EL EVANGELIO Y LA EVANGELIZACIÓN
miércoles, 4 de agosto de 2021
EL EVANGELIO Y LA EVANGELIZACIÓN
domingo, 1 de agosto de 2021
“¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?” Lectio Divina del XVII Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B
VERDAD – LECTURA
Evangelio: Jn 6,24-35
La liturgia de la Palabra del ciclo B suspende, momentáneamente, la lectura del evangelio de Marcos y nos ofrece algunos fragmentos del capítulo 6 del evangelio de Juan. Hoy, concretamente oramos con la continuación del episodio de la multiplicación de los panes y los peces.
Encontramos a Jesús en Cafarnaúm, después de que en la otra orilla haya realizado el signo de la multiplicación de los panes y los peces, como decíamos antes. Oramos con el comienzo del pasaje conocido como “el discurso del pan de vida” (Jn 6,26-59). Aunque más que un discurso es un diálogo entre la gente y Jesús. El tema central del mismo es el pan, a juzgar por las veces que se repite esta palabra en el texto (seis veces). Mediante este diálogo, Jesús quiere explicar el verdadero significado de la multiplicación de los panes a la luz del Éxodo, cuestionado por la gente que se acerca a él, pero visto desde la perspectiva del misterio de la Eucaristía.
La gente va a Cafarnaún a buscar a Jesús. Acaban de ver y experimentar uno de los signos realizados por el Maestro: la multiplicación de los panes. Buscan a Jesús, no por el signo en sí, sino porque les ha alimentado. El signo es una señal, una representación, de que el Reino de Dios está entre nosotros. Los contemporáneos de Jesús, en lugar de darse cuenta y apreciar el signo, lo que aprecian es que Jesús les ha dado de comer.
Y así, lo mismo que a sus contemporáneos, es posible que a nosotros nos surja la misma pregunta: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?”, ¿Qué tenemos que hacer para llevar a cabo en nuestra vida la obra de Dios? ¿Qué significado tiene el deseo de que se cumpla la voluntad de Dios? La respuesta la da el mismo Jesús: “Creer en el que Él ha enviado”, creer en Jesús. Pero, ¿qué significa eso de creer en Jesús? Creer en Jesús, no es únicamente una cuestión intelectual o mental; no es estar convencido de una creencia, de un hecho, de una opinión, de una idea o de una doctrina. Creer en Jesús significa adherirse al plan de Dios, significa incorporarse al proyecto vital de Jesús, significa intentar hacer visible el Reino de Dios en nuestra vida cotidiana, significa hacer realidad el mandamiento del amor: “amaos unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12).
Porque creer en Jesús va más allá de lo meramente intelectual. Por eso, nos resulta tan difícil creer en él. Si sólo fuera aceptar una doctrina o una idea, podría llegar a ser fácil. Aun así, posiblemente nos surge la misma pregunta que a aquellos judíos que se encontraron con Jesús en Cafarnaúm: ¿por qué tenemos que creer en ti? ¿Por qué tenemos que fiarnos de ti? ¿Demuéstranos de alguna manera que podemos fiarnos de ti? ¿Qué haces tú para que creamos? Para ellos, la multiplicación de los panes ha sido simplemente un milagrito, un hecho extraordinario, sí; o si me apuráis un hecho incomprensible. Pero, otros también realizan ese tipo de actos. En la historia de Israel, el mismo Moisés realizo una obra similar; según ellos, alimentó al pueblo con el maná, con el llamado pan del cielo (Sab 16,20), es decir con el pan de Dios. Para que crean en Jesús, éste ha de realizar un hecho todavía más grandioso que el de Moisés.
Sin embargo, en realidad, no fue Moisés quien alimentó al pueblo de Israel. Fue Dios quien alimentó en aquel entonces al Pueblo de Israel, no fue Moisés quien elaboró el maná, fue Yahveh quien lo hizo realidad. El verdadero alimento nos lo da Dios. Aunque aquel alimento, el maná, no era capaz de proporcionar la vida eterna. El único capaz de regalarnos, proporcionarnos, facilitarnos la vida eterna es Jesús. El único que ha vencido al pecado y a la muerte con su pasión, muerte y resurrección es Jesucristo. El único que nos da vida es Jesús. Y una vida que dura y perdura para siempre.
La muchedumbre quiere de ese pan, y así se lo pide a Jesús: “Danos siempre de ese pan”. Nosotros también queremos alimentarnos de ese pan. Ese pan que da sentido a nuestra existencia. Ese pan que nos fortalece en nuestras dificultades. Ese pan que nos levanta cuando hemos caído. Ese pan que da la vida eterna. El pan de la Palabra y de la Eucaristía que es Jesús mismo. “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”.
CAMINO – MEDITACIÓN
- ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
- ¿Qué significa para ti creer en Jesús? ¿Cambia en algo tu modo de percibir y vivir la fe después de leer y meditar este pasaje? ¿Qué lugar ocupa en tu vida cotidiana tu fe en Jesús?
- ¿Qué buscas en tu vida diaria, el milagro fácil, los hechos portentosos y extraordinarios o el signo de que el Reino de Dios está presente en medio de los acontecimientos cotidianos?
- ¿Es la lectura de la Palabra de Dios y la celebración de la Eucaristía tu pan cotidiano?
- Hazte a ti mismo la misma pregunta que le hacen sus contemporáneos a Jesús: ¿Qué has que hacer para realizar la obra de Dios? ¿Qué has de cambiar en tu vida o qué tienes que fortalecer para actuar como Dios quiere?
- ¿Qué has de hacer para que le pan de la Palabra y de la Eucaristía llegue a otros?
ORACIÓN – VIDA
- Hoy te invito a recordar (pasar por el corazón) tu experiencia de cómo Jesús, Pan de Vida, sacia tu hambre y tu sed de eternidad, de infinitud, de Dios.
- Alaba a Dios desde esa experiencia que te regala, en tantos y tantos momentos de tu vida cotidiana.
- Da gracias a Jesús por ser el alimento que te da la vida eterna.
- Pide al Espíritu Santo que te fortalezca para ser signo del Reino de Dios entre las personas que te rodean y te ayude a acercar el pan de la Palabra y de la Eucaristía a los demás.
“A LA TARDE COMERÉIS Y A LA MAÑANA OS SACIARÉIS” LECTIO DIVINA DE LA PRIMERA LECTURA – DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)
VERDAD – LECTURA
Éxodo 16,2-4.12-15
En aquellos días, 2toda la comunidad de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto 3diciendo: “¡Ojalá hubiéramos muerto por mano del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos! Vosotros, en cambio, nos habéis traído a este desierto para hacer morir de hambre a toda esta muchedumbre”. 4El Señor dijo a Moisés: “Mira, voy a hacer llover pan del cielo para vosotros. El pueblo saldrá todos los días a recoger la ración diaria, a fin de probarle si camina según mi ley o no. 12 “He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: a la tarde comeréis carne, y a la mañana os saciaréis de pan; así conoceréis que yo soy el Señor, vuestro Dios”. 13Por la tarde salieron tantas codornices que cubrieron el campamento, y por la mañana había en torno a él una capa de rocío. 14Cuando se evaporó el rocío, apareció sobre la superficie del desierto una cosa menuda, granulada, fina, como escarcha sobre la tierra. 15Los israelitas, al verla, se dijeron unos a otros: “¿qué es esto?”, pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Éste es el pan que os da el Señor para comer.
La verdad es, que nunca estamos contentos con casi nada, así le ocurre al pueblo de Israel en el desierto.
Éste ha sido liberado de la esclavitud de Egipto, gracias a la acción de Dios y se encaminado atravesando el desierto hacia su tierra. Aunque eso sí, se encuentran con las dificultades propias del lugar desértico: el calor, la falta de agua, la falta de alimentos y los peligros, ya sean de animales o de otros pueblo. Ellos, en lugar de tener una actitud proactiva, audaz, dinámica…, lo que hacen es ponerse a murmurar contra Moisés y Aarón.
Aunque, tal y como constata Moisés, a decir verdad, las murmuraciones no son contra ellos, sino contra Yahveh. El quid de la cuestión no está en la falta de alimento, de agua o en el excesivo calor, al contrario, se encuentra en la falta de confianza en Dios: ¿Dónde está Dios en este momento? Una constante que se manifiesta con frecuencia durante toda la travesía del desierto. Pues bien, Dios se encuentra en medio de su Pueblo, esa es la realidad y eso es lo que nos va a confirma la narración de hoy. Dios actúa en favor de su pueblo: le provee de la carne de las codornices por la tarde y de maná por la mañana. Esto último, no sabían exactamente que era. El maná era una especie de grano, que cae de la corteza de las ramas de una especie de cilantro, el cual tras ser molido y horneado tenía un sabor similar a una torta de miel. Sin embargo, aquello en realidad era el pan que el Señor daba a su pueblo Israel.
Como decíamos con anterioridad, Dios está siempre pendiente de su pueblo e intentando ayudarle. Pero, para ello es necesario, primero sentirse necesitado, segundo dejarse ayudar y, por último, poner en marcha los recursos necesarios para aprovechar esa ayuda. En lugar de murmurar contra los demás, contra las circunstancias, incluso contra Dios, hay que aceptar las situaciones de dificultad, hemos de pedir ayuda a Dios, pero también hemos de utilizar los recursos que tengamos a nuestra disposición para hacer frente a esa situación. Esta creo que es la gran enseñanza que hoy nos trae esta narración del libro del Éxodo.
CAMINO – MEDITACIÓN
- ¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios, aquí y ahora, en este momento con ello?
- ¿Cómo afrontas las situaciones de dificultad en tu vida? ¿Te desesperas? ¿Murmuras contra la situación, contra los demás, contra Dios?
- ¿Sientes la cercanía de Dios ante las dificultades cotidianas?
- ¿Estás abierto a acoger la acción de Dios en tu vida?
- ¿Te pones en acción ante las dificultades intentando salir adelante, o por el contrario te resignas manteniéndote inactivo?
VIDA – ORACIÓN
Salmo 34
2Bendeciré al Señor a todas horas, su alabanza estará siempre en mi boca;
3mi alma se gloría en el Señor, que lo oigan los pobres y se alegren;
4alabad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos su nombre todos juntos.
5Busqué al Señor y él me contestó, y me libró de todos mis temores.
6Los que miran hacia él quedan radiantes y su rostro no se sonroja más.
7Un mísero gritó: el Señor lo escuchó y lo libró de todas sus angustias;
8el ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los salva.
9Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él
Comentario a las lecturas del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
Comentario a las lecturas del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (ciclo b) de nuestro colaborador Joan Palero (Valencia)
lunes, 26 de julio de 2021
LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO Javier Velasco-Arias
LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO
domingo, 25 de julio de 2021
“¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber?” Lectio Divina del evangelio de la Solemnidad de Santiago, Apóstol – Ciclo B
VERDAD – LECTURA
Evangelio: Mt 20,20-38
Nos encontramos con Jesús y sus discípulos viajando de Galilea a Jerusalén. Esta peregrinación es excusa para que Jesús vaya instruyendo a sus discípulos acerca del significado del seguimiento.
Es durante este viaje cuando la madre de los hijos de Zebedeo se acerca al Maestro, se postra y le hace una petición. La cual resulta un poco extraña, ya que la encontramos inmediatamente después del tercer anuncio, por parte de Jesús, de la pasión. Es decir, se están encaminando a Jerusalén para que Él sea ajusticiado, condenado a muerte y crucificado, aunque al tercer día resucitará.
Los discípulos, por lo que nos da a entender el evangelista no han entendido nada de todo esto. Ellos siguen pensando en un Mesías guerrero y rey, que cuando llegue al trono les dará un puesto importante a cada uno de ellos. Y es dentro de este ambiente, cuando la madre de los hijos de Zebedeo, se acerca a Jesús para pedirle que sus hijos ocupen los dos primeros puestos en su Reino.
Jesús no responde directamente
La reacción del resto de los discípulos no se hace esperar, al contrario. Parece ser que todos tenían las mismas pretensiones. Jesús, por su parte, quiere explicarles las verdaderas aspiraciones que deben tener sus discípulos. Entre ellos no deben existir las mismas aspiraciones de grandeza que imperan en la sociedad. El que quiera ser grande en el Reino, debe hacerse servidor de todos. Es más, ha de estar dispuesto a dar la vida voluntariamente para la liberación de los hombres. Así lo hizo Jesús, así lo hizo el apóstol Santiago del cual celebramos hoy su fiesta, así lo han hecho infinidad de discípulos a lo largo de la historia. Hoy también a nosotros, nos pide Jesús que nos pongamos al servicio de los demás y que, si es preciso, entreguemos la vida por ellos. Y entregarla no sólo mediante un martirio cruento, sino en el día a día, en nuestro ambiente y entre las personas más cercanas a nosotros: “¿Seremos capaces de beber el cáliz que Él bebió?
CAMINO – MEDITACIÓN
• ¿Qué versículo, frase, palabra ha llamado especialmente tu atención? ¿Qué sentimientos despierta en ti? ¿Qué querrá decirte Dios con ello en este momento concreto de tu vida?
• ¿Has entendido verdaderamente en qué consiste el seguimiento de Jesús? ¿Lo asumes?
• ¿Buscas tú también en tu vida cotidiana los primeros puestos?
• ¿Estás dispuesto a ponerte al servicio de los demás en tu vida cotidiana como algo esencial de la vocación que has recibido para ser seguidor de Jesús?
VIDA – ORACIÓN
- Te adoro Dios mío y te amo de todo corazón por haberme creado y llamado a construir el Reino a mi alrededor.
- Padre, te doy gracias la llamada al seguimiento de Jesús.
- Me ofrezco a ti, Jesús, para seguirte y darme, intentando cada día beber tu cáliz, a favor de mis hermanos más necesitados.
- Infúndeme tu fuerza, oh Espíritu Santo, para poder entregarme cada día al servicio del Reino y de mis hermanos.







