesebre como Hombre, como Rey de reyes. Ahora, se manifiesta como Dios. En Él lo humano y lo divino están unidos.



CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha tocado el corazón?
  • ¿Cómo has vivido esta Navidad?
  • ¿Has celebrado que es Dios mismo quien se ha hecho hombre o te has centrado sólo en pensar que, como consecuencia de la pandemia, no podías celebrar estas fiestas con tus seres queridos?
  • Termina el tiempo de Navidad con el bautismo de Jesús. Pero Dios se sigue encarnando en cada hombre que quiere recibirlo. ¿Te has parado a pensarlo?
  • ¿Sabes que Dios se encarna en ti cuando tú quieres vivir con Él?
  • ¿Puedes decir que la Navidad se ha terminado o debes decir que es ahora cuando tú tienes que ser Navidad para los demás?
  • ¿Recuerdas el día de tu bautismo?
  • La mayoría fuimos bautizados siendo muy pequeños. ¿Sabemos qué día nos bautizaron?, ¿celebramos nuestro bautismo?

VIDA – ORACIÓN

Gracias, Señor, por haberte encarnado y hacerlo en la humildad de un pesebre. Ser rico es muy fácil. Ser pobre, a nadie nos gusta. Gracias porque nos has enseñado que te encarnas donde menos lo esperamos; gracias porque siempre nos sorprendes. Y además, desde el principio, nos has querido como el Padre nos creó. De ahí que no cesas de inventarte una y mil cosas por devolvernos al estado primero, por salvarnos, por tu bautismo de fuego, de purificación. Ahora nos toca a nosotros ser manifestación de lo que Tú has venido a enseñarnos. Gracias, Señor, porque ahora comienza nuestra navidad. Es ahora cuando nos toca gritar al mundo, proclamar en el “desierto” que Dios nos ama, que está enamorado de nosotros y nos brinda millones de oportunidades para que volvamos a Él.


Lecturas dominicales (Joan Palero)


 

Comentario a las lecturas del Domingo del Bautismo del Señor (Ciclo B) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
En este domingo de la fiesta del Bautismo de Jesús, la primera lectura nos sitúa ocho siglos antes de la primera Navidad. Un tiempo tormentoso para Israel, marcado por la expansión del imperio asirio, y el consecuente declive para el pueblo elegido. Es en medio de aquella crisis política y de fe, que, Isaías levanta la voz invitando a todos a escuchar a Dios, a levantar las miradas hacia arriba, más allá de la propia situación y de las posibles soluciones a través de estrategias políticas y extrañas alianzas. Su voz no es la de un joven veinteañero visionario, que, gozando de buena reputación y posición social, pretende que el pueblo mire a él y escuche sus palabras, sino que, escuche a Dios y mire hacia la solución que Dios les envía:
“Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones… Para que abra los ojos de los ciegos, (para que) saque a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.» (Isaías 42,1-4.6-7)
Una Palabra que sigue siendo actual en nuestro tiempo, y que, en medio de nuestras crisis, nos invita a ESCUCHAR y MIRAR a Dios, quien, acercándose al hombre, quiere compartir nuestros peores momentos, ser la solución de cada vida, y a través de cada una de nuestras vidas ser solución en nuestra sociedad.
Isaías, antes de ser profeta y pretender que los demás escuchen y miren al Señor, tendrá que aprender de la experiencia de su propio encuentro con Dios.
En el capítulo seis de su libro, encontrándose en el templo de Dios, tiene un encuentro determinante con el Dios del Templo. Allí, a causa de su inmundicia, se siente morir ante la presencia y el cruce de miradas con el Santo de Israel. Experimenta la misericordia, un nuevo revivir a través del fuego purificador del altar de los sacrificios. Una experiencia profética de lo que, nueve siglos después, escribiría san Pablo en su carta a los romanos:
“¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?
Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo resucitó de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.” (Ro. 6, 3-4)
Ningún profeta del A.T. dibujó mejor que Isaías a Jesús. Hasta que el dedo y las palabras de Juan el Bautista lo señalen: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
En Jesús, Dios se identifica con la humanidad. Siendo Santo, Santo, Santo, carga con nuestro pecado, y en la cola de los pecadores aguarda el momento para ser bautizado por Juan en un bautismo de agua, de arrepentimiento, de buenas aspiraciones, pero corto, incapaz de transformar y purificar por el fuego, una nueva humanidad. Jesús, identificándose con nosotros y nuestro pecado, nos abre los cielos, nos da una nueva posibilidad de escuchar la Voz de Dios, Voz que siempre va acompañada del Espíritu. El Espíritu que engendró, se posó, y operó en Jesús, es el mismo que hoy quiere engendrarnos como hijos, posarse sobre nosotros y operar en nosotros, para que, ofreciéndonos a Dios mediante este Espíritu, sigamos trayendo el derecho a las naciones, abriendo los ojos a los ciegos, sacando a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.
Como Isaías, en el templo de Dios, contemplemos la visión del Dios del Templo, dejando que nos envuelva y nos funda en ella en un mismo Cuerpo.
Joan Palero

jueves, 7 de enero de 2021

Museu Biblic de Tarragona abre un nuevo espacio


 EL MUSEU BÍBLIC TARACONENSE INAUGURA UN NUEVO ESPACIO

“Tarracròpolis” da nombre al nuevo espacio del Museo Bíblico Tarraconense dedicado a explicar la evolución histórica de la acrópolis de Tarragona a lo largo de los siglos.

Está situado en la parte baja del museo y consta de un audiovisual (en catalán, castellano e inglés), dos maquetas que recrean el recinto del culto imperial romano y la catedral construyéndose hacia el 1275; trece inscripciones (desde la época romana hasta la actualidad), una colección de monedas y catorce grabados originales. En “Tarracròpolis” también se puede visitar varias reconstrucciones arquitectónicas y reproducciones en 3D de las inscripciones que exponen.

Como explicaba el director del Museo Bíblico Tarraconense, Andreu Muñoz, en la inauguración de este nuevo espacio, “Tarracròpolis ejemplifica un buen proyecto de transferencia del conocimiento combinando investigación y museografía con la deseada sinergia de administraciones y entidades que aman el patrimonio y la entienden como un activo indispensable para la formación integral de la sociedad”.

Enlace a la web del Museo
en castellano:
http://museu.biblic.arqtgn.cat/es/
en català:
http://museu.biblic.arqtgn.cat/

domingo, 3 de enero de 2021

Comentario a las lecturas del II Domingo después de la Navidad (ciclo B) de Joan palero (Valencia)

Comentario a las lecturas del II Domingo después de la Navidad (ciclo B) de nuestro colaborador Joan palero (Valencia)
Domingo, 3 de enero de 2021
2º Domingo después de Navidad
-AÑO DE SAN JOSÉ-
Las lecturas de este domingo, directa e indirectamente, tienen a la Sabiduría como denominador común.
La primera: Eclesiástico 24, 1-2.8-12 Nos habla de su origen eterno en Dios, y de que el designio divino es que ésta more, establezca su morada entre su pueblo:
“El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.”
El Salmo 147, es una exhortación a Jerusalén, un llamado a Sión a recibirla a través de la Palabra de Dios: “Él envía su mensaje a la tierra, y su mensaje corre veloz. Anuncia su Palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel." Palabra de Sabiduría que, a su vez, nos es traída, transportada de Dios al hombre mediante el Espíritu de Sabiduría. Espíritu que nos lleva a vivir una vida de alabanza que glorifica de Dios: “Glorifica al Señor, Jerusalén. Alaba a tu Dios, Sión.”
En la segunda lectura: Efesios 1, 3-6.15-18 San Pablo ruega en oración que la fe de los creyentes de Éfeso, manifestada en el amor a todos los hermanos, los santos, no sea solo fruto de una buena voluntad humana, sino fruto que nace del conocimiento de Dios por medio de la Palabra y el Espíritu de sabiduría, para que esto sea el motor y la fuerza que los impulse y transporte. El apóstol sabe que el resultado de la comunidad de fe no son solo buenos valores éticos y morales, ni el conseguir los mejores sentimientos entre las personas, sino que, más allá de ellos, la comunidad es el proyecto sabio y eterno de Dios, que morando en ellos les hace ser un mismo Cuerpo en un mismo Espíritu. Sería inútil crear y organizar una comunidad eclesial sin partir de esa conexión sobrenatural con Dios, quién habitándonos nos atrae y lleva hacia Él.
Benedicto XVI lo dice con otras palabras: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (Deus Caritas Est)
Ya que ni Israel ni el mundo conoció a Dios en su divina sabiduría, Dios quiso salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación. (1 Cor. 1, 18-31) No una predicación de reglas o conceptos morales y éticos, ni de razonamientos y sabios conocimientos aprendidos en las catedrales del saber humano, sino la predicación de una Palabra personificada, que, siendo Persona Divina, sale de Dios y se hace Humana con el propósito de darnos vida abundante en el encuentro, y habitarnos en su plenitud. Jesús, Él hará sabios a los hombres más sencillos e ignorantes. Les dará, no solo el saber de la ciencia de Dios, sino el sabor al mismo Dios que se da en Jesús. Así, la Sabiduría en salida y encarnada, hecha vida, es vida y luz en un mundo oscuro y agonizante: “…en él era la vida y la vida era la luz de los hombres, …” (Jn 1, 1-18)
La Sabiduría sigue pregonando por las calles, en las plazas alza su voz: … Atended a mis advertencias: derramaré mi espíritu para vosotros, y os comunicaré mis palabras… Os llamé y no hicisteis caso, os tendí mi mano y nadie atendió, … (Prov 1, 8-33)
Ante tantas voces de incertidumbres, tantos ruidos y vanas ocupaciones, urgen tiempos de silencio. Oportunidades para detenerse a oír a Dios en la Palabra de su Sabiduría. Como ayer, es necesario detenerse a escuchar y contemplar a Dios y su propósito. Como María y José, que, en sus ocupaciones y cansancios encontraron tiempo para la escucha provechosa, y en silencio, interiorizando el mensaje, acallaron todo pensamiento que pudiera impedirles fundirse (interior y exteriormente) con el propósito divino, hasta tal punto que captando lo esencial, dejaron a Dios encarnar a Jesús en ellos.
El mundo enloquecido en su sabiduría, más que consejos, ..., necesita encontrarse con vidas que realmente sean luz para los hombres.
Que el 2021 sea para todos AÑO NUEVO de Luz, Vida y Reencuentros.
Joan Palero

sábado, 2 de enero de 2021

LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD (CICLO B)

 


VERDAD – LECTURA

Eclesiástico 24,1-4.8-12

La sabiduría se alaba a sí misma y se gloría en medio de los suyos. En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría en presencia de su corte celestial. Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono fue columna de nube.

Entonces me ordenó el Creador de todas las cosas, mi Hacedor fijó el lugar de mi morada, y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu heredad”. Desde el principio y antes de los siglos me creó, y existiré eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. En la ciudad amada he hallado descanso, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché raíces, en la porción del Señor, en su heredad.

La liturgia de este segundo domingo después de navidad nos ofrece una bella lectura sapiencial en la que se nos ensalza la sabiduría divina, que Dios comparte con la humanidad y es capaz de renovarnos totalmente.

La misma sabiduría de Dios, en primera persona, es la que nos revela su verdadera esencia en la presencia de Dios. Ella está totalmente unida a Dios, salió de la boca del Altísimo y cubre toda la tierra.

La sabiduría es la Palabra de Dios, la cual existía antes que todo, pues tenía su morada en Él, y es eterna.

La sabiduría fijó su morada en Israel, se estableció en Sión, se instaló en el mundo y echó en él su raíces, convirtiéndola en la heredad de Dios.

No podemos dejar de establecer un paralelismo entre la sabiduría y Jesús, sobre todo hoy, que en el evangelio escucharemos el prólogo del evangelista Juan. La Sabiduría de Dios, la Palabra, el Verbo se ha hecho carne y habita entre nosotros. Él es la Sabiduría definitiva. Él es quien nos vivifica y salva. Él es la Palabra última y definitiva del Padre.

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La Sabiduría, que es Jesús, existía desde el principio y ha establecido su morada entre nosotros.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
  • La Sabiduría de Dios quiere establecer su morada junto a ti, ¿Cómo estás acogiendo, durante estás fiestas de Navidad, la sabiduría de Dios que es su Palabra y son nuestros hermanos más necesitados?
  • Dios sale a tu encuentro cada día, ¿Estás abierto a descubrir la presencia de Dios a tu alrededor?
  • Dios quiere convertirte en su heredad, quiere que seas hijo en su Hijo Jesucristo, sale a tu encuentro. ¿estás dispuesto para recibir a Dios? ¿Para dejarle actuar en tu vida? ¿Para aceptar la felicidad plena y la salvación total que te trae?

VIDA – ORACIÓN

Nuestro Señor es grande y todopoderoso, su inteligencia es infinita.

El Señor sostiene a los humildes y humilla hasta el polvo a os malvados.

Cantad al Señor la acción de gracias, tocad el arpa para nuestro Dios.

Él cubre de nubes el cielo, prepara la lluvia para la tierra y hace brotar hierba en los montes;

él da el alimento a los ganados y a las crías del cuervo cuando chillan.

No tiene en cuenta el brío del caballo ni se complace en los músculos del hombre;

el Señor se complace en sus amigos, en aquellos que confían en su amor.

 Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión.

[…]

Él anuncia su palabra a Jacob, sus leyes y sus decretos a Israel.

Esto no lo ha hecho con ningún otro pueblo, no les dio a conocer sus mandamientos. ¡Aleluya!


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“En el principio existía la Palabra”. Lectio Divina Domingo II de Navidad – Ciclo B (Jn 1,1-18)

 

 

 


VERDAD – LECTURA

            Hoy la liturgia nos ofrece para nuestra consideración, el pasaje conocido como el prólogo del evangelio de Juan. Un pasaje muy rico en valor y profundidad teológica y, a la vez, de una gran riqueza literaria. Podríamos decir que es el resumen o sumario de todo el evangelio de Juan.

Con un exquisito lenguaje poético, el autor del cuarto evangelio nos transporta al mismo corazón de Dios y a la esencia de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. El cual, a pesar de ser Dios quiso hacerse uno de nosotros en todo, excepto en el pecado.

            El evangelio de Juan comienza de la misma manera que el Antiguo Testamento: “En el principio”. En el principio Dios creo todo lo que existe. Pero antes, incluso que en el principio existía la Palabra, y ella estaba junto a Dios y es Dios. Todo lo creado fue hecho por él y todo lo que existe, es gracias a él.

            Él es vida y es luz. Luz que alumbra en las tinieblas a todas las criaturas. Aquel que es la Luz está presente en todos los acontecimientos de nuestra vida, en todos los momentos, en todas las circunstancia. Él está con nosotros, vive entre nosotros, nos acompaña siempre. El ser humano ya nunca más caminará en tinieblas; porque aquel que es la Vida, es luz para los hombres. Y esa luz alumbra en las tinieblas, en las dificultades, en las oscuridades, en los obstáculos, en las contrariedades… Eso sí, es muy importante que estemos atentos para poder descubrir la luz, pues las tinieblas, la oscuridad, la noche tratarán de ocultárnosla pero nunca podrán sofocarla.

            Precisamente, Juan será enviado por Dios para ayudar a los seres humanos a descubrir la luz, a encontrarse con ella en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida. Él no era luz, sino el medio para vislumbrar la luz y testimoniarla. Era el testigo de la Luz. Una luz que vino para salvación de todos.

            Sin embargo, el hombre no fue capaz de reconocer y acoger la luz, de descubrirla y recibirla. El ser humano no fue capaz de descubrir la luz que se manifestaba en su propia vida, en su propia historia, en su día a día. No hemos sido capaces de abrirnos y vaciarnos totalmente para acoger y llenarnos de la Luz.

El mundo no lo reconoció.

            Pero quienes lo reciben, quienes lo acogen, quienes creen en Él y se dejan transformar por Él son hijos de Dios. No por sus méritos, no por sus muchos esfuerzos, sino por pura gratuidad de Dios, por pura gracia de Dios, por su infinita bondad y misericordia. Dios es quien verdaderamente acoge y nos transforma.

            Y aquel que es la Palabra, aquel que es la Luz, aquel que existía desde el principio se hizo carne y habita entre nosotros. El Dios cristiano no es un Dios lejano, ausente, despreocupado. Dios se ha hecho uno de nosotros. Dios se hizo ser humano. Gracias a lo cual hemos visto su gloria, hemos visto quién es, hemos visto su esencia. Hemos descubierto el corazón y la misericordia de Dios. Y todo ello por pura gracia, por puro don, gratuitamente.

            Ahí es donde reside la diferencia esencial con la Ley de Moisés. La salvación es pura gracia, puro don, es gratuita, es un regalo de Dios. La plenitud de la Ley es Jesucristo. La salvación nos viene precisamente por la fe en Jesús. Y esa fe es la que nos impulsa y nos lleva a actuar según la Ley de Dios y a llevar el amor y la misericordia de Dios todos los demás; esa fe nos lleva a comprometernos con nuestros hermanos más necesitados, nos lleva a dar a conocer la Luz y a llevar su alegría a todas las criaturas.

CAMINO – MEDITACIÓN

  • ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha gustado más, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello?
  • ¿De qué manera eres capaz de descubrir la Luz en tu vida cotidiana? ¿Cuándo aparece? ¿Cuáles son los signos de que está presente?
  • ¿De qué forma descubres la luz en las tinieblas de tu vida, en las dificultades, en tus oscuridades?
  • ¿Eres consciente de que las tinieblas nunca podrá apagar la Luz?
  • Juan era testigo de la Luz, ¿Y tú, además de intentar descubrir la Luz en tu vida, llevas la Luz a los demás, les ayudas a descubrirla?

VIDA – ORACIÓN

Lámpara es tu palabra para mis pasos,

luz en mi sendero;

lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos;

¡estoy tan afligido!

Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos;

mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad;

los malvados me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón;

inclino mi corazón a cumplir tus leyes, siempre y cabalmente.